El próximo 21 de febrero, The Legend of Zelda celebrará 40 años de su debut en 1986. Han pasado 4 décadas desde que Shigeru Miyamoto imaginó una aventura inspirada en sus exploraciones infantiles en los alrededores de Kioto. Lo que comenzó como la historia de un héroe, una princesa y un terrible villano representados por la Trifuerza, se convirtió en una de las franquicias más importantes en la historia de los videojuegos y, para muchos, en algo aún mayor.
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En el staff de LEVEL UP decidimos reunirnos para conmemorar este aniversario de una forma distinta. Más allá de hablar de sus orígenes, sus ventas o hasta sus extrañas líneas cronológicas, quisimos hacer algo más personal: compartir nuestras experiencias con la comunidad porque, si algo ha demostrado Zelda en estos 40 años, es que cada jugador tiene su propia historia con Hyrule y ésta es la nuestra.
Yo soy Danup y te hablaré de varios momentos en los que la saga me conquistó, y también encontrarás testimonios de varios integrantes de LEVEL UP con los que seguramente te identificarás. Te invito a seguir leyendo, y tal vez sea necesario que consigas un pañuelo en la tienda de Beedle.

El cartucho con el sticker dorado y el descubrimiento de un nuevo mundo
Mi primer Zelda fue The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Antes no había escuchado de la saga y recuerdo muy bien que ver a ese “mono” vestido de verde en un mundo de hadas se me hacía algo muy similar a Peter Pan… pero con algo diferente que en ese momento no podía descifrar. Aún recuerdo ver el cartucho del título para el Nintendo 64 con su sticker dorado, la caja con varias fotos que me emocionaban y hasta su manual, que no me cansaba de leer una y otra vez.
Lo jugué a los 9 años, cuando llegó como un regalo para mi hermano mayor y para mí, así que lo estrenamos al mismo tiempo; claro, él jugaba y yo miraba porque era menor. Nunca olvidaré la primera vez que encendimos el juego y me sorprendió su intro completamente en 3D, con el Héroe del Tiempo montando a Epona, el recorrido de la cámara por Hyrule Field y esa cinemática con 2 brujas que en ese momento eran totalmente desconocidas para mí. Ahí, supe que una gran aventura me estaba esperando… cuando mi hermano me dejara tomar el control.

El juego se veía como algo importante, como una experiencia grande. Era una historia madura que, para esa edad, se sentía retadora. El impacto que me provocó fue tan grande que hasta la fecha recuerdo cada detalle de la entrega. Es el único juego que he terminado al menos 15 veces, ya que hubo un periodo en el que me propuse completarlo una vez al año, y siempre encontraba algo nuevo. Cada vez fue impresionante.
Los gráficos de ese tiempo me parecían impresionantes y todo se sentía real. Como dato curioso, recuerdo haber visto en ese entonces la película Más Allá de los Sueños, protagonizada por Robin Williams, quien también era un gran fan de Zelda. En esa cinta se menciona que cada persona crea un paraíso a su gusto después de morir. De niño, yo siempre decía que quería que mi paraíso fuera como el Hyrule de Ocarina of Time.
Por supuesto, hay otras personas que también se asombraron mucho desde el primer contacto con la saga, como nos cuenta el buen Oferthanos:
“Por aquel lejano año de 1993, una tía llegó de visita a mi casa. Traía consigo un Game Boy, y en dicho aparato (desconocido para mí) había un cartucho con una etiqueta que tenía un escudo, una espada y el nombre The Legend of Zelda Links Awakening. Cuando pude tomar el Game Boy y ponerme a jugar, me recibió una caricatura de un elfo que intentaba sobrevivir después de que el mar se llevara su barco, y empezaba su aventura en una isla desconocida. Éste fue mi primer acercamiento a la saga que se volvió mi favorita de los videojuegos, después de pasar horas y horas y horas y horas jugando y platicando con mi hermano para saber cómo pasar los acertijos y calabozos, que eran muchos y muy difíciles para mi edad. Pude terminar el título y después me enteré de que había más juegos como éste, así que fui a la plaza del árbol (la friki plaza de mi ciudad) a buscar y conseguir A Link to the Past. A partir de entonces todo es historia: seguí jugando y buscando todos los títulos que salían del héroe de Hyrule hasta hoy.”

