Se dice que en Japón ya no hay creatividad para hacer videojuegos, que las extravagantes propuestas sólo apelan a la audiencia del País del sol naciente mientras en occidente los miramos perplejos, preguntándonos qué pensaban cuando tuvieron tan extrañas ideas. La verdad es que a pesar de las críticas, esta región del mundo aún tiene mucho talento, basta ver el trabajo conjunto de Shinji Mikami y Goichi Suda.

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Las sombras bailan al ritmo de la música del talentoso Akira Yamaoka, a quien debemos la ambientación musical en los juegos de Silent Hill

La primera vez que estos genios se unieron para un proyecto, concibieron Killer 7, una de las obras más excéntricas, mejor diseñadas y con mayor enfoque artístico de todos los tiempos en el mundo de los videojuegos. Esta surrealista mezcla de géneros con matices de shooter fue víctima de polarizadas opiniones y por si fuera poco, no alcanzó ventas óptimas, aunque eso no evitó que ambos

disfrutaran su trabajo juntos. En un deseo por combinar una vez más su instinto experimental, Suda y Mikami laboran arduamente para completar la torcida propuesta de Shadows of the Damned, un thriller psicológico atestado de acción.

El hilo argumental parte del cliché más grande de los cuentos de hadas: rescatar a la princesa en peligro, aunque claro, éste no es un relato para niños, en realidad es la antítesis, con un impetuoso e irreverente protagonista. Todo comienza cuando a Garcia Hotspur, un cazador de demonios que por alguna extraña razón nos recuerda a la versión más ruda de Benicio del Toro, lo despojan de su amada como venganza por la muerte de tantos demonios; lo que sucede es que el rey del inframundo decide cobrarle la factura por decimar las filas infernales.

Es así que Hotspur comienza su vendetta viajando a las fauces del Averno, con la intención dantesca de recuperar a su querida Paula, porque eso es lo que todo buen novio tiende a hacer en estas situaciones. La trama es un tanto lineal, con un objetivo definido, pero los matices enfermos y retorcidos complementan la narrativa, haciéndola más divertida, sobre todo porque en armonía con la tradición de Grasshopper, el tono general del juego está cargado de humor negro y momentos grotescos; afortunadamente el desarrollador no parece temeroso en ningún momento de mostrar el visceral y explícito horror psicológico.

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Hay toda clase de enemigos, cada uno con habilidades únicas y colosales jefes que obviamente requieren mayor estrategia

Pero si pensabas que ésta es otra aventura más entre llamas y azufre, acorde a como suele representarse el infierno, estás muy equivocado. Es deprimente y perturbador, y en lugar de un lago de fuego, encontrarás una ciudad reminiscente al Londres de la época victoriana, con toques góticos y desde luego, muchos brochazos de sangre, todo con el fin de lograr una decoración apropiada para los maléficos habitantes de la escalofriante urbe.

Dentro de este panorama, los demonios prefieren el frio abrazo de la oscuridad, y mientras se encuentren bajo el manto sombrío no pueden ser lastimados, lo que hace de la luz un elemento clave de la mecánica de juego. Para avanzar en los diferentes escenarios tendrás que buscar la forma de iluminar ciertas aéreas, dando pie a interesantes acertijos, aunque tratándose de un título de acción, puedes estar seguro que nada que desafié tu inteligencia. Encender la luz simplemente requiere prender candelabros, pero también hay diversos mecanismos, como cabezas de bebé que debes alimentar con ojos y vísceras, si es que deseas que funcionen. Las sombras evocan una frenética sensación de pánico, principalmente cuando buscas salir ileso, ya que si te quedas en la oscuridad demasiado tiempo, los demonios se alimentarán de fuerza vital, pero no temas, tras acostumbrarte a los mecanismos y dispersar las sombras, podrás dispararle a los enemigos con armas convencionales.

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Conocerás muchos detalles de la historia gracias a Johnson, quien te contará todo con su peculiar y cómico estilo

Bueno, convencional dentro de lo que cabe, ya que mientras tu arsenal se compone de pistola, rifle de asalto, escopeta y lanzagranadas, sólo utilizas un arma, que coincidentemente es también tu inseparable compañero en la aventura infernal. Su nombre es Johnson, un parlanchín cráneo llameante con acento británico que aporta el mayor porcentaje de las bromas que encontrarás durante la historia, así como lenguaje obsceno y mucho más doble sentido del que podías esperar encontrar en cualquier juego. Este arremedo de Ghost Rider puede transformarse en cualquier arma con tocar un botón, así como absorber huesos para transformarlos en balas.

En cuanto a las mejoras para el protagonista no hay mucha complicación, sencillamente tendrás que adquirir gemas rojas, las cuales se asignan a una tabla en la que puedes aumentar tu cantidad de daño, velocidad de recarga de armas, capacidad de municiones e incluso cantidad de vida, entre otros.

La librería de juegos de Grasshopper siempre se ha guiado por elementos de la cultura pop, y Shadows of the Damned no podía ser la excepción. Ambos creadores citan la influencia de Robert Rodríguez sobre el apartado visual, mientras que la cinta Blade Runner de Ridley Scott marca la pauta para la narrativa, además de BioShock como ejemplo por su inmenso y envolvente mundo. Mezclar los anteriores elementos es una tarea inmensamente complicada y de hacerlo bien, digna de elogio. Hemos visto muy poco del juego, apenas dos capítulos de su historia, como para emitir un juicio más concluyente, pero de momento si bien no honra completamente la fuente de inspiración, el diseño del título parece ir por buen camino.

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Además de la antorchas, existen otros métodos más eficientes para alumbrar los escenarios

A simple vista, parece el típico juego de disparos en tercera persona, pero escarbando más profundo, es fácil darse cuenta que se trata de una excelente mezcla entre los elementos de acción característicos de Resident Evil 4, más fluidos y veloces, con la incomparable imaginación de Suda 51; los controles son responsivos y los tiroteos salvajemente satisfactorios, justo como esperarías. La temática es extravagante, raya en lo absurdo, es realmente estrafalaria y escapa de toda coherencia, pero si algo queda claro es que promete ser una experiencia refrescante.