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Interrogantes caprichosas

¿Cuáles diferencias puedes observar entre las dos imágenes de arriba? Además de una evidente evolución visual, estos dos ejemplos marcan 25 años de avances tecnológicos, millones de líneas de código y un entendimiento más profundo del entretenimiento del pixel. Ambos son considerados videojuegos, pero los métodos para su creación distan entre sí y la tecnología usada en cada uno es completamente diferente, pero además su circunstancia en la actualidad es dispar; los títulos clásicos se daban el lujo de incurrir en gráficas simples y control poco realista, de los modernos se espera realismo visual y mundos edificados a partir de motores con física real. Expuesto de otro modo, en nuestros días es deseable que toda propuesta se traduzca en una simulación de la vida, aún si se trata de tiernos muñecos de felpa como en LittleBigPlanet.

Es interesante mirar a la industria en su vertiginosa carrera por alcanzar el realismo, en espera de? ¿qué exactamente? ¿Que alguien confunda un juego con una película? Por más anhelo que exista, el medio es diferente y se presenta en términos distintos. ¿Acaso lo que se espera es que la gente no se percate de que está jugando? Tomar el control, sentarse frente al televisor y estar rodeado de distractores nos saca de cualquier nivel de inmersión que se pueda generar. Pareciera enigmático que las compañías estén tan obsesionadas con representar la realidad dentro de los juegos de video, pero la respuesta, además de las exigencias del negocio por apelar a una constante renovación, está en las oportunidades narrativas que brinda la creación de experiencias, la manipulación de una representación humana y la posibilidad de entregarla a través de ambientes fantasiosos. El objetivo final es hacernos sentir parte del juego en lugar de colocarnos como simples espectadores.

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En la búsqueda de realismo hay severos inconvenientes que trascienden el avance de la tecnología, como la fiel representación ocular del personaje; los cambios son tan diversos que es difícil programar con certeza cada uno, además de que aún no existe...

Realidad intangible

Así las cosas, este apego al realismo se ha convertido en una herramienta principal de ventas, mientras los desarrolladores se las ingenian para plasmar cada vez un mayor número de polígonos con el hardware disponible, y cuando la secuela de una franquicia no alcanza una mejora visual, como fue el caso de Call of Duty: Modern Warfare 3, hay quejas y ácidas críticas al respecto. Sin embargo, y a pesar de que usamos el término con pueril libertad, el realismo no es un concepto fácil de definir, en especial en el ámbito de los videojuegos donde se expone de manera contradictoria. A pesar de las exigencias por algo más ?realista?, hay una tendencia dirigida a pasar por alto muchos de los evidentes aspectos irreales del juego. En el shooter convencional no importa cuántas veces muera tu personaje, siempre revivirá sin modificaciones a sus condiciones de existencia y algo aún más inverosímil, con cartuchos recargados; al estrellar un auto en Need for Speed: The Run puedes continuar la carrera desde el punto del accidente, cuando en la vida real el impacto hubiera dejado al vehículo inutilizable, ni se digan las deplorables condiciones del conductor.

La sensación de realidad implica muchos factores, y a efecto práctico, cada estudio utiliza diferentes técnicas para envolvernos, aunque la más recurrida y directa, en términos cognoscitivos, es la pertinente al aspecto gráfico. Este es un medio audiovisual, pero aún cuando se han explotado otros recursos para estimular nuestra capacidad sensorial, y como si se siguiera el viejo dicho ?ver es creer?, al intentar capturar nuestra atención se alude a la importancia de la apreciación óptica.

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La imitación de la realidad debe tener límites, si es fiel en cada aspecto podría entorpecer la experiencia de juego y en lugar de divertida, terminaría siendo tormentosa

Interacción fundamental

Sin embargo, la percepción visual desnuda es insuficiente para hacernos creer que estamos en un mundo real, es necesaria una interacción que resulte creíble a nuestra experiencia y percepción. Los objetos se reconocen a través de acciones, y si entras lanzando explosivos en una habitación tapizada de mobiliario y al final todo quede intacto, queda la certeza de que el ambiente virtual es ficticio, sin importar que los sillones irrompibles estén creados en base a millones de polígonos. Remitirse a gráficas impresionantes no basta, es necesario fundamentarse en un ambiente interactivo que busque lo mismo.

