Next Generation: El hype ha muerto, que viva el hype.

Por ElTioLoloRifa | Hace 1 año
Recuerdo que hace algunos años, aproximadamente tres, jugaba Uncharted 2 con un carnal más o menos de mi edad que, igual que yo, es gamer desde morrito. Impresionados por la calidad gráfica y el storytelling del juego, forjados con el NES, fraguados con el SNES y pulidos con el PSX, nos cuestionamos en aquél momento sobre la necesidad de una nueva generación de consolas. Y mientras admirábamos las huellas que Nathan Drake dejaba con naturalidad en la nieve, mientras los copos de la ventisca chocaban contra la cámara, coincidimos en que, si se seguía cuidando la calidad de los productos como en el caso del juego que estábamos jugando, no sería necesaria en un buen tiempo esa hipotética (en aquél entonces) nueva generación.

"Necesitamos más gráficas?? These are just games, for god's sake!!"


Pasó el tiempo y vinieron otros juegos muy chingones. Cada escena extasiante (ya fuera en gráficos, en historia o en gameplay) que nos tocó presenciar y vivir después, volvía a revivir la pregunta, y la conclusión era la misma. De pronto, a finales del 2012, jugando Resident Evil 6 con este mismo bro, le dije: "Pinches gráficas chingonas, neta que no es necesaria otra generación". Él me contestó: "Lo necesario son nuevos desarrolladores y nuevas ideas. Este pinche juego se ve bonito, pero el gameplay es una mierda". Ya había terminado el juego y era su segundo playthrough.

El pasado miércoles 20, Sony citó a todos los gamers del mundo (mentira mentira, fue a los inversionistas) a una conferencia para “hablar del futuro”. Una premisa bastante vaga, si me lo permiten. Y así, finalmente, entre semanas de hype desgarrador y una filtración de rumores espeluznante (que únicamente comprueba que la vox populi del internet es más chingona y acertada de lo que basándonos en la lógica pudiera estimarse), se presentó el PlayStation 4, “la consola que iniciará la nueva generación”. Mis impresiones personales: Una decepción total.

Y no lo digo por Sony y su marca Playstation. Ni es su culpa, ni lo es de Nintendo ni de Microsoft ni de Sega ni de Atari, ni de Intellivision. Sino que lamentablemente, es de la industria del videojuego en general. Nuestro hobbie adorado se ha convertido, con el paso del tiempo, en un negocio multimillonario en el que los inversionistas, los dueños de la marmaja, son los que tienen la última palabra. Y sin ellos, el carrito no camina. Por eso, todo tendrá que ser conforme a sus intereses y a su placer.

Más que evidente: hoy en día, todo gira en torno a las redes sociales. Las redes sociales generan dinero, mucho dinero. Y todavía más, la combinación del entretenimiento electrónico con éstas, aunque sea llamarada de petate, como pasó con Zynga. Y a los inversionistas lo que más les gusta es el dinero rápido y abundante, porque así pueden reinvertir y seguir ganando. Que mejor manera de consentirlos, para un gran fabricante de consolas, que prometiéndoles que el futuro está anclado, precisamente, en las redes sociales. Y la nube. Y el streaming. Vaya fiasco.

¿Por qué? Porque si miramos detenidamente, todos esos “pilares” de la nueva generación son única y exclusivamente modelos de negocio. No son experiencias novedosas que le replanteen al gamer su forma de relacionarse con su entretenimiento predilecto, mucho menos de percibirlo y vivirlo. Algunos ni siquiera usan redes sociales. Otros las detestamos. En ese contexto, dijeron “podrás jugar tu consola offline, pero preferirás hacerlo explotando el aspecto social”. Eso me da miedo, porque suena a una forma de sacar dinero, ya ven, Farmville también se puede jugar en solitario, pero es obligatorio hacerlo de forma social. Y de lado dejan las verdaderas innovaciones en el gameplay o en la forma de contar historias. Mucho más, en la forma de hacer arte (eso déjenselo a los indies, léase con dejo de desprecio).

"¿Cuántos gimmicks, features y poder gráfico se necesitaron para crear este par de piezas de arte?"


Pero lo más aterrador es que, lamentablemente, no son ninguna garantía de que la calidad final de los productos (los juegos) vaya a aumentar de forma significativa en la siguiente generación, con la implementación del aspecto social y del juego en nube. Y tampoco el poder de la consola es garantía de ello.

