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El siguiente paso evolutivo en la industria de los videojuegos
Por Daniel Dehesa elEspeculemos con la siguiente generación de consolas

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Hace mucho tiempo, en una galaxia de pixeles muy cercana? las nuevas consolas se lanzaban en ciclos tan constantes que la gente no tuvo alternativa que acostumbrarse, tres años y su flamante plataforma ya era obsoleta; el proceso favorecía el progreso, pero se volvió extenuante para los entusiastas, hasta que llegaron los vientos de cambio a romper con la tradición.
En oposición al resto del ámbito tecnológico, la última década ha supuesto una marcada desaceleración para la industria de los videojuegos en términos de renovación técnica. Evidencia clara, han transcurrido siete años desde que inició la séptima generación y aún es incierto lo que depara el futuro. Indiscutible que el avance se ha direccionado por nuevas vertientes, como controles con sensor de movimiento, reconocimiento de voz y estereoscopía, todos a favor de ampliar la oferta, pero la médula del entretenimiento ?la plataforma per se? sigue estancada, en tanto los fabricantes sacian la sed de novedad con simples revisiones, versiones renovadas con sutiles ajustes que subsanan las fallas a la vez de mejorar las cualidades que ya cautivaron nuestro amor. Así las cosas, los lapsos se han extendido considerablemente, exponiéndonos a una escena impredecible pero más excitante que nunca.
Muralla a la creatividad
Para compensar esta ausencia de evolución tecnológica, dentro de la industria del pixel se ha sostenido un constante y sólido desarrollo gráfico, amén de ofrecernos experiencias cada vez más realistas o en su defecto, de mayor realce visual. Lamentablemente la capacidad de los artífices del videojuego es tanta como las limitantes de su lienzo, y acorde con el sentir de genios del calibre de Naughty Dog, DICE o Crytek, se ha exprimido hasta la última gota de potencial en las consolas de actual generación, lo que significa que por más dedicación o ingenio inyectados en proyectos venideros, será difícil que veamos mejoras en la presentación gráfica de lo que jugamos, al menos mientras no exista una auténtica actualización del equipo.

Dentro de este panorama, los diseñadores del pixel a todos los niveles están decididos a dar el siguiente paso evolutivo, pero no sólo en el área creativa, también en la fabricación de hardware, una muestra de tal decisión es el énfasis de Nintendo por arrebatar una tajada del mercado de la alta definición con su Wii U, y como si ello hubiera alborotado el panal, las abejas de la industria comienzan a levantar expectativa ante lo que vendrá en los próximos meses de parte de los máximos competidores del gigante de Osaka: Sony y Microsoft.
Se dice que cuando hay humo, es porque fuego arde, y pareciera no haber refrán más idóneo cuando la fumarola de rumores y especulaciones en torno al desarrollo inminente de la siguiente generación de consolas no puede ser más sofocante. Pero a pesar de la constate lluvia de comentarios, ideas y opiniones, a la luz de la incertidumbre lo más conveniente es basarse en fundamentos sólidos al tratar de pronosticar lo que nos depara, y aunque siempre es maravilloso ponerse a soñar, es más deleitable saborear la realidad del mañana con hechos sustentables.
¿Futuro cercano?
Antes de comenzar a formular especulaciones, veamos lo factible de la proximidad para esta octava generación de consolas, tomando en cuenta los antecedentes de lo sucedido hasta ahora con la actual.
Recordemos que a pesar de tener apabullante éxito en nuestros días, Microsoft y Sony pasaron por un doloroso proceso de aprendizaje a partir de la salida de sus dispositivos; el Xbox 360 se lanzó demasiado pronto y por ello recibió un fuerte impacto negativo en términos monetarios y de reputación, resultado de una calidad de manufactura insuficiente ?y que en consecuencia provocó el caótico anillo rojo de la muerte?, lo que al final significó una pérdida de más de mil millones de dólares para la compañía de Bill Gates. Bajo el mismo contexto, el PlayStation 3 se constituyó como una maquinaria en exceso complicada y por demás costosa, la cual además de salir un año más tarde que su competidor directo, debió someterse a constantes rediseños (en su mayoría internos) para remover características y así, reducir costos; a estos problemas se sumó una intrincada arquitectura de programación, llevando a que desarrolladores de toda índole consumieran demasiado tiempo antes de lograr comprenderla y dominarla.