Mi mayor susto, mucha competencia y una Radio Hyrule personal
Hay varias anécdotas que guardo con especial cariño y una que todavía me pone la piel de cucco. Puedo decir que The Legend of Zelda: Ocarina of Time es el juego que más me ha asustado… sí, en serio. La primera vez que entré al Forest Temple, en una sección específica apareció un mensaje en inglés que hablaba de unos monstruos. En ese momento no entendía muy bien el inglés, y simplemente lo quité.
De pronto, comenzaron a escucharse ruidos extraños y, de la nada, una mano negra enorme agarró a Link de la cabeza y se lo llevó mientras el personaje gritaba de una forma que me impresionó muchísimo. Yo también grité y hasta aventé el control del Nintendo 64. Mi hermano se enojó porque el control era de los 2, pero por suerte era muy resistente y no le pasó nada. Ningún otro juego me ha asustado igual, y vaya que pruebo muchos títulos de terror.
En esos años estaba en primaria, y siempre competía contra mis amigos para ver quién avanzaba más, quién conseguía más Gold Skulltulas o quién descubría más secretos. Ocarina of Time fue el juego del que más hablé durante el recreo. Cada templo terminado era un logro que presumir, cada secreto descubierto era motivo de conversación.
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Y la música… la música es prácticamente perfecta. Recuerdo que cuando tenía que hacer tarea encendía la tele, llevaba a Link al Fire Temple o a Gerudo Valley y soltaba el control sólo para escuchar los temas de fondo. Así armé mi propia Radio Hyrule, y las melodías de Koji Kondo se convirtieron en parte de mi rutina diaria.
También tenía la costumbre de ver jugar a mi hermano mayor casi todos los días, pero no me molestaba; era como ver una película impresionante. Prefería eso mil veces a las caricaturas de Canal 5. Lo bueno es que después de un rato me pasaba el control y entonces comenzaba mi turno.
Por lo visto, no fui el único que en un inicio tuvo que conformarse con observar y esperar su turno, como recuerda Santiago Villi:
“Mi primer acercamiento a los videojuegos fue con el NES de unos primos, pero como yo era más chico, casi nunca jugaba y realmente sólo miraba. Pude pasar muchísimas horas viendo cómo pasaban Contra, Circus Charlie y Super Mario Bros. 3; sin embargo, un día llegaron con una nueva consola: el Nintendo 64, y se pusieron a jugar The Legend of Zelda: Ocarina of Time.
Recuerdo perfectamente quedarme atónito al ver las cinemáticas y el bosque Kokiri, pues por primera vez en mi vida presenciaba un mundo en 3 dimensiones que podía ser recorrido casi en su totalidad. Como era costumbre, yo casi nunca tocaba el control, pero disfrutaba viéndolos completar los templos, recorrer el campo de Hyrule y, sobre todo, derrotar a Ganondorf.
Poco después, mi mamá me regaló el Nintendo 64 con varios juegos; entre ellos, Ocarina of Time. Aunque ya había visto cómo lo terminaron mis primos, para mí fue una experiencia completamente nueva y cada descubrimiento me voló la cabeza. Desde entonces, con cada sistema que saca Nintendo, el lanzamiento que más espero es un nuevo Zelda, porque se volvió mi saga favorita. Me cuesta creer que ya son casi 25 años desde que sentí esa magia por primera vez.”

La saga creció junto a nosotros
Hubo muchas entregas que me marcaron de distintas formas. The Legend of Zelda: Majora’s Mask me conquistó por su lado oscuro y trama impresionante y desgarradora, donde cada personaje tenía que aceptar su destino. Me enamoró la historia de Anju y Kafei, que considero una de las mejores misiones secundarias que he completado en un videojuego.
The Legend of Zelda: The Wind Waker me confirmó que siempre puedes encontrar lo que buscas, aunque esté perdido en un gran océano; lo importante es la perseverancia y el esfuerzo.
The Legend of Zelda: Twilight Princess se sintió como una experiencia mucho más madura que encajó perfectamente con mi adolescencia y la de muchos. Sentí que la saga estaba creciendo conmigo. De hecho, es la entrega que más he esperado después de ver su épico trailer en el E3 de 2004.

