La última generación gamer incomprendida

El amanecer de una era en la que padres e hijos jugarán juntos


Puede parecer triste, pero como reza un popular refrán: “no hay mal que dure 100 años”. Y si algo hay que agradecer a Nintendo con efusividad es que el Wii tal vez marcó el inicio de una nueva era para los jugadores, una donde realmente podrán compartir este entretenimiento con sus familias y dejar de vivirla en aislamiento, como incomprendidos tecnológicos.

Lo anterior, aunado al continuo incremento en la edad del jugador promedio, que actualmente se ubica en los 30 años de edad, significa que cada vez habrá más padres de familia tomando el control y sentándose a jugar con sus hijos. No por obligación o compromiso, sino por auténtico gusto, en una práctica que definitivamente contribuirá a establecer lazos más profundos de convivencia.

Esto traerá consigo un beneficio adicional y es que cada vez menos niños jugarán cosas que no les correspondan, lo que a su vez terminará con aquel escandaloso asunto de los videojuegos y la violencia adolescente.

Estudios recientes han demostrado que, en efecto, los juegos de video pueden ser positivos para la dinámica familiar; especialmente durante la pubertad de los hijos, pues abre canales de comunicación y fortalece lazos, cuando la experiencia se comparte.

En la medida en la que los videojuegos se conviertan en una actividad familiar, desaparecerá el debate sobre juegos y violencia
En la medida en la que los videojuegos se conviertan en una actividad familiar, desaparecerá el debate sobre juegos y violencia

Cuando lo pensamos, nos damos cuenta de que este postulado reafirma que antes, los videojuegos se prestaban para segregar, distanciar y cortar lazos de comunicación. Insistimos: no porque fueran negativos o porque los padres fueran negligentes, la cuestión era que, a diferencia de otras formas de entretenimiento, ésta era realmente vanguardista; tanto así, que 20, 30 o más años de diferencia, se prestaban para una incomprensión absoluta.

“Los padres se pierden de una gran oportunidad cuando no quieren jugar con sus hijos”, explicó la profesora Elizabeth Hayes, de la Universidad Estatal de Arizona. “A menudo los padres no entienden que muchos juegos están hechos para compartirse y que pueden enseñarle a la gente joven sobre ciencia, literatura y resolución de problemas. Por otro lado, es bueno que el niño pueda enseñarle a sus papás sobre juegos. Nuestra investigación encuentra que compartir esta experiencia cultiva los lazos familiares, el aprendizaje, y el bienestar.”, añadió.

Quienes nos jactamos de ser jugadores hardcore hemos sido muy duros con los títulos casuales a lo largo de los últimos años, al tacharlos de simplistas, monótonos e incluso perjudiciales para una industria con apetito de madurez. Sin embargo, al reflexionar sobre el tema, me percato de lo invaluables que pueden ser para quien apenas empieza a conocer esta forma de entretenimiento.

Lo que hubiera dado por tener un Kinect Adventures o un Wii Sports a los 12 años y divertirme con mis papás jugando. Eso no fue parte de mi adolescencia y muchos como yo sólo podrán imaginarlo, pero afortunadamente, está al alcance de las nuevas generaciones y definitivamente hará mucho por integrar al videojuego a la forma de vida; por convertirlo en algo natural y social, y separarlo del concepto de pasatiempo oscuro y reservado para solitarios.

Jugar con los abuelos es algo que algunos sólo podemos imaginar, pero que cada vez se vuelve más común
Jugar con los abuelos es algo que algunos sólo podemos imaginar, pero que cada vez se vuelve más común

Lo mejor del asunto es que estos pueden ser un pasatiempo activo y mucho más constructivo que sentarse sedentariamente a contemplar un programa de concursos los domingos por la tarde. Aquí, la familia construye su diversión; hace equipo para resolver problemas, saltar, brincar y cantar, juntos; cualidad única de un pasatiempo interactivo.

Líneas arriba dije que este texto no pretendía incitar una acción en particular, pero la verdad es que cabe hacer un llamado para que nosotros, los jugadores adultos, quienes quizá no tuvimos esa oportunidad, compartamos con las nuevas generaciones, lo sensacional que es jugar.

Así, cuando nuestros hijos o sobrinos crezcan, recordarán a los videojuegos como una actividad social y no como una que se realizaba en aislamiento. De ahí también la importancia de evitar la desaparición del modo multijugador local en aras de la interacción, cada vez más frecuente, por la vía online. Por más que avance la tecnología, nada sustituirá el placer de compartir una habitación con amigos y familia y simplemente divertirse jugando.

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