No hay forma de comprender lo que es Call of Duty: Modern Warfare 3 sin conocer la naturaleza misma de sus predecesores, pues esta tercera entrega constituye la suma de todos los elementos emblemáticos de la franquicia a partir de 2007.

Si a esto sumamos factores ajenos al título en sí, concretamente una gestación parchada por problemas legales, tenemos un juego concebido a la segura, lo que significa que de Call of Duty 4 a Modern Warfare 2, la experiencia evolucionó, mientras que de Modern Warfare 2 a Modern Warfare 3, sólo se afinó. ¿Esto qué significa? La respuesta depende del nivel de expectación de cada quien. Si lo que quieres es conocer el explosivo desenlace de la campaña y repetir la misma odisea multijugador, aderezada con algunos cambios, entonces Modern Warfare 3 es para ti. Por otro lado, si estás ávido de novedad y piensas que este FPS romperá esquemas como hace años, te recomendamos buscar en otra parte.

Desde el momento en el que se introduce el disco en la consola, hay un extraño sentimiento de familiaridad que raya en lo excesivo, quizás incluso en lo sospechoso. Sabemos que tanto Sledgehammer Games como Infinity Ward son estudios profesionales, pero si no fuese por ese detalle, pensaríamos que dejaron el apartado de la presentación de menús para el último minuto e hicieron simplemente copy-paste de un juego a otro.

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Londres es una de las primeras ciudades en conocer la ira de Makarov y es aquí donde encontramos de nuevo los operativos SAS

Dejando lo anterior de lado, pasamos a la estructura central del juego, que también es idéntica a la de su predecesor, compuesta por Spec Ops, Campaña para un solo jugador y frente multiplayer, dispuestos prácticamente con el mismo diseño, en el mismo orden y un humeante fondo monocromático también similar al visto en Modern Warfare 2.

Ahora bien, sobra decir que entre estos tres modos de juego hay suficiente progresión, emoción y casquillos percutidos como para permanecer pegado a la pantalla por algún tiempo, toda vez que la fórmula que hizo de esta franquicia la más prolífica en la historia de la industria, permaneció tan eficiente como siempre. En otras palabras, la historia es épica; el modo online, adictivo ?como siempre? y el cooperativo funge como una alternativa interesante.

Si bien al género FPS le tomó años dejar atrás su obsesión por la Segunda Guerra Mundial, irónicamente es la primera saga en dar el paso a la modernidad la que en esta ocasión abre las infernales puertas de un tercer conflicto global, esta vez de corte ficticio, claro está.

Hacia el final de Modern Warfare 2, el ya emblemático Capitán Price, John "Soap" MacTavish y su aliado, Nikolai, tuvieron que dejar de lado la pesquisa del terrorista ruso Vladimir Makarov para atender una amenaza más inmediata: la traición del General Shepherd. Eliminarlo tuvo un alto costo. ?Soap? está herido de muerte, la Fuerza Operativa 141 (Task Force 141) es ahora enemiga de Estados Unidos y, para empeorar las cosas, el mundo se encuentra sumergido en una conflagración apocalíptica.

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Es curioso ver la transformación de Berlín desde World at War hasta llegar a Modern Warfare 3

Es en este escenario donde se desarrolla el argumento de Modern Warfare 3, con un hilo conductor ramificado. Por un lado tenemos a las fuerzas armadas tratando de repeler la ofensiva rusa, tanto en América como en Europa (con todo y nueva resistencia francesa), y por el otro están nuestros héroes, ahora rebeldes, siguiendo la pista de un escurridizo Makarov, que regresa más poderoso que nunca.

De los tres componentes de la historia, éste es definitivamente el más frenético y también el más crudo. Paradójicamente, aun con su enfoque siempre hollywoodense, Sledgehammer Games no vaciló a la hora de retratar los horrores de la guerra en la comunidad civil. De hecho, habrá misiones en las que sea vital distinguir entre inocentes y enemigos o de lo contrario habremos de repetir un punto de control.