Después, The Legend of Zelda: Skyward Sword me mostró el origen de todo en la caprichosa línea cronológica de la franquicia y me permitió ver un lado mucho más humano de Link y Zelda.
Sin embargo, la marca que me dejó Ocarina of Time sigue siendo la más significativa. He vivido de todo con ese juego y es, sin duda, mi favorito y el más importante en todos los sentidos.
El jefazo Víctor Rosas resume todo este conjunto de sentimientos desde su propia trilogía (o Trifuerza) personal con 3 Zelda y 3 momentos:
A Link to the Past: llegué muy tarde a ese juego. Mis intereses en aquellos años estaban en las plataformas y la acción, pero no era ajeno a la obra de Miyamoto y su jardín miniatura. Lo recuerdo con cariño porque sirvió como tema para romper el hielo en los primeros días de secundaria y para formar amistades que siguen hasta hoy. Esta experiencia me deslumbró por su diseño de aventura, su reto y su tono épico.
Majora’s Mask: en mi versión adolescente y con un soundtrack de vida conformado por Nirvana, Pearl Jam y Alice in Chains, la obra de Aonuma cayó como anillo al dedo. Ocarina of Time era tan bonito y perfecto que me caía mal, pero Majora’s Mask era oscuro y depresivo. ¿La muerte se puede evitar? No, pero sí se puede retrasar, aunque eso tiene un costo muy alto. Transitar en un mundo con personajes que aceptan su inevitable destino para después evitar la catástrofe fue agridulce. Su vida siguió como si nada, pero nadie recuerda que Link los salvó.
The Wind Waker: fue la primera preventa que hice en mi vida como jugador. Ahorrando y esperando con ansiedad la llegada de un nuevo Zelda que, esta vez, sí tendría a tiempo y en el día de estreno. Es mi juego favorito de la saga. Un mundo enorme con temática marítima; lapsos de relajación y exploración llenos de detalles; un barco pirata fantasma; tantos secretos por descubrir y un final emocionante. Al diablo con quienes criticaron el diseño de arte; es una aventura que llevo en la mente y el corazón.”

Sin duda, The Legend of Zelda va más allá de una saga de videojuegos, ya que al igual que marca etapas personales, también ha sido un refugio emocional, incluso familiar. Shubert Doo, la voz más poderosa del LEVEL UP LIVE, nos comparte una historia que, como a mí, seguramente te llegará al corazón:
“Mi primer contacto con The Legend of Zelda comienza con A Link to the Past en SNES, un juego que para mi familia simboliza mucho porque está lleno de recuerdos de mi hermano fallecido Daniel. En esas épocas, los juegos no venían traducidos al español, así que mi hermano solía jugar todos los días con mi madre para ir descifrando la historia poco a poco, porque ella es de Belice y habla inglés nativo. Al fallecer mi hermano, su SNES y su TV dejaron de funcionar por completo, lo que nos hizo pensar que se llevó The Legend of Zelda para jugar para siempre en el paraíso.
En la actualidad, 31 años después, el cuarto de mi mamá está lleno de hadas en miniatura, y siempre viene esta conversación a la mesa. El día que le mostré cómo se ven las hadas en Breath of The Wild y la música que comienza a aparecer de la flor de donde emergen, mi madre no pudo contener las lágrimas por despertar tan dulce recuerdo.”
Como ves, en esto hay algo profundamente poderoso: Zelda construye recuerdos y también los preserva.

