El engaño de los gráficos y la incómoda verdad sobre los juegos modernos

El engaño de los gráficos y la incómoda verdad sobre los juegos modernos

Cuando el pasado evidencia las carencias actuales

Por Daniel Laguna el 09 de febrero de 2026

Los videojuegos evolucionaron y pasaron de ser unos cuantos pixeles en pantalla a verdaderos mundos inmersivos. Con el tiempo, aprendimos a juzgar su calidad y su ambición por lo bien que se veían. 

Hoy, ese método es más engañoso que nunca. Hay títulos que debutaron hace más de 10 años y que lucen mejor que muchos juegos actuales. También hay títulos que prometieron ser la octava maravilla visual, pero que nos decepcionaron y demostraron que, efectivamente, las apariencias engañan. 

Los gráficos ya no son un elemento que refleja de forma clara la evolución del medio ni se han convertido en la garantía de que estamos ante una experiencia valiosa. Entonces, ¿hasta qué punto podemos confiar en lo que vemos en pantalla?

Los gráficos como termómetro del progreso

Quién no ha sido víctima del espejismo de los gráficos, esa ilusión que a veces nos hace olvidar que un buen juego es mucho más que un espectáculo visual. Por décadas, los gráficos fueron la forma de medir el avance tecnológico de los videojuegos. Bien dicen que el amor entra por los ojos, así que para muchos, la apariencia fue la manera más sencilla de juzgar si valía la pena jugar un título.

Incluso ahora, hay quienes sólo invierten su tiempo y dinero en juegos que “se ven bien”. Cada nueva generación de consolas llegó acompañada de un salto visual evidente. Las cosas cambiaron con PS5 y Xbox Series X|S, cuando ese avance alcanzó un techo técnico, donde la potencia dejó de ser todo o garantizar cambios deslumbrantes. 

<strong>La evolución gráfica marcó nuestra historia como jugadores</strong>
La evolución gráfica marcó nuestra historia como jugadores

Ahora, las diferencias entre generaciones son menos marcadas, y esto nos ha hecho voltear al pasado. Un sinfín de comparaciones muestran cómo algunos títulos antiguos lucen mejor que los actuales.

Un buen ejemplo son los videos que comparan Batman: Arkham Knight (2015) con Gotham Knights (2022). Las conclusiones son contundentes: la mayoría coincidimos en que el primer juego es mejor en cuanto aspecto y atmósfera.

El patrón se repite en muchos casos y refuerza la idea de que el salto generacional más reciente nunca llegó, al menos no en lo que respecta a los gráficos. Otro caso es el de Ryse: Son of Rome, juego de 2013 que presume un nivel visual y de detalle que deja en ridículo a muchos títulos recientes, con escalas y propuestas similares. 

Claro que estas comparaciones ignoran factores igual o más importantes que los gráficos, como la dirección de arte, las herramientas de desarrollo y la escala de los juegos. Sin embargo, dejan en evidencia que títulos como The Division, Battlefield 1 y Sleeping Dogs tienen algo que los hace portentos visuales que reciben elogios a años de su estreno.

PlayStation Xbox Nintendo
Las comparaciones revelan las caras de una misma moneda: el progreso y las carencias actuales

Al final, un juego es mucho más de lo que vemos en pantalla. Los títulos mencionados tienen una dirección artística muy bien definida, con un estilo propio que les dio identidad. Killzone: Shadow Fall, Final Fantasy XIII y Alien Isolation no se sienten genéricos, como muchos juegos actuales que, pese a los avances tecnológicos, carecen de personalidad.

El punto no es si los juegos se ven menos impresionantes con el paso de los años, sino que los gráficos dejaron de ser el indicativo de la evolución del medio y el principal gancho para asegurar el éxito comercial.

En los últimos años, la industria se ha enfocado en experiencias persistentes y sociales, donde los mundos hiperdetallados dejaron de ser la prioridad. La razón es clara: crear mundos visualmente deslumbrantes cuesta demasiado, y pocas compañías pueden asumir ese riesgo.

El alto precio de lucir bien

Hacer que un videojuego luzca como una producción de Hollywood tiene un precio muy alto, más allá de los millones de dólares y los años de desarrollo. En un mercado azotado por las crisis tecnológicas y los riesgos financieros, los estudios entendieron que el impacto visual por sí solo no asegura ventas ni fidelidad a largo plazo.

La realidad es que la industria actual ya no compite por exprimir el hardware como antes. Arriesgar millones de dólares en avances gráficos espectaculares no es tan rentable como las experiencias que retienen a los jugadores durante meses. 

PlayStation Xbox Nintendo
La espectacularidad de Kratos fue algo bastante costoso

Para los estudios, los llamados “pelijuegos” son apuestas de alto riesgo, mientras que los juegos como servicio pueden transformarse en auténticas minas de oro. Jacob Navok, exejecutivo de Square Enix, resume muy bien esta situación:

“Está muy claro que los gráficos de alta fidelidad sólo mueven la aguja para un grupo ruidoso de jugadores de 40 y 50 años. ¿Pero a qué juega mi hijo de 7 años? Minecraft. Roblox. Fortnite”.

