Review

Far Cry 4 - Valley of the Yetis

Una expansión bestial
LEVELUP 7.5 Regular

PROS:

Un mundo abierto diferente y extenso para explorar

El estilo horda refresca las mecánicas de juego

Buena duración

Algunas misiones de alpinismo

Rápida progresión

Es posible explorar el mapa a plenitud, tras completar la expansión

CONS:

El valle es un lugar monocromático y desangelado

Faltó ingenio en las misiones de progresión

No es posible repetir el modo horda al completar la campaña

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Tras la extraordinaria expansión de Far Cry 3, Blood Dragon, estaba muy interesado en ver qué hacía Ubisoft para Far Cry 4, y aunque Valley of the Yetis no es ni la mitad de ingenioso, es un DLC hecho y derecho, extenso y con algunos cambios a la mecánica de juego que vale la pena explorar.

No encontrarán la expansión integrada en el mapa, Valley of the Yetis es tan grande que yace en un menú alterno y es que esto es, en esencia, Far Cry 4.5; es decir, es otro mapa ―quizá de menos de la mitad del tamaño de Kyrat―, con una historia paralela, enemigos distintos y mecánicas un poco diferentes.

Si ya terminaron Far Cry 4 entonces la mejor analogía de Valley of the Yetis es que es prácticamente la misma dinámica pero sintetizada. Ajay va en busca de una Reliquia por petición del Golden Path y, en el trayecto, queda varado en este gélido y nacarado valle, donde su hogar es un fortín conquistado, el cual es preciso defender cada noche de una bola de maniáticos que plagan la región.

Bella y desolada tundra
Bella y desolada tundra

Si NO han jugado Far Cry 4 ―lo cual dudo―, baste con decir que éste es un mundo natural abierto lleno de animales y campamentos enemigos a conquistar con absoluta libertad, ya sea con ataques frontales o con sigilo, gracias a una plétora de armas. Una vez controlado el campamento central, la idea es simple: cumplir misiones de día para acumular dinero y mejorar las defensas, a fin de que durante la noche sea más fácil hacer frente a las oleadas de enemigos. Pero cuando hablo de día y noche es sólo una expresión porque no hay un ciclo natural preestablecido como en Kyrat, sino que cuando te sientes listo para comenzar la acción, regresas a tu pequeña casa en el campamento y activas la opción de comenzar la oleada, acto seguido, se vuelve de noche y se avecina el infierno.

Cada noche superada deja como recompensa 20,000 rupias, pero conforme pasa el tiempo y se fortalece la instalación, la dificultad incrementa hasta que por ahí de la quinta noche hay múltiples oleadas de francotiradores, berserkers con bombas molotov, soldados regulares, jeeps y, por supuesto, yetis. A propósito de yetis, esta mítica criatura es relativamente fácil de encontrar en el valle y ridículamente fuerte, pero un corazón de la bestia equivale a una muy jugosa suma de dinero. La manera más fácil de matarla es con explosivos y cuando quede aturdida, trepar sobre su espalda (RT) para ejecutarla.

Valley of the Yetis es una expansión sumamente digna

En total, hablamos de 15 mejoras para el campamento y el mismo número de misiones. Cumplir cada una equivale a desbloquear una mejora, aunque la radio del campamento también brinda unas pocas tareas a desempeñar y existe en el lugar fauna de tundra para cazar, así como un buen número de instalaciones y cofres.

Jugar Valley of the Yetis es, en términos de progresión, equivalente a empezar de cero. Es decir, no tienes prácticamente nada, ni siquiera Skills, pero el avance es acelerado. Los cofres y los cuerpos dejan sumas de dinero copiosas y las pieles necesarias para craftear nuevo equipamiento son muy fáciles de encontrar ―a menudo, ni siquiera es necesario matar a un animal― y casi sin darte cuenta rebasas el millón de rupias y los 30 puntos de Skill para gastar en todo. Es una pena que resulte imposible llevar algo de eso a la versión regular del título. Insisto, son 2 cosas separadas.

En términos generales, Valley of the Yetis es una expansión sumamente digna. Es decir, hablo de más de 5 horas de juego ―cuando menos― y el mapa queda abierto para exploración adicional al terminar, lo que no me gustó fue la falta de ingenio de Alex Hutchinson y la gente de Ubisoft Montreal, cuando comparamos esto con Blood Dragon. Vaya, no se trataba de hacer algo así de descabellado, pero a Valley of the Yetis es poco audaz en cuanto a concepto. El valle es un páramo desolado donde no hay moradores al margen de Ajay y sus enemigos, así que pese a su tamaño, ostenta un aire un tanto estéril y monótono. Por lo mismo, no hay Karma porque... bueno, básicamente no hay a quién salvar ni amigos que vengan a ayudarte, ni siquiera funciona la radio.

Dispara a la cara
Dispara a la cara

Otro detalle del que no fui fan fue que más de la mitad de las misiones para mejorar el campamento consistían en ir a recuperar un triste camión al campamento de los enemigos y, oportunamente, aparecía un yeti para hacerme la tarea más fácil. Una que otra misión rompe el esquema al pedir, por ejemplo, que encuentres la forma de llegar al tope de una escarpada colina para encontrar tal o cual arma para mejorar el campamento y entonces se vuelve, igual que en las torres de Kyrat o Far Cry 3, una dinámica al estilo plataforma donde hay que descubrir la mejor manera de sortear abismos, para llegar al tope, escalando o incluso vía el wingsuit. De hecho, aquí la verticalidad recibe un poco más de atención y eso fue agradable, si consideramos que en Kyrat se siente relativamente desperdiciada.

Antes de cerrar, hago la aclaración de que es posible jugar Valley of the Yetis en cooperativo, lo que convierte la faena de defender el campamento más divertida, como lo descubrí al jugar con un niño estadounidense a las 2 de la mañana antier. Dicho eso, encontrar partidas o gente para la propia es tardado.

Para redondear la idea: Valley of the Yetis es una expansión en el sentido más formal de la palabra. ¿Es tan buena como Blood Dragon? No. ¿Vale la pena? Sí. Es decir, si ya terminaron Far Cry 4 y quedaron con ganas de más, éste es un buen lugar para encontrarlo. El ambiente cambia un poco, también las mecánicas ―la historia no es especial, pero es aceptable― y no hay nada como trepar a un yeti, apuñalarlo y después sacarle el corazón, aunque después de hacerlo unas 18 veces deja de ser mágico.

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