Chris Crawford (eminente desarrollador ochentero y fundador de la Game Developers Conference) escribió en 1982: ?los juegos representa una porción de nuestra existencia real; son sistemas formales que crean una representación emocional de la realidad, deliberada y subjetivamente simplificada, en la que la precisión objetiva es sólo requerida en tanto extienda la fantasía del jugador?.

Con este fundamento, las herramientas (díganse controles de cualquier tipo) se convierten en una extensión del cuerpo humano una vez que la persona ha dominado su uso. Para un invidente, su bastón deja de ser objeto externo y se transforma en parte de una experiencia, está consciente de la posición del elemento en el espacio físico y es un acceso virtual a otras cosas. Lo mismo sucede con los dispositivos de control, son una articulación más en la anatomía del jugador, por ello es fundamental que sean accesibles para las manos y estén bien diseñados, tanto en configuración física como dentro del juego; un título que no provee un proceso de aprendizaje sutil, es considerado fallido.

Por otro lado, el valor de una propuesta poco realista descansa en que debemos estar más al pendiente del entorno que rodea a nuestro protagonista en pantalla y aprender qué tan alto brinca Mario, cuántos disparos ?de cada tipo de arma? puede soportar un COG antes de caer o cuál es la resistencia de Alan Wake al correr. Un videojuego es un ambiente simulado que sigue una serie de reglas; los jugadores aprendemos a manipular esos lineamientos para nuestro beneficio, de ahí surge la diversión inherente en estos complejos juguetes de la era digital. Justo como en un pasatiempo lúdico de la vida real, todo se basa en aprender, dominar y finalmente, conquistar las normas.

En resumen, las preguntas pertinentes a realismo gráfico o correspondencia con una realidad externa, son menos relevantes que la interacción ?o gameplay?, pero aún si abordamos sólo la perspectiva visual, hay muchas e interesantes atenuantes.

Engaño seductor

Tras el telón de la guerra en Karkand, en una esquina recóndita del planeta Sera o entre los mágicos bosques de Hyrule, se esconden aberraciones gráficas que desfiguran el aparentemente sólido espacio hasta dejar una caótica tormenta de polígonos, al mostrar muros enteros que se distorsionan en tanto la cámara se sale completamente de control. No se trata de un simple error de programación, mucho menos de elementos olvidados por los desarrolladores cuando dieron carpetazo al proyecto, es simplemente un recurso ineludible que atañe al entretenimiento del pixel desde que se dio el salto a ambientes tridimensionales. Sin distinción entre ejemplos como Battlefield, Gears of War o The Legend of Zelda, lo que vemos en pantalla es una fachada para llenar huecos en la que edificios y personajes por igual se muestran como simple utilería a modo de obra teatral y aquello que se levanta en el horizonte, es sólo una cortina de ilusión visual.

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Durante mucho tiempo se ha abusado del término realista como si sinónimo de calidad, algunos al grado de pensar que un juego sólo podría ser perfecto si imitara cada aspecto de la vida real

Lo que percibimos como ese mundo vivo dentro del videojuego es, por supuesto, un elaborado artificio, pero uno tan bien construido que logra sumergirnos en la ficción. Envueltos en fantasía, el grado de farsa se vincula directamente con el nivel de realismo visual; si consigue lucir como una fotografía mayor será el espejismo ante nuestros ojos. Es un engaño del que somos víctimas, pero que a nivel instintivo no podemos evitar, el realismo nos apela, nos atrae, nos identifica, es atractivo, es provocativo y familiar.

Es así como durante las últimas dos décadas hemos sido testigos de un progreso monumental en las capacidades tecnológicas dentro del ámbito de los videojuegos y el aprovechamiento de recursos a favor de crear propuestas cada vez más realistas. Año con año nos beneficiamos con avances en calidad gráfica y simulación perfeccionada; caso ejemplar es el de Forza Motorsport 4, cuyos autos son fidedignos a la contraparte real, su maquinaria funciona como la de auténticos vehículos y la conducción es extremadamente similar a la de los carros del mundo exterior. En otros casos los árboles son construidos hoja por hoja, en tanto los juegos de disparos nos trasladan a la ambientación casi genuina de una guerra, permitiendo destrucción de numerosos elementos del escenario para apoyar la noción correspondiente.