Para quienes vivieron la evolución del medio, cada salto visual era motivo de asombro. En cambio, las nuevas generaciones crecieron en un entorno donde los gráficos no son necesariamente lo más impactante. Los títulos que menciona Navok atraen a millones de jugadores a diario, sin tener el nivel de detalle de Red Dead Redemption 2 o las superproducciones de PlayStation. Por todo esto, muchos estudios han replanteado sus prioridades.

PlayStation Xbox Nintendo
La diversión, y no el aspecto, es lo que importa

En este contexto, los gráficos dejaron de ser el gran gancho comercial. Los estudios buscan fórmulas que funcionen y retengan jugadores, lo que explica por qué varios títulos modernos intentan imitar el estilo de Fortnite.

El problema no es la calidad visual del Battle Royale, sino que su popularidad generó una oleada de juegos que, prácticamente, lucen iguales. Para entender cómo llegamos a este punto, hay que retroceder unos años, cuando la industria estaba obsesionada con el hiperrealismo.

Cuando las apariencias engañan

Antes del auge de la inteligencia artificial y las técnicas de escalado, la industria estaba obsesionada con alcanzar el hiperrealismo, que el marketing vendía como la máxima expresión de “buenos gráficos”

Durante años, los estudios utilizaron el apartado visual para deslumbrarnos, y empezamos a asociar el nivel de espectacularidad de un juego con su calidad. Esa estrategia impuso una lógica simple, pero engañosa: cuanto más espectacular se veía un juego, parecía que sus posibilidades de éxito comercial eran mayores. Bajo esa mentalidad, fuimos a la vez víctimas y cómplices de algunos de los mayores desencantos de la industria. 

Watch Dogs tal vez sea el caso más popular. Ubisoft presentó un trailer donde Aiden Pearce recorría una ciudad vibrante y visualmente espectacular para la época. Tenía una iluminación dinámica y efectos que nos deslumbraron; sin embargo, el resultado final estuvo muy por debajo de lo prometido.

<strong>El famoso downgrade</strong>
El famoso downgrade

Algo similar ocurrió con el famoso trailer de Killzone 2, que en su momento deslumbró por su espectacularidad. Al final, fue más un demo técnico que un gameplay real. Aliens: Colonial Marines nos sedujo con unos gráficos llamativos, pero su pésima ejecución lo convirtió en una de las mayores decepciones de su generación.

Los gráficos también pueden ser engañosos cuando el impacto visual está acompañado de una jugabilidad débil o pobre. Hay títulos modernos que lucen deslumbrantes, y que pronto revelan su falta de profundidad. El gusto se rompe en géneros; sin embargo, juegos como The Order: 1886, Godfall, Anthem, Scorn, The Callisto Protocol y Forspoken demostraron que unos gráficos deslumbrantes son insuficientes para cautivarnos. 

<strong>No todo lo que brilla es oro</strong>
No todo lo que brilla es oro

Incluso estafas como The Day Before demuestran hasta qué punto los gráficos pueden utilizarse para vender una ilusión. El juego de supervivencia prometió un mundo detallado y lleno de posibilidades, cuando en realidad sólo había humo.

Luego de perseguir el hiperrealismo y tropezar en el camino, la industria entendió que ese modelo era insostenible. Incluso cuando los resultados eran espectaculares, su costo de producción era inmenso. Y hoy, con toda la nueva tecnología disponible, el problema sigue sin resolverse.

Los gráficos en la era de la inteligencia artificial

Actualmente, la industria busca nuevas formas de mantener el atractivo visual sin disparar los costos de producción. La inteligencia artificial parece ese “Santo Grial”, que ayudará a crear títulos con gráficos espectaculares a menores costos.

La potencia del hardware ya no lo es todo: técnicas de escalado y herramientas impulsadas por IA ofrecen saltos visuales llamativos, pero en la práctica funcionan más como un truco que disfraza imperfecciones que como una solución real. 

Es como si los desarrolladores hubieran olvidado que, con los recursos de hace décadas, lograron crear auténticas obras de arte, sin el desarrollo tecnológico y la potencia de la actualidad.

La IA está lejos de ser esa varita mágica que muchos imaginan. Será difícil que replique la esencia de esos juegos antiguos que lucen mejor que muchos modernos. Al final, el engaño de los gráficos sigue vigente: incluso con el futuro avance de la inteligencia artificial, un juego podrá lucir espectacular y, aun así, carecer de calidad e identidad. 

Curiosamente, estamos en la era en que inteligencias artificiales como Project Genie pueden generar mundos interactivos que, de forma irónica, sorprenden y fascinan a una parte de la comunidad, a pesar de tener un aspecto terrible.

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