Así las cosas, la campaña no decepciona en su dosis de adrenalina, pisando el acelerador a fondo en todo momento y con una variedad de escenarios nunca antes vista desde que Call of Duty se ubica en la época moderna. Todas las estrellas en esta constelación beligerante hacen su retorno con bombo y platillo: los misiles Predador, el rol de artillero en ciertos vehículos pequeños, el avasallador poder de fuego del AC130, las granadas de humo para marcar el barrido de soporte aéreo, los asaltos en cámara lenta a diversas habitaciones, uno que otro quick-time-event y hasta un pequeño tanque remoto.

La aventura está colmada de acción y los guionistas hacen un buen trabajo para mantener los acontecimientos dramáticos, épicos y relativamente verosímiles casi hasta el final, y decimos ?casi? porque el desenlace se siente por demás apresurado. Por otro lado, la narrativa nos lleva a través de diferentes países, lo que contribuye a una generar una experiencia matizada y una emoción causada por la participación en eventos de relevancia mundial.

Más allá de su ya tradicional linealidad, la campaña padece pocas fallas graves, pero una de ellas radica en la interacción entre usuario y compañeros. Quien ha jugado Call of Duty sabe que la movilidad es básica para superar los cuellos de botella y paredes invisibles dispersos en todos los niveles. Los aliados proveen fuego de cobertura, pero sólo hasta que han avanzado el NPC y tu personaje. Un detalle molesto es tener que seguir al NPC, ya que es necesario esperarlo constantemente, lo que entorpece el ataque y nos deja varios instantes en la soledad haciendo frente a los enemigos. Es como tener un lastre que retiene la progresión.

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Praga, capital de la República Checa, también aparece en MW3

No está de más elogiar el trabajo de diseño, pues aunque el motor gráfico ya tiene sus años, Modern Warfare 3 luce bien. El grado de detalle es óptimo y precisamente permite que todo lo anterior pueda convivir armoniosamente. La iluminación fue mejorada, también los efectos de destrucción y, por tratarse de una guerra global, el conteo de unidades es elevado, sin que por ello haya problemas con el frame rate. Sin embargo, el audio deja mucho que desear, sobre todo en los pasajes más acalorados de la refriega. Invertimos varios minutos tratando de descubrir cómo ecualizar los niveles, toda vez que, sin subtítulos, no es factible entender absolutamente nada de lo que se está diciendo y mucho menos apreciar la música compuesta por Brian Tyler. Ojo, la queja no es por el volumen, es por la saturación desmesurada de todos los canales. A diferencia de otras propuestas dentro del género, en Modern Warfare 3 no parece haber capas, todo tiene la misma intensidad y esa es: fuerte. Aquí claramente hizo falta la consejería del estudio Treyarch, el cual maneja un motor de audio más realista desde World at War.

En cuanto al multiplayer, volvemos a lo mismo: la presentación repetitiva. La interfaz resulta prácticamente igual a la del año pasado. Los estudios sólo se dieron a la tarea de refrescar los íconos, insertar nuevos emblemas y accolades, varios de los cuales dieron el salto directo de la pantalla de Modern Warfare 2 a la de Modern Warfare 3, tales como la de FNG o S.S.D.D., sólo por citar algunos ejemplos. El caso no es criticar por criticar, pero si vamos a pagar $60 USD por algo nuevo, lo menos que podemos esperar es que sea precisamente fresco en la mayor cantidad de frentes como sea posible.

Eso en lo que respecta a la forma, en términos de fondo, el funcionamiento es el que conocemos y amamos. Se trata de 16 mapas medianos con énfasis en la velocidad y el movimiento constante. Los controles se mantienen responsivos y precisos, mientras que la acción no da cuartel, además de que se inyectó verticalidad ?segundos pisos- a cada escenario. Cabe advertir que con los años, Modern Warfare se ha vuelto un entorno especializado y, debemos reconocer, hostil para los recién llegados.

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La Torre Eiffel es escenario de una de las batallas más encarnizadas de la campaña, ¿resistirá?