Una saga que se reinventa, evoluciona y sigue estando en la cima
Me convertí en periodista de videojuegos hace ya 5 años; sin embargo, mi forma de ver la saga cambió muy poco en este tiempo. Si antes creía que Zelda era algo grande, ahora lo confirmo con más argumentos. He jugado muchas franquicias y géneros, y eso me ha ayudado a reafirmar la grandeza de la creación de Miyamoto.
Durante este tiempo, he podido cubrir lanzamientos de la saga como The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom y Echoes of Wisdom. Tristemente, aún no he reseñado oficialmente un Zelda, pero reencontrarme con Hyrule una y otra vez, ahora desde otra perspectiva, es algo que sigo disfrutando.
Daniel Laguna también vivió un reencuentro especial y nos cuenta los detalles:
“En un momento de mi vida, los videojuegos dejaron de ser una prioridad y quedaron en segundo plano. Eso cambió con el lanzamiento de The Legend of Zelda: Ocarina of Time 3D, que trajo de regreso la mítica aventura que nos marcó a muchos en la infancia. Recordaba con cariño el juego de N64, así que la idea de revivirlo de manera portátil, con mejoras y un efecto 3D resultó irresistible.
Ver a Link y a Epona recorrer la pradera de Hyrule en mi Nintendo 3DS, con la música de Koji Kondo de fondo, fue una experiencia que me hizo recordar lo genial que son los videojuegos. El título me ayudó a reconectar con uno de mis pasatiempos favoritos, pero también con aquellos días cuando era pequeño y los videojuegos eran una verdadera ventana a mundos desconocidos que quería descubrir.
Simbólicamente, fue un viaje en el tiempo como el de Link, que me permitió recordar cómo los videojuegos habían estado presentes a lo largo de toda mi vida y comprender que abandonarlos era un error.”

Ulises Contreras también encontró su punto de quiebre y nos relata cómo fue:
“Podría decir que entré tarde en la fiesta de The Legend of Zelda. Sí, conocía la franquicia y había visto diversos videos en YouTube de las entregas clásicas, pero realmente jamás me interesé en ella porque mis gustos se inclinaban por los títulos de lucha y shooters. Supongo que era una cuestión generacional.
Todo cambió cuando jugué Ocarine of Time 3D en mi Nintendo 3DS en aquel lejano 2011. Rápidamente me di cuenta de por qué muchos consideran esta aventura de Link como uno de los mejores videojuegos de la historia. La trama, los personajes, la música, el diseño de niveles y la ambientación fueron elementos que me cautivaron de inmediato, y lo mejor es que disfruté la mejor versión del clásico de Nintendo 64. Efectivamente, no sufrí con el infame Templo de Agua debido a la facilidad de cambiar de botas con la pantalla táctil.
Este primer acercamiento fue suficiente para que me animara a probar Majora’s Mask, Four Swords, Twilight Princess, Skyward Sword y otros títulos en los años posteriores. Además, me empapé del lore con un sinfín de videos en YouTube. Sin darme cuenta, me había convertido en un fanático. Por estas y otras razones, el remake de Ocarina of Time ocupa un lugar muy especial en mi corazón y es mi título favorito de la serie.”

Por otro lado, el tuzo mayor, Pedro Cesari, fue testigo del efecto que provoca un juego de Zelda y confirmó que se disfruta más en compañía:
“La forma en que sé que un juego verdaderamente me tiene atrapado es cuando pienso en él incluso cuando mi consola está a kilómetros de distancia. He referenciado este hecho en un montón de reseñas y estoy seguro de que no soy el único al que le pasa algo así. Y es que me parece hasta natural que cuando algo te enamora no puedas dejar de pensar en eso.
Bueno, la primera vez que me sucedió fue con The Legend of Zelda, en específico con la serie Oracles; francamente estaría mintiendo si te digo que estoy seguro de que fue en Ages o Seasons, pero creo que fue con el primero. El punto es que logró meterse en mi mente de una forma que ningún otro juego había hecho; estaba en clases dibujando de memoria el cuarto en el que estaba atascado; platicaba con mi mamá, mis amigos y hasta maestros intentando encontrar una solución, una solución que terminó llegando en un sueño.
En retrospectiva, el acertijo tenía una solución muy sencilla, pero esa pequeña obsesión fue el principio de algo. Entendí que The Legend of Zelda siempre ha sido tan mágico que se disfruta más si lo compartes. No importa si es compartiendo aventuras o teorías con amigos o presentando la franquicia a un ser querido. Zelda es un vehículo para grandes épicas y también para crear comunidad.”

