De mi vida gamer y la casi extinción del multiplayer local

Por Kingcool | Hace 1 año
Desde tiempos inmemoriales (o al menos desde que yo me acuerdo) los videojuegos tienen la capacidad de ponernos a competir cual neandertales que se pelean por comerse una pierna de diplodocus (o un filete de brontosaurio como el buen Fred) y sacan a flote nuestros más bajos impulsos por entrar en el ámbito competitivo.

Tuve la desgracia de tener por hermano al mayor hater videojueguil que ha existido en la faz de la tierra, mi carnal siempre odió, odia y seguirá odiando todo lo que tenga que ver con videojuegos, no lo culpo, cada quien sus gustos y siempre nos hemos respetado mutuamente, pero en ese aspecto siempre me faltaba alguien con quien compartir mis aficiones gamers, por eso mis compañeros de andanzas siempre fueron mis primos.

Recuerdo en mi más tierna infancia competir contra mis primos desde el Atari, o lanzarnos a las maquinitas más cercanas a "echarles la reta" a los más "vagos" del rumbo; he de ser sincero y decir que nunca fui ese jugador sobresaliente al que secretamente todos admiraban (y al mismo tiempo envidiaban) porque sacaba los combos y los "quintos" más espectaculares, más bien era un jugador normalito en los juegos de peleas que así como ganaba también perdía, ahhh que tiempos aquellos ¿verdad?.

Batallas encarnizadas en Pong ¡Si!¡Pong!, Basketball, Pele's Soccer y hasta turnarnos en el Enduro a ver quien sacaba mas puntaje, después vino el NES y nos trasladamos al Tetris y las maratónicas sesiones de miles de líneas a ver quien “perdía primero”, Goal, Nintendo World Cup (si, ese de los futbolistas cabezones) y batallas cooperativas en Double Dragon II las cuales siempre terminaban en joderse el uno al otro mutuamente.

El Super Nintendo jamás lo toqué, ni tampoco consola alguna de Sega, a pesar de que el SNES estaba en su auge seguíamos divirtiéndonos con el NES, haciendo retas estúpidas de a ver quien podía acabar más rapido un nivel de Super Mario Bros (cronómetro en mano) o a ver quien finalizaba más rápido los niveles de Mappy o Pooyan, en pocas palabras, la competencia estaba ahí siempre; competir es un instinto humano básico y no éramos la excepción.

Como siempre llega una etapa de distanciamiento, dejé de frecuentar a mis primos y me convertí en un jugador solitario en consola, frecuentaba las maquinitas de la esquina para buscar un poco de competencia; no me quejo, hice grandes amigos en ese local y subí mucho más mi nivel en juegos de pelea, jugué todos los King of Fighters, Street Fighter, Mortal Kombat y demás juegos de pelea que salían; una vez el dueño del local llevó una maquina de Tetris y dejé a todos impresionados con mi habilidad (años de entrenamiento en el NES rendían sus frutos);era prácticamente invencible en Super Sidekicks 1 y 2 y también siempre estaba peleando el récord más alto en Snow Bros.

Luego compré mi Play Station y fui un jugador solitario que de vez en cuando se echaba unas retas de FIFA o los King of Fighters adaptados a la consola, quizás como videojugador el PSX fue mi etapa más aburrida.

Después llegó otra etapa, conocí las LAN Partys.

En cierto café internet cercano a mi preparatoria se organizaban batallas encarnizadas de Half Life en modo deatmatch; yo jamás había tocado una PC para jugar así que no me interesaba mucho el tema cuando visitaba ese local.

En esas épocas fue el auge de las salas de chat y yo gastaba horas de cibercafé en chatear con desconocidos, mientras mis dedos tecleaban palabras estúpidas escuchaba de fondo gritos y maldiciones de los jugadores que se despedazaban mutuamente, así que un día movido por la curiosidad pregunté que si le podía entrar, a lo que de inmediato uno de ellos fue mi “guía” y me enseñó los conceptos básicos del juego; a partir de ese entonces dejé en segundo plano las consolas y me trasladé al mundo PC Gamer, me enamoré de ese nuevo modo de competencia que se abrió ante mí y volví a saciar mis instintos de enfrentarme a otros videojugadores, no sólo contra 1, ¡sino contra otros 7!, para mí era el paraíso y ver mi nombre hasta arriba de la lista al finalizar la partida era una sensación gloriosa.

Half Life, Unreal Tournament, Age of Empires II, Starcraft, Serious Sam y demás joyas para PC fueron los escenarios para partidas inolvidables, pero otra vez, los ciclos terminan y acabé la preparatoria. De vez en cuando (mas bien muy raramente) volvía a ese local solo para ver con nostalgia que ninguno de mis amigos estaba ahí, ahora era otra generación la que se despedazaba en DoTA o jugaba juegos MMORPG.

Después llegaron para mí las plataformas en línea y poder enfrentarte a extraños en partidas con servidor siempre lleno, recuerdo juegos como Medal of Honor Allied Assault o Soldier of Fortune II, los cuales me divertían pero siempre me faltaba ese “plus” de tener a mi lado a mis contrincantes para poder voltear y ver su cara de frustración al ser humillado, después regresé a ese punto en aisladas y raras partidas de Halo 2 o batallas sangrientas (bueno no tanto) de Super Smash Bros Melee las cuales disfruté enormemente.

Poco a poco los juegos fueron evolucionando (o quizás retrocediendo) hasta el punto de prácticamente desaparecer el modo LAN y multijugador local, son contados los juegos que te permiten jugar en la misma consola o red, y la sensación a pesar de ser muy buena ya no tiene esa chispa de estar sentado en el mismo sofá con tu compañero de aventura o tu peor enemigo, a día de hoy los mejores juegos AAA carecen de cooperativo a pantalla partida o enfrentamiento local, lo cual a mí siempre me ha restado un poco de diversión o será que simplemente no me he adaptado a las nuevas tendencias.

¿Será que el multijugador local se está extinguiendo o sólo es apreciación mía?

Hasta la próxima.
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