Iniciando con una premisa un tanto prometedora, las primeras escenas de Dragon's Dogma narran el despertar de un dragón, que en su furia matutina ataca una pacifica e idílica villa pesquera; nuestro protagonista, tan osado y poco racional, toma una espada para hacer frente al leviatán. Por supuesto, la criatura responde arrancándole el corazón al personaje principal, marcándolo como un Arisen, héroe legendario destinado a salvar al mundo. La historia acarrea una mayor carga de matices y detalles, se define por saturación de clichés y convencionalismos del género de fantasía.

Dragon?s Dogma supone el intento de Capcom ?y de cierto modo, la industria nipona?, de apegarse al esquema de desarrollo occidental, aportando su propia dosis de originalidad, para crear un concepto que rinde tributo a los convencionalismos del RPG, pero bajo un esquema de acción y combate en tiempo real sumamente frenético. Y aunque comete graves errores, la realidad es que este título se consolida como una amalgama de influencias, que van de The Elder Scrolls V: Skyrim y Monster Hunter, hasta Devil May Cry, resultando así en una experiencia fascinante.

Si eres fan de este tipo de experiencias, puedes estar seguro de que nada en términos argumentales será particularmente provocativo, sino hacía la conclusión de la historia, cuando el desarrollo de la trama deja la fantasía pueril y estereotípica, para convertirse en un cuento sombrío de corrupción política, conspiraciones, y giros inesperados. El problema es que toma demasiado tiempo en alcanzar ese punto, y para llegar ahí debes atenerte a una narrativa que además de confusa en frecuentes dosis, tiende a lo sosegado y en ocasiones, hasta tortuoso.

No ayuda que el protagonista sea casi un fantasma, carente de identidad, sin personalidad que lo defina, ni trasfondo significativo. Podríamos echarle la culpa a la cualidad de modelar un héroe a nuestra preferencia, pero títulos como Mass Effect se rigen bajo la misma premisa y no por ello sacrifican el desarrollo de personaje. Lo más triste es que con todo y la pésima narrativa tan llena de paja, hay suficiente sustancia argumental para moldear una personalidad, pero no sucede, y ante crímenes, traiciones, o asesinatos de todo tipo, nuestro héroe permanece imperturbable.

Entre parajes arrancados de la mitología de Tolkien y The Lords of the Rings, a terminología propia de A Song of Ice and Fire, la ambientación de Dragon?s Dogma se construye sobre lo mejor de la fantasía medieval, ilustrado con majestuosos castillos, paisajes montañosos, verdes bosques y toda clase de lúgubres calabozos. En realidad, la escenografía es uno de las fortalezas del juego, sin mencionar que el reino de Gransys, donde se desarrollan los eventos de la historia, es un sitio enorme, que exige varias horas para recorrerlo en su totalidad, y eso considerando que no tuvieras misiones que cumplir. Al margen de escenarios llamativos, los habitantes de este reino mágico son el punto flaco de la atmosfera, dado que no tienen identidad, son maniquíes que en alusión a los juegos de antaño, conversan con dos líneas de dialogo, y caminan sin propósito de un lado para otro.

170064.jpg
En ocasiones la interfaz se satura tanto de mensajes e indicaciones que es imposible seguir registro de todo lo que pasa, es caótico y poco funcional

Lamentablemente no es Skyrim, y para el mismo efecto, tampoco Xenoblade Chronicles, en el hecho de que presenta un vasto escenario para tus hazañas, pero desprovisto de contenido y actividades a realizar. Mientras en la obra magistral de Bethesda no puedes dar un paso sin encontrar alguna novedad, u objeto que desencadene misiones, en Dragon?s Dogma lo único que obtienes son artículos poco relevantes, y el derecho a enfrentar un sinfín de criaturas, que van de bandidos acechando el camino, hasta quimeras y dragones en espera del almuerzo. El bestiario no es extenso, ni tan variado, pero al menos apela a la originalidad, complementando los clásicos orcos y trolls con criaturas propias de la mitología griega, como grifos o hidras, entre algunos ejemplos más.

