El Paco

Por Kingcool | Hace 1 año
Hace mucho mucho tiempo, mis padres, mis hermanos y yo éramos una familia que se mudaba de casa muy seguido, a veces hasta 2 o 3 veces por año, situación que no me permitía tener amistades duraderas ni acostumbrarme a vivir en ningún lado, era yo un niño de 6 años y a esa edad si bien me ponía triste dejar amigos a veces también sentía emoción de ir a vivir a otro lugar.

Un buen día mi padre con mucho esfuerzo logró ahorrar lo suficiente como para hacerse de una casa propia, llegamos a una colonia que estaba rodeada de llanos y terrenos baldíos, era un ambiente no muy agradable que digamos, pero todo eso quedaba en segundo plano pues mi progenitor ya no iba a tener que volver a pagar renta y orgullosamente podía decir ¡esta es mi casa!.

Era diciembre, iba yo en primer año de primaria y acababa de salir de vacaciones de invierno, vacaciones en las que al regresar a clases lo haría entrando a una escuela diferente, esa escuela donde terminé pasando el resto de mi educación primaria.

Ahí conocí a un niño "especial", su nombre era Eduardo, este niño tenía cierto defecto que lo hacía padecer una especie de déficit mental, al momento de conocerlo el contaba ya con 10 años de edad, sin embargo, era su quinto año consecutivo cursando el primer grado de primaria; hasta la fecha sigo sin entender el porqué jamás lo inscribieron en algún colegio acorde a él o sencillamente porqué no lo sacaron mucho antes de la escuela.

Terminó el ciclo escolar y Eduardo volvió a reprobar, situación que hizo que cursara por sexta vez el primer grado, así lo hizo y al terminar reprobó de nuevo, solo que en esta ocasión ya no lo cursó por séptima vez, pues optaron por sacarlo de la escuela y jamás volvió a asistir a una.

Cuando yo cursaba el tercer grado empecé a frecuentar un local de videojuegos que se encontraba en la esquina de la cuadra, a ese local iba todos los días Eduardo, quien no cruzaba palabra con nadie, jamás jugaba un juego de peleas ni tampoco le entraba a las retas del futbolito; él solo se limitaba a dirigirse a la máquina que se encontraba al fondo del local, echaba una moneda y con solo ese crédito permanecía jugando por muchísimo tiempo hasta que eventualmente perdía, daba media vuelta y se marchaba. Ese videojuego era ni más ni menos que Pac-Man.



Como eso sucedía a diario, tal peculiaridad hizo que terminaramos llamándolo "el niño pacman", "pacmancito", "pacatelas", "el comepuntos", hasta que alguien deformó el apodo y terminó refiriéndose a él como "paquito", poco a poco su sobrenombre definitivo quedó como "Paco" o "El Paco".

El Paco es sin lugar a dudas el mejor jugador que he conocido de Pac-Man (al menos que yo haya visto jugar en vivo), sus sesiones de juego eran maratónicas y sobra decir que el siempre fué el poseedor del récord más alto, a veces se hacía la "bolita" sólo para verlo jugar y terminábamos asombrados y atónitos ante semejante demostración de habilidad; Pac-Man prácticamente era SU máquina, pues el tenía un horario específico en el cual iba (o lo dejaban ir) a jugar, a esa hora los que ya estábamos ahí procurábamos apartarle la máquina para que cuando llegara la tuviera libre.

Un día me enteré que él asistía a terapias, y que esa tremenda habilidad en el videojuego terminó convirtiéndose en parte de las mismas, según supe gracias a Pac-Man fué como logró incrementar y afinar muchísimo sus reflejos y habilidades motoras, de esta forma "El Paco" logró que un videojuego lo ayudara a mejorar aunque sea un poco su calidad de vida, ese círculo amarillo al que le falta un pedazo y que come puntos y fantasmas le otorgaron la oportunidad de tener unas mejores capacidades para afrontar su difícil existencia.

Cuando ví por primera vez en la película "Forrest Gump" al protagonista que padecía de un déficit mental y poseía una tremenda habilidad para jugar al ping-pong y correr, inmediatamente "El Paco" vino a mi mente, tal vez no ha tenido una vida tan afortunada como la de Forrest, pero lo que si es un hecho es que se las ha sabido arreglar para salir adelante.

Tiempo después me enteré que su familia terminó comprándole la máquina al dueño del local; no tengo idea ni me puedo imaginar cuantas partidas de Pac-Man ha jugado a lo largo de su vida, como dato personal, cuando elegí la imagen que tengo como avatar fue recordando a esta persona.



Los videojuegos pueden ser meramente herramientas de ocio, simples pasatiempos y formas de entretenimiento; pero en algunos casos también ayudan a que alguien pueda mejorar como persona y esperar un futuro un poquito mejor.

Hasta la próxima.