Es evidente que ambas compañías aprendieron de sus errores y sería lógico pensar que no cometerán los mismos, pero entonces llega un tercer elemento, repitiendo una vez más la historia, si bien en un contexto completamente diferente. Es bien sabido que entre los factores para apresurar la salida del Xbox 360 hace media década ?además de tomar la delantera?, estuvo la presencia del Wii; sin imponer la misma actitud revolucionaria, el sucesor Wii U representa un riesgo para la competencia, y aunque en inicio parece que no arrebatará exclusivas, limitándose a ser hogar de traslaciones de juegos ya existentes, tanto Microsoft como Sony podrían considerar oportuno adelantar sus planes buscando imponer una nueva superioridad tecnológica e intentando frenar el ímpetu de Nintendo.
Por otro lado, estamos frente al apogeo de las dos plataformas en alta definición, con ventas en números óptimos y los márgenes de ganancia, al fin libres de las fallas del pasado. Escapa a la razón que se diera cierre tan abrupto a una generación que en el campo financiero aún tiene mucho que ofrecer a sus creadores y por supuesto, a la audiencia. Con este precedente, veamos qué nos espera en la siguiente etapa de la historia de los pixeles interactivos.
Más rápido, más fuerte, más barato
Si tenemos como referente lo dicho en la primera página, el tipo de hardware que podemos esperar en la siguiente generación estará determinado por la fecha de lanzamiento. La razón es simple: con el paulatino paso del tiempo los procesos de manufactura del silicón se tornan más refinados, lo que se refleja en más transistores dentro de un espacio exactamente igual. Esto significa chips más potentes, de menor consumo energético y a un costo inferior; dicho de otro modo, mejor desempeño en tamaño, poder y precio.
Inicialmente Xbox 360 y PlayStation 3 se arrojaron al mercado con CPU (procesador central) y GPU (procesador gráfico) creados en arquitectura de 90 nanómetros; si los sucesores del par de consolas se lanzan en 2012, sus núcleos de procesamiento serán relativamente efectivos en relación costo-poder, gracias a la fabricación bajo esquema de 32 nanómetros. Esto último representa ocho veces el poder de cómputo y almacenamiento temporal. Nada despreciable, pero es inútil emocionarse, ya que de programarse una aparición en 2013, hay una gran posibilidad de que los fabricantes de chips rompan la barrera de los 22 nanómetros, entregando 16 veces los transistores por milímetro cuadrado que en las consolas actuales, y sólo para remarcar la importancia de este aspecto, la relación numérica hace mucho más que duplicar las capacidades que sin llegar a magnitudes exponenciales, se inclina en esa dirección.

Por supuesto, los dos constructores de plataformas tuvieron complicaciones de costo y confiabilidad al comienzo de la presente generación, así que no sería descabellada la decisión de reservarse en la inversión de tecnología, a favor de poder y tamaño más conservador. Para mala fortuna del consumidor, eso conlleva a limitantes considerables, en especial el hecho de que al adquirir los productos de nueva generación posiblemente no tengamos lo más actual en tecnología; no es para preocuparse y desgarrar mantos, la diferencia en conteo de polígonos es cada vez menos notoria, y el abracadabra de incontables estudios por otorgarnos los gráficos más impresionantes rendirá frutos en forma de juegos de lanzamiento mejor presentados y con mayor producción, siempre y cuando tengan de inicio un ambiente de programación tanto flexible como accesible.
Es fácil especular sobre modelos específicos o el tipo de arquitectura, pero es prácticamente irrelevante si no somos desarrolladores. Es cierto que las máquinas del futuro próximo estelarizarán un aumento al cuádruple en desempeño, en tanto las gráficas serán ocho veces más poderosas, aun considerando que estarán en resolución 1080p y no el escalado ?y por demás penoso? 720p. La interrogante es qué se hará con el nuevo equipo, y la preocupación surge de un desafío vigente.
Experiencia superior
El principal dilema con toda consola es la cantidad de RAM, esa piscina de almacenamiento de datos que de ser óptima, permite desplegar en pantalla mayor número de elementos y texturas de más resolución, pues en toda la historia del entretenimiento del pixel ninguna la ha incluido en cantidad considerable. A la fecha, el talón de Aquiles para los desarrolladores es la carencia de memoria en consolas, lo que dificulta la programación de mejores experiencias para el usuario. En otras palabras, menor RAM se traduce en cantidad y calidad de gráficos, animaciones, audio y contenido de la Inteligencia Artificial. Y sólo por hacer una comparativa a favor de la necesidad imperante de aumentar considerablemente tal recurso en la siguiente generación, el iPhone 4 contiene la misma cantidad (512MB) que las consolas actuales. Es un hecho que se doblará o triplicará, pero a la vez la presentación visual está sujeta a un aumento en resolución de casi el doble, por lo tanto, aunque el número aumente, seguirá limitando la magnitud de niveles y texturas. En la elaboración de la consecuente etapa de plataformas, sería imprescindible dedicar parte del presupuesto a incrementar la dosis de memoria, no sólo porque se trata de uno de los componentes más costeables, sino porque es el principal elemento para alargar la vida de la consola, marcando una sustancial distinción en lo que puedan crear los desarrolladores a corto y largo plazo.