Pero el corazón de Dragon?s Dogma descansa en su esquema de combate. Verás, este juego tiene más de acción que de RPG, y denota que el talento de Capcom para diseñar experiencias frenéticas no ha menguado con el paso de los años. Así, cuentas con tres clases disponibles: Fighter, Striker y Mage, representando el papel clásico de fortachón, asesino e invocador de hechizos, respectivamente; lo interesante es que sea la que elijas, no estás encadenando a usarla el resto de la aventura, y en una etapa temprana, puedes cambiar a las otras tantas veces desees. Adicional, hay tres clases híbridas que se suman a la diversidad, combinando las cualidades de las profesiones básicas; favorecer las combinaciones suena seductor, sin embargo cada una cumple un propósito especifico, y la idea es experimentar, labor que afortunadamente resulta gratificante.

170065.jpg
Los sirvientes no son mercenarios huecos, ofrecen dialogo constante, aunque con frecuencia es repetitivo y termina cansando

Lo fascinante es que cada clase presenta un considerable repertorio de habilidades específicas, que cambian dependiendo del arma que tengas equipada. De ejemplo, ocupas una espada para ejecutar devastadores ataques y técnicas de esgrima, pero si recurres a una daga tus movimientos son mucho más veloces, prestos a una sucesión de combos, en tanto el escudo permite protegerte, pero también empujar a los enemigos o hasta lanzarte y derivarlos; para rematar, el arco brinda oportunidad de atacar a distancia por medio de distintos tipos de tiro, sin mencionar que sobran los hechizos a aprender. Al final, quedas con un amplio catálogo de donde elegir, con la virtud de poder crear un personaje a tu medida, eligiendo qué habilidad esté asignada a cada botón.

Ahora, adquirir el galardón de Arisen dentro de Dragon?s Dogma otorga ciertos beneficios de los que tomar ventaja no sólo es privilegio, sino casi una obligación, pues dicho título nobiliario te da acceso a súbditos que te seguirán a donde quiera que vayas, y sin los cuales probablemente sucumbirías ante los frecuentes peligros. Estos sujetos sin alma que lucen idénticos a humanos, son personajes controlados por la inteligencia artificial que complementan tu grupo, y siguen las mismas reglas del protagonista, es decir, tienen una clase y posee una colección de habilidades que por cierto, también podrás personalizar a tu medida.

Con ello, tienes un súbdito principal que sube de nivel junto a ti y estará atado a tu aventura hasta el final, y por otro lado, está la posibilidad de reclutar a otros dos para completar un equipo de cuatro. La distinción entre los dos tipos, es que los demás son creaciones aleatorias de la computadora, o producto del ingenio de otros jugadores, que simplemente te los prestan ?o al menos una copia exacta? para exterminar con la incontable sucesión de monstruos. A diferencia de tu asistente personal, los mercenarios contratados no suben de nivel, así que será cuestión de cambiarlos tanto como la necesidad lo requiera, sólo ten en cuenta que tiene un costo, en una moneda especial que se adquiere tras completar misiones o eliminar grandes criaturas, así que debes ser cuidadoso en tus decisiones.

170066.jpg
La navegación entre menús es complicada, y se vuelve desastrosa cuando estás en un momento apremiante, o peor, al momento de personalizar a tu grupo, pues terminas presionando demasiados botones

La ironía es que este sistema luce perfecto para trabajo cooperativo, pero el multiplayer de Dragon?s Dogma no va más lejos del intercambio de súbditos. Sobra decir que es una omisión grave, pues a expensas de un nivel de personalización en extremo alto, las ordenes hacía tu grupo son ínfimas. La estructura del juego recompensa un buen diseño de personajes, y el orden en que asignes las habilidades, influenciando así el desempeño de tus aliados, pero fuera de dedicarle tiempo a ajustes casi milimétricos, los miembros del grupo suelen actuar con conciencia propia, y con frecuencia se meten en aprietos, arrastrándote con ellos.

