30 minutos con... Dark Souls II

Tremendamente difícil, pero jamás injusto

Por Jorge Arellano El 18 de septiembre a las 18:26 Xbox 360 , PlayStation 3 , PC

Reposas como si fueras despojo en una fogata. Más que iluminar la oscuridad, su luz relumbra débilmente tu armadura mientras la oscuridad la devora. Varias polillas revolotean cerca. Te preguntas qué monstruos inenarrables habitan la sombra antes de levantarte.

La cueva, oscura como un cubil de gusanos, te espera; debes encender tu antorcha antes de entrar en ella. Necesitarás ocupar tu brazo del escudo para sostenerla; suena como una locura, pero de nada sirve una buena defensa sin ojos para advertir un barranco o el tajo de una espada enemiga. Así, te sumerges en la negrura de la gruta. Aparece el primer enemigo: un muerto viviente seco y viejo, capaz de bajar la cuarta parte de tu barra de vida de un golpe. Intentas lanzar un golpe, pero fallas terriblemente porque no hay espacio para blandir con libertad tu enorme lanza. Recibes una dolorosa estocada que tu armadura resiste con trabajo. El enemigo prepara otro embate, pero rápidamente cambias a tu hacha de mano y adelantas una serie de golpes verticales con los que ganas el encuentro.

No encuentras, por suerte, más enemigos en la estrecha ruta. Consigues llegar a una cueva subterránea. El camino apenas se ensancha y en sus bordes hay un precipicio. Sin una fuente de luz, estarías condenado a tropezar hacia la nada. Aquí te emboscan 2 muertos vivientes más. Al tocar manchas de sangre en el piso te conviertes en el inesperado testigo de la muerte de otros jugadores. Tienes más cuidado y procuras no efectuar movimientos bruscos ni rodar en el piso.

Descubres un pasillo muy angosto. Escuchas, para tu pesar, cómo alguien tensa una cuerda: un arquero que te dispara. ¿Soltar la antorcha y sacar el escudo? ¿Caer por un precipicio o morir lacerado por una flecha? Corres para evitar la muerte. A lo lejos, distingues la salida. Pronto, la completa oscuridad cede terreno a la luz enfermiza de la Luna. No perdiste la vida ni tu humanidad en la cueva. Lo hiciste bien.

Apareces en un claro. En una cueva encuentras otra fogata. Empleas magia para recuperar tu energía (la fogata restaurará el número de veces que puedes utilizar tus encantamientos). Frente a ti hay un bosque y 2 muertos vivientes más —1 también tiene antorcha—. Luego de vencerlos, encuentras un puente de piedra. Pagas caro tu despreocupación: te sorprende una inmensa bestia humanoide que corre hacia ti. Retrocedes rápidamente y te deshaces de la antorcha; prefieres la seguridad de tu inmenso escudo. El ser no consigue alcanzarte y queda a merced de tu alabarda. Aprovechas la oportunidad, pero cometes el error de dar un golpe de más y recibes, como castigo, un terrible sablazo que te baja casi toda la vida. Tu vitalidad también sufrió por el impacto y no tienes energía para escapar o alejarte: debes pelear.

Retrocedes hacia los árboles; antes, el terreno fue tu enemigo, ahora lo usarás a tu favor. La bestia te sigue y cae en la trampa. Gracias a que la densidad del entorno dificulta usar un arma grande y pesada, tienes tiempo de recuperar vida, vitalidad e incluso invocas un encantamiento que mejora tu capacidad de ataque. En unos segundos acabas con tu enemigo y sigues por el camino del puente.

A esta altura de la pesadilla, sabes que el ritmo de ataque en el combate es fundamental. El espíritu arcade renace como el elemento que anima las mecánicas de juego de Dark Souls II: no hay vidas infinitas; sólo un arduo camino a la obtención de una habilidad real e indispensable para sobrevivir. No dominar el sistema de batalla del juego de From Software equivale a ir a la guerra con una espada de papel.

El bosque todavía guarda sorpresas; escuchas el sonido familiar de una cuerda de arco que se tensa. Pronto, escapas de flechas y bandidos demasiado rápidos para tu arma. El hacha de batalla resuelve el problema y tu escudo es suficiente protección contra sus hojas curvas. Acabas con todos. Para avanzar, debes activar el mecanismo que baja un puente. La palanca está en una cueva. La confianza que te dio el éxito te juega una mala pasada, pues antes de activarla un bandido aparece atrás de ti y, de un tajo, acaba con tu vida.

De vuelta a la fogata. Fuiste despojado de tu humanidad y ahora eres un muerto en vida. Utilizas un artefacto misterioso para recuperar tu condición, pero sabes que fue tu última oportunidad. Los enemigos que habías eliminado aparecen de nuevo. Aquí, vidas infinitas significan sufrimiento infinito: debes volver a derrotar a cada adversario. Si descuidas tus movimientos podrías morir… otra vez.

El orgullo te vence. Enfrentas a tus oponentes con la arrogancia del vencedor —un error costoso en este juego. La primera vez mueres por descuidado; la segunda, por arriesgarte y una tercera caes en la oscuridad por intentar atravesar la cueva sin antorcha. El resultado directo es una vida reducida: esto no pasaba antes, pero ahora cada vez que mueres, tu barra máxima de vida disminuye como muerto viviente. Es un castigo duro y cada nuevo fracaso aumenta la severidad del desafío.

El tiempo se termina y debo abandonar el aterrador pero desafiante mundo de Dark Souls II. Aunque establecieron un servidor privado, en mi partida nadie invadió mi mundo y, a pesar de que utilicé los ítems apropiados para invocar ayuda, nadie apareció. Los desarrolladores buscan aumentar la cooperación y participación en línea y, para lograrlo, implementaron cambios interesantes. Por ejemplo, ya no necesitas un ítem especial para dejar mensajes en el mundo; ahora puedes hacerlo simplemente con presionar un botón. Pedir ayuda a tus amigos es más sencillo. En total, 3 personas pueden compartir la aventura al mismo tiempo. Es perfecto para una cueva oscura: 1 sostiene la antorcha, mientras los otros 2 atacan y defienden, sin embargo, los ítems para invocar ayuda condicionarán cuánto tiempo podrán ayudarte, así que deberás utilizar con sabiduría esta característica.

El sistema de Covenants también fue mejorado y será vital. Ahora puedes ser invadido si eres un muerto viviente; pero no hay sólo hostilidad. Algunos podrán unirse al Covenant llamado Way of Blue, que se encargará de proteger jugadores indefensos de los invasores. Los desarrolladores señalaron que este sistema será clave y habrá una Beta en octubre. Buscarán perfeccionar la interesante experiencia en línea para volverla más dinámica, sin que reduzca necesariamente la dificultad del juego.

De hecho, en general me pareció que buscan volver Dark Souls II más difícil que su predecesor. Habrá que esperar a probar el producto terminado. Por lo pronto, lo que jugué es un claro indicador de que no van a ceder ni lo harán más casual o accesible. El título está magníficamente diseñado —prueba de ello es que los controles siguen prácticamente idénticos— y es justo con el jugador. La industria necesita más productos como Dark Souls II.

Tokyo Game Show 2013

Fecha Del 19 al 22 de Septiembre del 2013




Dark Souls II

Dark Souls II

Xbox 360, PlayStation 3, PC

por From Software

25 / Abril / 2014

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