Jugar en serio

Videojuegos en la adultez y el derecho al ocio

Por Javier Raya El 15 de julio a las 11:45

El videojugador promedio tiene 37 años y juega Call of Duty: Black Ops en Xbox 360 después del trabajo; suele jugar multiplayer, pero muchas veces juega con alguien que se encuentra físicamente con él (sí, el videojugador promedio es hombre [58%], pero apenas por un mínimo margen de diferencia frente a la videojugadora promedio [42%].) El videojugaor promedio, decíamos, ha jugado videojuegos durante la mayor parte de su vida, sea de manera casual o hardcore. Algunos de ellos podrían ser abuelos: 29% de los videojugadores en Estados Unidos tienen más de 50 años. (Datos de la Entertainment Software Association, 2011.)

Esta visión del videojugador promedio se contrapone con el cliché de la cultura popular, que representa al mismo videojugador promedio como un individuo tímido y desadaptado, tumbado en un sillón frente a tres monitores, mantenido económicamente por sus padres en la adultez y con una franca incapacidad para relacionarse con gente "real". Y aunque puedan haber casos donde este cliché se cumpla, el mito de que jugar videojuegos en la adultez es irresponsable o "extraño" debe ser destruido.

La actualidad de este tema es indiscutible: el programa NBC Today, uno de los de mayor audiencia en Estados Unidos volvió a poner el prejuicio contra los videojugadores adultos sobre la mesa al decir que "Cuando se tienen 30, debería haber algo más atrayendo tu atención además de los videojuegos." El argumento es tan débil que para enterrarlo podríamos decir, simplemente, que también cuando teníamos 10 años nos interesaban muchas otras cosas además de los videojuegos: tal vez los deportes, el cine, los dinosaurios, qué sé yo. Pero ¿será cierto que hay algo "mal" con una pesona que juega videojuegos en la edad adulta? ¿Algo así como un desorden en su desarrollo o una oscura perversión que debe ser curada a toda prisa? En este pequeño artículo será imposible agotar el tema, pero podemos empezar por rastrear y entender un poco el prejuicio contra los videojugadores adultos y proponer la idea del derecho al ocio.

Tiempo es dinero

El ocio es un lujo porque quita tiempo y el tiempo es dinero. ¿Verdadero o falso? Un poco de ambas: en un mundo donde destinar cualquier cantidad de tiempo a una actividad que no esté relacionada con la producción de dinero, servicios, etc., la distracción y el esparcimiento son grandes pecados contra el funcionamiento de la sociedad. En América raramente podemos darnos una cultura del ocio que no esté relacionada con el turismo o los medios de comunicación: creemos descansar en un hotel en la playa y volvemos después de una corta semana tremendamente cansados. Las horas del día no dedicadas al trabajo están destinadas a un continuo bombardeo informativo porque, al igual que el dinero, la información es poder. En Europa y en países del llamado "primer mundo" todavía se rescata la costumbre de una temporada completa para el ocio; es económicamente viable y sus condiciones son distintas, claro, pero quiero rescatar que el ocio es un derecho en los países desarrollados, no un lujo.

Las formas prestigiosas del ocio

No hay que entender el ocio simplemente como "no hacer nada". El verdadero ocio es también, a su modo, una tarea agotadora. Las grandes ideas surgen en el ocio. ¿Se han dado cuenta cómo tenemos grandes ideas cuando tomamos una ducha, justo antes de dormir o cuando vamos como pasajeros en un trayecto? Son los únicos momentos de nuestra agitada vida cuando podemos hacer un alto y pensar. La cultura actual sustituye pensar por hacer, como si pensar fuera una actividad de segundo grado.

Seguramente conocen la historia del "Eureka" (del griego heureka "he encontrado") de Arquímides o del descubrimiento de las leyes de la dinámica de Isaac Newton. Para el pensador griego, la revelación de lo que hoy se conoce como "Principio de Arquímides" (la cantidad de agua desplazada por un cuerpo sumergido es proporcional a la densidad de ese cuerpo) llegó mientras tomaba un baño de tina, según la leyenda. Por su parte, la historia dice que Newton estaba precisamente en un momento de ocio bajo un árbol cuando una manzana cayó sobre su cabeza, con lo cuál ("eureka" otra vez) se dio cuenta no de que la gravedad existía, sino de que todo cuerpo conserva su movimiento o reposo si una fuerza opuesta no lo interviene, lo que después fue conocido como "Primera Ley de Newton." Arquímides aportó el cálculo diferencial y Newton las leyes de la mecánica, elementos nacidos del ocio sin los cuales los videojuegos simplemente no podrían existir.

Don Quijote era un cosplayer

El problema es que hay formas prestigiosas y no prestigiosas del ocio, las cuáles varían con el tiempo. Cuando Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra fue escrito, durante el siglo XV y publicado en el siglo XVI, la lectura de novelas de caballería era una forma de ocio que se consideraba proscrita, una forma de entretenimiento que, en último lugar, llevaría a la locura de su héroe. ¿Pero el hecho de que estuviera tan influido por las novelas que leía y que llevara ese modo de vida al extremo no hace de Don Quijote un perfecto ejemplo de cosplayer? Para los tiempos en que se sitúa la novela, usar armaduras ya era muy anticuado. [p]Él simplemente llevó el juego al extremo, o si lo prefieren, jugó en serio; y contrario a una interpretación muy difundida de esta obra, la locura de Don Quijote no retrata los peligros de una obsesión, sino una estructura social que no acepta la diferencia. No es este lugar para abundar sobre este punto. Desde esos días hasta los nuestros, la literatura se ha vuelto una forma de entretenimiento, por así decirlo, prestigiosa; lo mismo pasó con la ópera italiana en los días de Mozart: lo que empezó como un género menor de la música instrumental hoy es considerado exponente del bel canto.[/p]

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