De ejemplo, no es raro que un hechicero se dedique a lanzar ataques sin cesar, cuando lo que más necesitas es una buena dosis de curación, o hay veces que los guerreros se posicionan muy cerca de un abismo, provocando que hasta el más mínimo empuje los lance al vacio. Puedes darles rudimentarias indicaciones, como abalanzarse al ataque, dispersarse, o ir hacía ti, pero de ahí en fuera, son libres durante los momentos de combate. En todo caso, lo mejor para sobrevivir es que a tu sirviente principal, le des el papel de soporte, lo inclines a la protección de tu pequeño batallón y le asignes atributos de curandero; al menos es lo que nos funcionó mejor. Claro, la flexibilidad queda para que hagas las combinaciones que te plazcan, con resultados muy variados.

Volviendo a los monstruos, otro gran atributo de Dragon?s Dogma se da en los enfrentamientos contra las gigantescas bestias que habitan su fantasioso mundo. Los grupos numerosos son frecuentes, y requieren mucha estrategia para acabar con cada uno de los oponentes, en especial porque se componen de varias clases, al igual que tu escuadrón. Empero, la necesidad de usar cada truco bajo tu manga llega con los jefes y criaturas de gran tamaño, no sólo por su enorme resistencia, sino porque se valen de muy diversas artimañas y ataques, dificultando tu labor de aniquilarlos. En ocasiones, además de incurrir en tácticas avanzadas, necesitarás subir al lomo del engendro, para alcanzar su punto débil, que en los ciclopes es evidentemente su ojo, o el cuello en el caso de las serpientes.

170067.jpg
El mundo es extenso, y siempre es un desafió recorrerlo, lamentablemente pierde novedad después de recorrerlo decenas de veces, consecuencia de que las misiones te hagan caminar más de la cuenta

Hay trazos de Shadow of the Colossus en el diseño de Dragon?s Dogma, no obstante no son combates prediseñados, y en vez de ello todo sucede en tiempo real, solicitando tu completa atención. Esto es particularmente válido porque al desplazarte en lugares abiertos, siempre existe la posibilidad de llamar la atención de más de un tipo de enemigo, al grado de terminar rodeado por bandidos, orcos, lobos y de paso, una quimera que estará arremetiendo contra todos. Son circunstancias caóticas que tal vez obedecen a un mal diseño, pero el carácter impredecible las hace sumamente divertidas y aporta una excitante intensidad.

Al final, Dragon?s Dogma es un concepto de contrastes. La garantía de acción frenética es suficiente para sumergirse y pasar incontables horas aprendiendo ?y dominando? las intrincaciones del combate, pero las deficiencias son innegables. La cámara peca de mal diseño, en especial en ciertas zonas cerradas o cuando estás entre la maleza y no estás seguro si estás dando golpes al aire, o arremetiendo contra el enemigo. Desde otra perspectiva, las misiones son un afán repetitivo que destila irrelevancia, gracias a objetivos tan valerosos como matar ratas en las alcantarillas, o reunir carne cruda para el cocinero local; nunca faltan tareas importantes que de verdad tienen que ver con la historia, pero carecen de la sofisticación presente en otros títulos del género.

A simple vista, Dragon?s Dogma luce interesante sin mayor presunción, pero es hasta que le dedicas varias horas que descubres su verdadera valía. No cabe duda de que es un ambicioso proyecto de Capcom, que si bien es inconsistente en su oferta de contenido, inyecta adrenalina adicional al esquema clásico de los RPG. El problema es que sus defectos contrastan demasiado con las virtudes, y aunque las pifias argumentales no opacan la gloria del combate, causan una seria ruptura en la experiencia de juego, y por consecuencia en el nivel de inmersión. Lo encomiable es que se tomaron riesgos, y los defectos son la consecuencia a pagar, y dado el énfasis por imitar a los mejores del rol occidental, las comparaciones son inevitables. Este es un mundo que no te evocará satisfacciones por sus historias superficiales, ni por sus huecos personajes, sino por la intensidad al calor de la batalla, forjando tu habilidad con desafíos constantes.