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El impacto del 11 de septiembre en los videojuegos
Por Rodrigo Villanueva elDel Reino Champiñón a la Guerra del Terror

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Si bien, el de los videojuegos sigue siendo un pasatiempo catalogado como solitario y enajenante, basta con hacer una breve pausa antes de introducir el siguiente disco en la consola para darse cuenta de que hoy, más que nunca, el entretenimiento electrónico está marcado por la influencia del mundo externo y de un evento en particular: los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
Justo ahí, junto a tu Forza, tu LittleBigPlanet, tu FIFA o incluso tu Mario, seguramente yace una copia de Homefront, Resistance, Call of Duty o Medal of Honor. ¿Qué tiene que ver esto con unos extremistas que se inmolaron hace más de una década? Todo. Y si nos vemos muy analíticos, la situación geopolítica global, la economía y la psicología de masas, eso también se ve reflejado en la existencia misma de dichos productos y tu decisión de comprarlos.
La razón es muy simple: juegos de ese tipo no serían iguales o quizá ni siquiera estarían en tu librero de no ser por el eco aún resonante de la negra mañana de martes en la cual no solamente se derrumbó un símbolo de la Unión Americana como las Torres Gemelas, también una buena parte de nuestra percepción del mundo.

No somos ingenuos. Sabemos que Halo, Medal of Honor y Grand Theft Auto ya estaban en el horizonte desde antes de estos hechos, pero eran sólo parte muy específica de un repertorio variado de experiencias, mismo que de unos años para acá se ha hecho cada vez más homogéneo, y abordaban sus respectivas ficciones de un modo muy diferente.
¿Qué cambió? La respuesta inmediata sería: los desarrolladores y las distribuidoras, pero también tendríamos que agregarnos como consumidores.

A raíz de los atentados del 11 de septiembre, y producto de eventos subsecuentes como la Guerra contra el Terror, con la cobertura mediática sin precedentes que la acompañó, la visión del mundo giró violentamente. Esas guerras que antes se libraban sólo en las novelas o los documentales, nuevamente sacudían la realidad y además podían seguirse en vivo y en directo a través de las transmisiones por televisión.
El efecto inmediato de esto fue un trauma colectivo en la psique estadounidense que de principio intentó mitigarse negando deliberadamente toda referencia al 11 de septiembre. Así las cosas, títulos como Grand Theft Auto III, Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty o incluso Flight Simulator tuvieron que ser modificados para retirar de ellos todo aquello que recordara a la catástrofe que acababa de suceder. Pero a largo plazo, otro legado fue el de una perspectiva mucho más cruda de las cosas. Y es que ahora se sabe que el enemigo ?sea cual sea? existe y puede atacar en cualquier momento y más cerca de lo que imaginamos.
Con esto, la tendencia en el entretenimiento y los videojuegos pasó de la fantasía y los libros de historia, al realismo, puesto que ya no tenía tanto sentido alimentar masivamente la imagen de un mundo rosa cuando violentamente se nos había hecho saber que eso era un espejismo, y tampoco era rentable perpetuar el retrato de la Segunda Guerra Mundial, si había ya nuevas conflagraciones con las cuales el consumidor podía relacionarse más directamente.
Ahora hasta los superhéroes son personajes verosímiles, y ni qué decir de sus antagonistas, diseñados hoy más a imagen y semejanza del terrorista que a la del villano de cuento de hadas.

Así fue como del ícono de la maldad en los videojuegos de disparos que era Hitler, pasamos a antagonistas como el separatista Khaled Al ?Asad o al terrorista Vladimir Makarov en Modern Warfare; a Faruk Al-Bashir en Battlefield 3; o al propio Al-Qaeda en Medal of Honor. Todos, con una conexión árabe y pertenecientes a series que antes se situaban en la Segunda Guerra Mundial.
Pero el impacto del 11 de septiembre en los videojuegos no siempre es literal. El sólo hecho de que hoy las guerras acontezcan en ciudades verdaderas es un testimonio más de las nuevas tendencias en diseño narrativo que vinieron con los ataques terroristas, y probablemente fue debido a eso que la Quimera de Resistance terminó por invadir San Francisco y también el Covenant a Reach ?un planeta similar a la Tierra?, título cuya mercadotecnia abanderada por la fórmula ?Recuerden Reach? es una analogía de las campañas de apoyo a los héroes que dieron su vida durante el Martes Negro. Hasta Ace Combat hizo un paréntesis en su tradicional conflicto ficticio entre Emmeria y la República Federal de Estovakia, para situarse durante su más reciente entrega, Assault Horizon, en la realidad, con niveles situados en África Oriental y también con una invasión a Estados Unidos.
Incluso podemos advertir un cambio en la cinematografía de los videojuegos, pues ahora para darle credibilidad a los hechos dentro de un título, los interludios suelen rescatar elementos de corte noticioso como los que marcaron esa fecha o en su defecto, toman la cámara al hombro como recurso visual para causar impacto, algo que podemos ver en las películas, y hoy también en el entretenimiento interactivo, como por ejemplo en Army of Two: The 40th Day, donde algunas secuencias acontecen en plano secuencia, pero también en Ghost Recon: Future Soldier, donde el estallido de un misil en Londres se retrata con la cámara de un supuesto videoaficionado.