Es importante recalcar que cada generación tiene un arco de vida definido, los primeros juegos lanzados siempre se consideran experimentales por la naturaleza de exploración que enfrentan los desarrolladores; en la segunda etapa, transcurrido aproximadamente un año, comienza el dominio de las herramientas; en última instancia, tras dos o tres años, da inicio la explosión creativa, cuando en completo control de los recursos, los estudios pueden jugar con nuevas ideas que expriman al máximo las capacidades del hardware. El desenlace es más que evidente, títulos ejemplares como UNCHARTED 3, Battlefield 3 y Crysis 2 lucen espectaculares, en tanto dictan la tendencia de cuáles trucos usar para crear el engaño de experiencias que casi parecen de la siguiente generación. Pero los impedimentos siguen presentes hasta que se implementen el uso de instrumentos más eficaces como DirectX 11, habiliten efectos PhysX, teselación y otros procesos de postproducción ?ya disponibles para PC?, la profundidad del realismo será ilusoria.
La última interrogante radica en el esquema de almacenamiento. Estamos frente a una revolución en métodos de distribución, así que aunque la industria depende primordialmente de la venta de software en formato físico, el consumidor tiene a disposición cada vez más opciones de descarga: juegos, temas, parches, contenido descargable y elementos de personalización, por poner unos ejemplos. Según algunos analistas, se debería superar de una vez por todas el paradigma de multimedio físico, imitar la estructura de Steam en PC y recurrir a la obtención de contenido por adelantado, desbloqueable en la fecha de lanzamiento; pero los pronósticos para que suceda son grises, tanto por la experiencia negativa que se dio con el PSP Go como por la necesidad de una estandarización global de conexiones de amplio ancho de banda. Descargar actualizaciones por la noche es factible, hacer lo mismo con títulos que van de 8.5GB (DVD de doble capa) hasta 25GB (tamaño de un Blu-ray) raya en lo obsceno. En definitiva, la infraestructura actual no funcionaría para un proceso de tal magnitud ni para el esquema de negocios y por tampoc con la capacidad de disco duro ?tomando en cuenta que entre más grande mayor el tiempo de acceso.
El futuro es incierto, enigmático y afortunadamente, emocionante. De primera impresión luce poco prometedor tomando en consideración que pasamos por una época de inestabilidad financiera; arriesgarse implica la posibilidad de perder cientos de millones de dólares y hacer malabares para recuperarlos; existe una alta probabilidad de que Microsoft y Sony ?el CEO de este último lo dijo en algún momento? busquen jugar a la segura, implementando tecnología probada y de manufactura barata. Pero si se enfocan los recursos en los componentes adecuados y sobre todo, se crea un ecosistema de programación mejor diseñado (pedir unificado es demasiado), no cabe duda, recibiremos juegos y experiencias impactantes, superiores a las actuales en todo sentido. Ahora sólo falta esperar.
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