Castlevania cumple 35 años

Un homenaje al terror que trascendió por cuenta propia


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Las leyendas se originan cuando algo es distinto a lo cotidiano o trasciende por alguna virtud excepcional; en el caso de Castlevania, la premisa se cumple, sobre todo en una era cuando la manera de hacer videojuegos era poco clara. En 1986, Konami lanzó el juego para el Famicom Disk System, posteriormente salió un port para el Famicom, y así fue como el legado de Simon Belmont llegó a nuestro continente.

Castlevania comenzó como un juego de acción plataformera fuertemente inspirado en el cine de terror, además de la clara referencia a Drácula como la manifestación del mal. Esta tendencia por llenar con referencias a las criaturas de la pantalla grande derivó en un concepto original que se desarrolló años más tarde, pero al principio bastaba con que el protagonista tuviera motivos para liberar un pueblo atormentado, aprovechando la cercanía de los jugadores con estos seres de ficción y con Vlad Tepes, su equivalente histórico.

El origen de los Belmont se remonta al pasado y es abordado en juegos posteriores como Castlevania: Lament of Inocence y Castlevania III: Dracula’s Curse, pero el primer capítulo nos sitúa en 1691, cuando Simon Belmont armado con su látigo, Vampire Killer, acude al castillo de Drácula para cumplir su misión heredada. Esto ocurre cada 100 años con la aparición de los aposentos del ser maligno.

El primer juego de la saga no fue tan revolucionario como sus secuelas porque era lineal y no dejaba claras las reglas que se repetirían en los llamados metroidvania, pero sorprendió por incluir características únicas para la época de los 8 bits. Una de las más comentadas fue la posibilidad de encontrar secretos si cumplías con ciertos requisitos, como saltar en un lugar específico, destruir bloques o agacharte por unos segundos. Piénsalo: era una época en que no había guías o videos en internet donde consultar detalles de los juegos, así que si encontrabas algo así por tu cuenta, seguro te volaba la cabeza y era algo digno de presumirse con amigos.

También es interesante la distribución de los niveles y su diseño. Desde el principio, el juego dejaba claro que tendríamos que recorrer un gran castillo, así que pensamos en escaleras, sótanos y muchos cuartos con una atmósfera gótica. Es evidente que las limitantes del sistema obligaron a que los diseños se adaptaran a las herramientas disponibles, lo que resultó en niveles coloridos, pero con buenos detalles. Por ejemplo, cuando Simon llega al castillo vemos la construcción sumergida en las sombras bajo la luz de la Luna; al entrar recorremos un segmento del patio y después, vemos ventanales con algo de desgaste. En el camino notamos que creció hierba en las paredes y que hay esqueletos de prisioneros que pasaron a mejor vida. El concepto estaba bien establecido: no buscaba desviarse al horror, sino que aprovechaba esos recursos para enriquecerlo.

Recorrer el castillo era sencillo, pero al tener esa esencia de plataformas era normal que, tras dar un mal salto cayeras directo al abismo. Naturalmente hay momentos llenos de frustración donde estás bien seguro de dar un salto preciso, pero resulta que te faltó un milímetro para superar un precipicio o el clásico instante en el que una cabeza de medusa te golpea para arruinarte el día. Algo que me gustaría recalcar es que los niveles estaban llenos de vida. Además de las plataformas en movimiento, mazas con picos que caían de techo y todo tipo de peligros, los escenarios estaban repletos de enemigos. Esto hacía que estuvieras activo en todo momento, en lugar de solo caminar sin parar.

Las peleas con los jefes podían ser un dolor de cabeza
Las peleas con los jefes podían ser un dolor de cabeza

Castlevania era un juego retador, pero me atrevo a decir que su dificultad era adecuada, sobre todo si tomamos en cuenta lo desquiciante que eran algunos títulos de la época como Mega Man 2 o Ninja Gaiden. Había momentos tensos en que tenías que afinar tus sentidos para esquivar y castigar a los monstruos, pero también había formas de eliminarlos en segundos. Un ejemplo es cuando enfrentabas a Frankestein e Igor, donde el pequeño demonio se la pasaba saltando por todo el escenario lanzando proyectiles mientras tratabas de golpear a su compañero hasta la muerte. Intentar acabar con él era prácticamente un golpe de suerte, pero si utilizabas el agua bendita, Igor desaparecía y terminar con Frankestein era cuestión de segundos.

Un punto a favor de Castlevania son sus jefes, pues están inspirados en criaturas de ficción, como vampiros, momias, Medusa y la Muerte. Igual que con Frankestein e Igor, derrotarlos era cuestión de estudiar sus patrones, y lo mismo ocurría con Drácula, que esperaba al final del castillo. Para vencerlos, Simon tenía armas secundarias, como cuchillos, una cruz y agua bendita. Su uso era limitado y podían mejorar con sellos especiales. En ocasiones, podían marcar la diferencia, pero el Vampire Killer cumplía muy bien su función.

La música del primer Castlevania tiene su encanto, pero debo confesar que no me gustó del todo. No me malinterpreten, Vampire Killer y Wicked Kid son sublimes, pero Bloody Tears de Castlevania II: Simon Quest me parece una obra maestra difícil de superar hasta la fecha.

Algo que hay que tener presente es que Castlevania fue un fenómeno muy arriesgado porque tocó temas prohibidos, y fue censurado: recordemos que el nombre original era Akumajō Dracula, traducido como El Castillo demoniaco de Drácula. De cualquier manera, conservó elementos como las cruces y el agua bendita. Por si fuera poco, puede ser considerado un homenaje al terror hollywoodense, e incluso se convirtió en un referente en el momento de crear videojuegos.

Simon Belmont a punto de enfrentar su destino
Simon Belmont a punto de enfrentar su destino

Castlevania es una de las sagas que guardo con cariño en el corazón. Aunque no estoy tan empapado de su paso por el 3D, su línea del tiempo en 2 dimensiones me parece hecha a escala artesanal; me refiero a que de verdad hay mucho trabajo y detalles ocultos simplemente para el deleite del jugador. Si bien su evolución ha sido irregular, hay grandes títulos que debes jugar por su calidad. Mis favoritos son Castlevania III: Dracula's Curse, Castlevania: Symphony of The Night, Castlevania: Rondo of Blood, Super Castlevania IV, Castlevania: Dawn of Sorrow y Castlevania: Order of Ecclesia.

Hasta la fecha, Castlevania se mantiene vigente con una serie de Netflix, pero le urge renovarse y presentar nuevas propuestas. Ojalá que Konami reviva la franquicia con un nuevo juego digno, aunque es complicado si tomamos en cuenta que los títulos más recientes son 2 pachinko, recopilaciones y una entrega para dispositivos móviles. Por otro lado, tenemos la visión de Koji Igarashi con Bloodstained: Ritual of The Night, una secuela espiritual que retoma la experiencia del productor en un solo paquete. Una buena alternativa que se agradece, aunque se siente como un producto diferente.

Así terminamos este paseo por la historia. Cuéntanos si jugaste Castlevania y cuál es tu favorito. Si quieres leer más sobre artículos relacionados, da clic aquí.

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