Tengo
una cierta fascinación por los paisajes escandinavos, no
particularmente por sus hermosas e imponentes montañas, dignas de
inspirar todo tipo de leyendas y mitos involucrando elfos, gnomos e
incluso, muy para el dolor del forista moderno, trolls. Sino por sus
lagos que, así como gigantescos espejos, gracias al clima frío y su
apacibilidad, reflejan el cielo y las montañas a la perfección,
confundiéndolos con el suelo y borrando esa frontera que suele
dividirlos.

Es
así que este post está enteramente dedicada a dar un paseo fotográfico
por algunas de las regiones del planeta donde el cielo y la tierra se
mezclan.
El salar de Uyuni
Ubicado
en Bolivia, tuve la oportunidad de conocerlo hace seis años en mi
primer viaje por Sudamérica. El mismo, formado a partir de un lago
prehistórico de considerable tamaño, es el salar más grande del mundo.
La reflexión ofrecida por la superficie de Uyuni es tal que supera
cinco veces a la encontrada en la superficie oceánica, razón por la
cual la gran mayoría de los satélites de imagen lanzados al espacio se
enfocan en Uyuni para calibrar sus antenas e instrumentos fotográficos.



Bjørnfjell
Es
no por nada apodado como la tierra de los espejos. Ubicado en la
frontera entre Noruega y Suecia, este territorio está plagado de
montañas y lagos donde el cielo y la tierra se hacen uno.

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