Pero llegaremos a un punto en que el foto realismo alcance su cenit, cuando los pastizales sobre los que se desplaza nuestro avatar se mueva como maleza auténtica, el cabello sea absolutamente natural y desaparezcan los glitches gráficos. La incógnita es qué sucederá cuando la diferencia de millones a billones de polígonos sea imperceptible al ojo humano y termine ese extenso maratón que comenzó hace décadas. Las especulaciones son salvajes, pero el hecho es que las posibilidades se están agotando.

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Entre menos sean las herramientas disponibles, mayor la explosión creativa al plasmar los elementos en pantalla, las limitantes de las consolas han hecho que con apenas algunos pixeles o pocos polígonos se hagan maravillas

Nueva dirección

Sacudamos por un momento los cimientos de realismo visual y credibilidad gráfica; después de todo, un juego por más conteo poligonal que incluya, nunca será legítimamente real; incluso una fotografía, ese trozo de celuloide expuesto a la luz, está más vinculado con la realidad física que los videojuegos, que son representaciones, aproximaciones artificiales. Es provocativo preguntarse qué sucedería si en lugar de un mayor número de aproximaciones sutiles para imitar la estética real intentaran mostrar diferentes formas de percepción o nuevas ideas de la realidad.

La persecución por el foto realismo ha sido terreno firme para edificar impresionantes experiencias de juego, pero también ha establecido límites, sustentando el éxito gráfico dependiendo de su aspecto, dejando atrás el verdadero valor estético. No es una regla universal, pero sin duda se impone como la tendencia preponderante y una moda difícil de superar. Lo irónico es que este conflicto ya sucedió con anterioridad en otro ámbito primordial y que antecede al entretenimiento del pixel: las artes visuales; cuando se inventó la tecnología fotográfica y fue posible capturar instantáneamente la realidad intacta, el territorio de la pintura comenzó a perder relevancia, empujando a los artistas a una búsqueda de nuevas formas de expresión.

Alcanzar los límites del realismo provocó una revolución y permitió que se fijaran nuevos horizontes. El foto realismo conservó su importancia, pero artesanos como Chuck Close, Audrey Flack y Richard Estes no se conformaron y usaron la cualidades visuales de la fotografía para criticarla y distorsionar las imágenes desde enfoques creativos y por demás interesantes. Claude Monet y los impresionistas usaron trazos visibles para evocar textura y explorar las cualidades dinámicas de la luz; aquellas obras causaron que el espectador tuviera una experiencia completamente diferente a la de un retrato fotográfico. Los videojuegos, por su parte, son capaces de desafiar nuestra percepción del mismo modo, como los saltos de dimensión en Super Paper Mario, el intercambio de fondos que caracteriza a Lost in Shadow, o la estética en cel-shaded de Okami y The Legend of Zelda: The Wind Waker. Todos son presentaciones abstractas que subvierten las expectativas del jugador en vez de rendirse a ellas. Propuestas del tipo Where Is My Heart o Continuity 2: The Continuation pueden erigirse como una respuesta al cubismo, con sus múltiples ventanas moviéndose a nuestra discreción.

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El lanzamiento de constantes ediciones en HD es una respuesta a la necesidad de revalidar títulos de antaño que por sus gráficos arcaicos, no llaman tanto la atención de las nuevas audiencias

Cierto es que los juegos ultrarrealistas, atestados de polígonos en alta definición y con ambientación que imita a la perfección el mundo tienen su propósito, sería ilógico pensar que disfrutarás mejor una sesión de Aliens vs. Predator si tuviera paleta de colores pastel y arte reminiscente al de Cezane, cuando el frío realismo fílmico crea la ambientación perfecta.

Romper con el cliché de realismo ofrece posibilidades infinitas, pero mientras los desarrolladores más importantes de la industria no cambien el esquema tradicional, la revolución tardará en llegar. Por supuesto, antes habría que preparar la ideología colectiva, pues al final, las estéticas vanguardistas te atrapan, y lamentablemente no siempre son comercialmente exitosas, en oposición al realismo ?junto a los temas bélicos y una temática actual?; la evidencia es clara, Modern Warfare y Battlefield se venden por millones, en tanto obras propositivas como Mirror?s Edge, El Shaddai u Okami obtienen ventas deprimentes.