Entre las novedades, la más importante es la diversificación de los paquetes de ataque o Strike Packages en tres categorías. La modificación en la dinámica resulta evidente sobre todo en el caso de Soporte, pues el conteo de enemigos abatidos no se reinicia al morir, pero a cambio, los bonos son de un impacto menor y sirven para apoyar a los compañeros y no para infringir daño directo. Naturalmente, hay una diferencia implícita en la forma como se aborda la estrategia de juego gracias a este paquete y el de especialista, el cual permite acumular perks. Para bien o para mal, los Death Streaks también reaparecieron y con ellos, atributos odiados por los fanáticos, tales como el martirio o Last Stand.

En otro frente, disponemos de la facultad para mejorar cada arma con algunos trucos que antes solían ser perks y ahora se conocen como Weapon Proficiencies. La diferencia aquí yace en que estos accesorios o ?poderes? si se les quiere llamar así, varían dependiendo del tipo de arma y favorecen el dominio de todo el arsenal para llevarlo a su máximo potencial. Nos gustaría decir que los efectos van más allá, pero como citamos al comienzo del párrafo, muchas de las destrezas solían ser perks, así que tampoco serán tan sorprendentes.

Entre las modalidades de competencia también hay agregados. En cuanto al cooperativo, se mantiene fiel a las tendencias contemporáneas y debuta la horda de Call of Duty, aquí conocida como Survival Mode. Como citamos en nuestro preview, se trata de una fusión entre el popular modo de horda y los ya tradicionales zombis de Treyarch. Más allá de reconocer que funge como una fresca variante para el juego, no hay más detalle a resaltar. Se acumula efectivo con cada etapa y progresivamente el desafío se torna mayor, pues aparecen perros, helicópteros, bombarderos suicidas e incluso Juggernauts. La cuota de trabajo en equipo es elevada, así como la coordinación y la estrategia en la forma y el momento en el que se decide gastar.

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Algunas armas ahora cuentan con miras intercambiables

Desde nuestra perspectiva, Flag Defender es la inserción más entretenida. El primer jugador en morir suelta una bandera y ambos equipos luchan por controlarla, no por plantarla. Esto se presta al caos y a un intercambio de estrategias dinámico. A menudo ocurre que el abanderado se apertrecha en una habitación, mientras sus compañeros preparan la emboscada en un palmo de terreno, generando así un cuello de botella más estrecho que la puerta de un colectivo en hora pico y, por supuesto, una batalla centímetro a centímetro, incluso graciosa.

Kill Confirmed es Team Deathmatch, sólo que los enemigos abatidos dejan únicamente la mitad de los puntos, la otra mitad viene por recolectar sus dog tags ?chapas de identificación-. Es cierto, en teoría parece suponer un ritmo diferente, pero en la práctica es casi lo mismo que un duelo tradicional por equipos, pues hay que recordar que Call of Duty enfatiza el fuego a quemarropa, entonces obtener los llamativos íconos es un ejercicio que se da casi en automático. Esto no significa que Kill Confirmed sea aburrido ni mucho menos, sólo que no va más allá de una invención relativamente original.

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Una de las nuevas armas multiplayer es una torreta a control remoto

En resumen, salvo por algunos cambios sutiles, cuyos efectos no revolucionan la experiencia, Modern Warfare 3 sigue siendo el mismo título frenético y emocionante que vimos hace un par de años. Es encomiable que Sledgehammer Games haya cumplido con una misión tan imponente al entrar como estudio de refresco. Desafortunadamente, hubo consecuencias. Si bien los gráficos dan el ancho, la presentación en términos generales sufre de una marcada repetición de conceptos en todas y cada una de las modalidades. El trabajo de audio no es consistente y la historia, aunque épica, no supera las seis horas. Es así como el multiplayer vuelve a erguirse como la piedra angular de la experiencia y éste viene adornado con ajustes y novedades cuyo fin es inyectar oxígeno, más no llevar a la franquicia al siguiente nivel de desarrollo. Modern Warfare 3 es la mejor versión del concepto, y aunque reúne todo en un solo paquete, dejó de representar evolución y se quedó en mera repetición.