También hay historias de redescubrimiento en las que uno vuelve a donde fue feliz, como el caso de Mr. Dino:
“Cuando jugué por primera vez The Legend of Zelda fue en un Game Boy Advance SP. No tenía muchos juegos y dio la casualidad de que justo encontré The Legend of Zelda: The Minish Cap en el puesto de un mercado. Cuando lo vi, no le tenía fe, pero era el único que estaba a buen precio. Cuando lo jugué y tuve mi primer acercamiento con la franquicia, me di cuenta de lo equivocado que estaba y de la aventura que me estaba perdiendo. Esa experiencia y decisión hicieron que me volviera fanático de la franquicia y traté de adquirir la mayor cantidad de juegos disponibles de The Legend of Zelda en Game Boy. Después, los perseguí en Nintendo DS y Game Cube, pero mi lado nintendero se fue hacia otra parte y les perdí la pista hasta que regresé a Nintendo Switch. Después de un largo descanso, la franquicia volvió con Breath of the Wild, que fue una ráfaga de aire fresco que me llevó a recordar por qué me encanta.
Es un viaje con diferentes aventuras y propuestas que recomiendo no saltarse.”

The Legend of Zelda cuando más lo necesitaba
The Legend of Zelda: Breath of the Wild significó una evolución tremenda en la fórmula tradicional. Estrené mi Nintendo Switch con ese juego y fue de los últimos que he disfrutado 100% en años. La libertad que ofrece es enorme; si hay un juego moderno que debe probarse al menos una vez, es este.
The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom llegó en un momento muy complicado de mi vida. En los meses y hasta años anteriores al estreno del título, enfrenté problemas físicos en la espalda que me marcaron y que aún me afectan de vez en cuando. No podía estar mucho tiempo sentado o acostado, y las sesiones largas de juego me provocaban muchas molestias. Como imaginarás, ésto me distanció poco a poco de los videojuegos. Perdí la motivación de jugar y no podía comprometerme con terminar ningún título.
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Recuerdo que, antes del lanzamiento, en mayo de 2023, estaba muy deprimido por esa situación; no tocaba mis consolas y hasta parecían simples objetos que sólo acumulaban polvo. Había una esperanza: si un juego podía regresarme esa motivación y ese gusto por jugar, era un Zelda.
Cuando finalmente llegó Tears of the Kingdom y comencé a jugarlo, mi panorama cambió. Las molestias físicas seguían ahí, claro, pero aun así quería jugar hasta donde mi cuerpo lo permitiera. Ningún otro juego logró eso en años. Puedo decirlo sin miedo a exagerar: esta entrega me devolvió el gusto por los videojuegos y me ayudó a enfrentar una etapa muy difícil de mi vida.

40 años de leyendas inolvidables
Por todo esto, The Legend of Zelda es más que una saga. Es algo en lo que millones de personas, el staff de LEVEL UP y yo nos hemos recargado para avanzar en distintas etapas de nuestra vida.
Para mí, y para muchos, Zelda es la cumbre de los videojuegos. Me ha dado muy buenos recuerdos, me acompañó en situaciones complicadas, influyó en mi forma de ser y tuvo un papel importante para que hoy trabaje en el medio que más me apasiona.
Puedo decir que llevo una parte especial de cada entrega conmigo. Sigo disfrutándolas todas y ya deseo conocer lo que viene. Estoy seguro de que en cada ocasión que pruebe un nuevo Zelda sentiré esa misma emoción que cuando vi por primera vez Ocarina of Time en mi Nintendo 64.
Han pasado 40 años desde que comenzó esta leyenda y aún hay mucho que contar. Después de todo este tiempo, la pregunta sigue siendo la misma:
¿Qué significa Zelda para ti? Cuéntanos en los comentarios.