Naturalmente, es Modern Warfare el que más ha explotado todo el concepto. Su más reciente iteración retrató la Tercera Guerra Mundial con toda la espectacularidad que pudo y desde luego Nueva York fue el epicentro de las hostilidades ?de hecho, hay un nivel llamado ?Martes Negro??. Esa primera escena donde un proyectil golpea el tope de un edificio mientras nuestro personaje lo observa atrapado en un vehículo es casi idéntica a aquella donde un incauto hombre que platicaba con alguien en las calles de la Gran Manzana repentinamente voltea al cielo justo en el instante en el que el segundo avión comercial hacía impacto. Y no dejemos pasar tampoco el asunto del aeropuerto en Modern Warfare 2, donde, con el pretexto de transmitirle al jugador una perspectiva más completa de la historia, se podía tomar parte de un ataque terrorista dentro de una terminal aérea rusa. Es decir, para algunos juegos el terrorismo se volvió el aliado número uno, así como también la ficción de una invasión a Estados Unidos, después de todo, a raíz del 11 de septiembre, ese tipo de escenarios ya no solamente eran plausibles, sino probables.
Lo anterior nos lleva irremediablemente a reconocer que además del trauma colectivo y la visión cruda de la realidad, hubo otro legado, mismo que por incómodo quizá nadie se atreve a poner sobre la mesa: el 11 de septiembre se convirtió en excusa para alimentar el morbo de los consumidores, ese apetito un tanto retorcido por contemplar curiosamente la desgracia.

El 11 de septiembre fue, sin duda, uno de los eventos más dramáticos en la historia moderna, pero también uno de los que más atención recibió en el mundo entero, así que con los años el videojuego ?nada tonto? quiso recrear algunas de esas condiciones de malsano espectáculo para ser relevante y atraer nuestra atención? y lo lograron. No está en tela de duda que muchos de esos mismos títulos, que a expensas de la guerra cumplen con sus metas de venta, pretenden también rendir un homenaje, pero simultáneamente hacen de la hipotética invasión a Norteamérica y de la imagen del héroe ataviado con un rifle y un casco, un auténtico show interactivo? esto es entretenimiento después de todo. No somos inocentes. El videojuego hubiera llegado al mismo punto tarde o temprano, pero quizá debido al 11 de septiembre alcanzamos la comercialización del drama apocalíptico y beligerante mucho más rápido.
Mientras los juegos de deportes tienen recursos como los Madden Moments Live o el EA Sports Football Club Match Day para vincular su simulación con la realidad, los FPS encontraron en la beligerancia y la noción de una guerra mundial a gran escala un camino fácil y directo a la relevancia. Todo, gracias a lo que pasó ese día y en los años posteriores, sin mencionar que las campañas contra el terror por supuesto que exaltaron el nacionalismo y le devolvieron al marine anónimo el aura de heroísmo que por muchos años había permanecido guardada en el ropero a falta de una razón por la cual volver a la trinchera. Por eso ahora la imagen del soldado sin rostro es también una de las más usadas como portada.

Y así podríamos seguir adelante por muchas líneas, desmenuzando e identificando detalles que claramente son producto del nuevo espíritu de realismo, beligerancia y crudeza en el cual quedamos todos inmersos luego de esos atentados. GTA IV tiene sus caminos cerrados al comienzo porque hay una amenaza terrorista y en la radio frecuentemente ?a manera de sátira? se escuchan noticias sobre el semáforo de alerta; el próximo Rainbow Six explorará el terrorismo doméstico en los Estados Unidos; en Splinter Cell: Blacklist, Sam Fisher tendrá que desarticular una organización de extremistas; ya anunciaron que el primer DLC de Medal of Honor: Warfighter tendrá niveles inspirados en la persecución de Osama bin Laden y la lista seguirá.
Llámenle trauma, llámenle desahogo, llámenle inspiración o morbo, lo cierto es que esos 3 aviones comerciales que cayeron de los cielos el 11 de septiembre de 2001 dejaron una huella muy profunda en la mente de todos, consumidores, distribuidores y creadores por igual, simplemente porque se trató de un evento de proporciones jamás vistas que superó a la ficción y, por irónico que pueda parecer, al final del día terminó por alimentarla; después de todo, los videojuegos son eso: ficción, aunque tristemente ahora sea una quizá demasiado apegada a la realidad.
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