El otro lado de la piratería.

Por Kingcool | Hace 1 año
Hoy vuelvo después de mucho sin postear, de mucho tiempo ocupado en un montón de cosas que prácticamente nada tienen que ver con videojuegos; de hecho había pensado en hacerlo pero realmente no se me había ocurrido un tema medianamente interesante que compartirle a esta comunidad.

Hace unas horas tuve una plática con alguien sobre un tema que quizás parece rebuscado, cansino y del que parece que ya no hay nada que decir ni nada nuevo que aportar, de hecho este tema provoca mucha polémica, opiniones encontradas y algunas radicales, definitivamente discutir sobre esto es algo así como abrir un debate sobre política o religión, esta vez voy a hablarles un poco de la piratería.

Antes de dar mi opinión voy a relatarles como esta práctica tiene que ver con mi vida, de los diversos factores que pueden influir en mi forma de ver y de pensar y lo más importante, el porqué de mi opinión.

No voy a relatarles toda mi vida gamer porque eso ya lo hice en entradas anteriores, pero bueno, prácticamente toda mi vida jugaba con juegos piratas, desde los cartuchos clon de famicom con su respectivo adaptador para el NES, pasando por las docenas de discos copia del PSX, luego me trasladé a las PC y empecé a frecuentar los bazares navideños, tianguis y demás lugares donde poder comprar mis juegos, empecé a empaparme de temas de instaladores, cracks no cd, keygens, modificaciones de registro y demás artimañas que hemos usado los que jugamos en computadoras, así es como pasé gran parte del final de mi adolescencia y el principio de mi etapa adulta, en comprar copias ilegales para jugar en PC y consolas.

Desde que tenía 13 años he trabajado, al principio por gusto propio y luego por necesidad, mi padre nos enseñó a mi hermano y a mí a vestirnos y calzarnos por nuestra propia cuenta, el siempre nos dejó en claro que mientras viviéramos bajo su techo jamás nos faltaría donde vivir, dormir y que comer, que mientras estudiáramos tendríamos su apoyo acorde a sus posibilidades, pero que como hombres (esta regla jamás aplicó con mis hermanas) nuestros gustos, diversiones o hasta vicios tendrían que correr por nuestra propia cuenta, como el siempre dijo “si te quieres dar tus gustos, para eso dios inventó el trabajo”.

En mi adolescencia yo trabajaba para pagarme mi ropa, zapatos, tenis, mis salidas con amigos, novias, mis borracheras, parrandas y mis vicios gamers, de hecho he sido un milusos y medianamente sé hacer varias cosas y oficios, empece vendiendo garrafones de agua, fuí bicitaxista, vendedor de bicicletas, chalán de un taller mecánico, cobrador en los camiones, checador de combis, empleado de cibercafé y otros oficios más que siempre desempeñaba a medio tiempo, fines de semana y vacaciones ya que no abandoné la escuela, llegó un tiempo en que llegué a un bazar de temporada navideña como vendedor de chamarras y tenis, ahí fue donde conocí a un vendedor de juegos piratas del cual me hice amigo.

Cuando la temporada navideña terminó me propuso trabajar con él los fines de semana ya que se había quedado sin ayudante, de inmediato acepté y así es como comencé a ganar dinero dedicándome a la venta de piratería de videojuegos, mientras yo me dedicaba a organizar los títulos, a atender a los clientes y vender los discos él casi siempre estaba ocupado poniendo chips y modificando consolas, sobra decir que aprendí muchísimo de los títulos de moda, a veces tenía que leer reseñas o jugar un poquito de cada uno para saber que decirle al cliente y convencerlo de comprar el juego “que acaba de salir”, frases como “¿que hay de nuevo esta semana?” o “¿cual juego chido hay de estrategia, peleas o carreras?” eran las más comunes, me sabía nombres y contenidos de un sinfín de juegos, el negocio creció y después quedé de encargado de una “sucursal” a mi completo control.

El dinero empezó a llegarme en abundancia, pero dice un dicho que “lo que fácil llega, fácil se vá”, así que empecé a despilfarrar en tonterías, de hecho en lo último que gastaba era en videojuegos ya que llegué al grado de dejar de jugar por diversión, hice una larga pausa en la universidad y estuve a punto de dejarla por completo porque “ya ganaba bien”, todo marchaba normal hasta que empezó una etapa un tanto desagradable.

En ese negocio hay una regla, si vendes ilegal tienes que repartir mucho dinero para trabajar sin ser molestado, dirigentes de los tianguis y la misma policía te extorsionan por no correrte o levantarte, hubo un tiempo en que los operativos eran cosa de una o dos veces por semana, llegar a trabajar a las 9 de la mañana y tener que huir a las 12 del día porque “va a caer operativo” ya no era negocio, poco a poco las ganancias disminuyeron y a duras penas alcanzaba para gastos y para seguir repartiendo mordidas.

Por si fuera poco después empezó una peor etapa, la delincuencia organizada entró y se apoderó del negocio, los dirigentes y autoridades dejaron de ser el problema y ahora estaba uno peor, pues las “cuotas” aumentaron a niveles prácticamente insoportables y veía como cosas desagradables le ocurrían a quienes se negaban a cooperar con estos grupos, empecé a ver como estas personas te obligaban a que les compraras a ellos tu mercancía y se convirtieron en un monopolio, un monopolio voraz y cada vez más opresor.

Llegó el momento en que dejé de tener contacto con el amigo que me metió al negocio, se despidió de mí y me dijo que se iba a buscar nuevos rumbos ya que se iba a vivir con unos familiares de provincia, nos despedimos, le di un abrazo y le dejé mis mejores deseos, después de eso no volví a saber de él.

Un día mi carácter fuerte me metió en problemas, dije e hice algo que no debía y recibí una fuerte amenaza; al día siguiente tomé una decisión y abandoné ese negocio que por buen tiempo fue mi fuente de ingresos para simplemente buscar otra cosa, mis familiares me dijeron “ya era hora”, y me apoyaron a empezar de nuevo, de hecho hasta la fecha trato de no frecuentar o pasar por los lugares donde antes vendía por obvias razones.

Hoy en día no puedo jactarme de que ya soy una blanca palomita y que abandoné esta práctica por completo, pero si algo aprendí es que es mil veces preferible comprar un original o hasta descargar una copia pirata en vez de ir a comprarla en un tianguis, siempre que puedo dejo como consejo que no compren a quienes se dedican a la piratería como negocio, pues con ese dinero alimentamos a los grupos ilícitos que tanto daño le hacen a nuestro ya maltratado país; yo aprendí mi lección y pasé de jamás haber comprado un solo juego original a tener una medianamente respetable colección, siempre recomiendo sistemas como Steam u Origin pues son una alternativa económica y lo más importante: legal. Los que me han leído antes saben que mi plataforma favorita es la PC.

La piratería daña a la industria de este entretenimiento pero no para ahí, la piratería como negocio nos daña a todos, porque esos 10 o 20 pesos que inviertes en tu copia pirata alimentan a las mafias de este país y de todo el mundo, a partir de mi experiencia siempre lo digo, si vas a consumir piratería descarga y graba tu mismo tus juegos, lo mismo aplica para la música y las películas, pero no le des recursos al delincuente para volverse más fuerte.

Si estás leyendo este párrafo te agradezco tomarte la molestia de llegar hasta el final de este relato de parte de mi vida.

Hasta otra ocasión.