El mejor ejemplo de ello, uno de los llamados “últimos juegos AAA”: Assassins Creed 3. Ubisoft alardeó durante un año sobre el gigantesco equipo que trabajó en su desarrollo, sobre la investigación histórica que lo sustentó, sobre el nuevo motor gráfico que impresionaría a todos, sobre la nueva aproximación al concepto de la franquicia, sobre la tremenda conclusión de la saga de Desmond, unos días antes del 21 de diciembre de 2012, y bla bla bla. Todos esperábamos hypeados una obra de arte. ¿Y que fue lo que obtuvimos? Un juego muy bonito gráficamente, pero con un gameplay sin pulir y terminado al aventón, con parche de primer día y casi tantos glitches y bugs como Skyrim. Cabría preguntar ¿Tantas fallas se produjeron porque la generación de consolas en la que salió ya se agotó y dio lo que tenía que dar? O más bien ¿será culpa de un estudio webón que no hizo bien su trabajo? ¿O de una casa productora tacaña en recursos que no les soltó el suficiente varo y que los presionó para sacar un producto al vapor?

"¿Qué es peor, caballos y escopetas voladoras, o que las texturas de la nieve en Boston se vean más falsas que las de Super Mario 64?"


Así las cartas vuelven a quedar sobre la mesa. La industria está regida ya por las fuerzas más crudas y brutales del capitalismo. Aquella máxima que reza “a mayor riesgo, mayores ganancias, pero también mayores pérdidas”, está siendo aplicada a rajatabla por los inversionistas, quienes ya se ha visto, no quieren pérdidas, ni siquiera las derivadas de una venta ligeramente menor que la de su competencia, y por lo tanto, prefieren no arriesgarse y no invertir en ideas novedosas que, de no pegar, les puedan causar algún detrimento. Y mejor sueltan varo para repetir las mismas chingaderas de franquicias anuales, porque éstas seguro que si se venden. Y por consiguiente, dejan de innovar. Están en tal zona de confort que ya desecharon eso de “el que no arriesga, no gana”.

Por eso nadie le apostará al WiiU, el único que se animó a innovar. Porque cuesta más esfuerzo y más dinero desarrollar algo que explote específicamente esa plataforma tan sui generis al grado de garantizar su compra, y todavía más, que sea algo de excelente calidad, lo que por consiguiente implica menos ganancias para los dueños de las canicas. Sencillo y brutal. Por lo tanto, el WiiU se llena de ports mediocres hechos al aventón, con inversiones mínimas, hasta que se agote el nicho de mercado. No les interesa Miiverse, porque aunque sea una idea buena, no es un buen mercado. Ya tienen Facebook y Twitter y Youtube para eso. Y Nintendo quedará como “soberbio”, “pendejo” y “obsoleto” por no haber seguido la corriente, aunque en algún momento termine por hacerlo (Pokemon en IOS). Y si Microsoft quiere tajada de ese pastel, tendrá que entrar al juego de los inversionistas, y ofrecerles un ambiente en el que se sientan seguros y queridos. Todo indica que apostarán por ello, aún cuando eso no conlleve calidad en los productos.

Ahí radica la raíz de mi decepción. Todo eso a lo que se está apostando como “el futuro” en poco tiempo lo podrá hacer una tablet o un smartphone, o una smartTV. De hecho, algunos aspectos de la socialización y el streaming ya tienen tiempo de estar implementados. Entonces, el paso siguiente es que, por modelo de negocios y no por otra cosa, la industria tienda a migrar hacia allá, porque es un ambiente más fácil, menos riesgoso, con mayor mercado y mayores ganancias. Razón por la que, en mi opinión personal, estamos iniciando la última generación de consolas como las habíamos conocido. Y la gran interrogante es dónde quedará la calidad de los productos, que son los juegos, pues de lo que hasta ahora se ha mostrado a mi gusto no hay nada que “justifique” ese cambio generacional, sino una repetición de lo que ya hay hoy en día, con gráficos más bonitos y nuevos modelos de negocio de corte social y online.

"Meet the root of our evil"


Y a este paso, si nada cambia, la nueva generación estará llena de ejemplos como el Resident Evil 6 de mi cuate, con gráficas apantalladoras y toda la integración social del mundo, pero que no son más que la misma mierda pintada con colores bonitos. En fin, para todos hay gusto, y a todos nos gusta el hype.

Fin del primer blog.