A veces las cosas están tan cerca, que nos es imposible verlas, ya sea que una emoción nuble la vista o que la codicia llegue a oscurecer el corazón de una persona, eventualmente te das cuenta de que esto no es más que una ilusión, y lo único que se necesita es alejar algunos sentimientos para que la situación se aclare, o bien, que la mano de un ser amado disipe las tormentosas nubes que oscurecen tu corazón.

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Podrías pensar que soy el hijo del maestro Azuma, que la sangre ninja corre por mis venas como la de cualquier miembro del clan, pero en realidad mi familia era un enemigo del reino que ahora protejo. Cuando yo era solamente un bebé, el líder del clan Azuma y muchos ninjas experimentados recibieron la orden de terminar con la vida de un samurái, aquel guerrero era mi padre, y la doncella que presenció esa muerte con terror en sus ojos era mi madre. Ambos murieron rápidamente y sin que el resto de los habitantes de la casa se dieran cuenta, su muerte haría mucho más bien a la tierra de Gohda del que hubieran podido hacer en vida.

Pero cuando el maestro Azuma estaba por silenciar a un pequeño bebé, vio su frágil cuerpo y sintió lastima por él, decidió cuidarlo como su propio discípulo, lo llamó Chikara (fuerza) con la esperanza de que ese ser tan débil se convirtiera en un gran ninja capaz de proteger estas tierras. Para lograrlo, me sometió a intensos entrenamientos que incluían sesiones de práctica contra Tatsumaru, mi hermano dentro del clan y un valioso shinobi.

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A través de este riguroso entrenamiento, Azuma me convirtió en un valioso ninja para la aldea e incluso estuve presente mientras el cambio de liderazgo entre Azuma y Tatsumaru se llevó a cabo; no podía pensar en alguien mejor que él para llevar el mando de la siguiente generación de ninjas de la villa, me sentía honrado por pertenecer al mismo clan que ellos.

Con el cambio de poder llegaron noticias y órdenes, el líder de la familia Gohda acababa de morir, su hijo que era el heredero legítimo del trono, había encontrado la resistencia de su tío, Motohide, para reclamar el puesto, ese traicionero individuo estaba por lanzar un ataque contra su sobrino, quien pidió la ayuda del clan Azuma. Era nuestro deber auxiliar al líder de estas tierras, ya que se había mostrado justo con su pueblo y un líder digno de gobernar.

Al llegar al castillo, Tatsumaru me encomendó la tarea de asegurarme de que nuestro señor estuviera bien, no podría haber pedido un honor más grande, así que inmediatamente me abrí paso por el caos que inundaba el lugar. Mientras me acercaba a la locación de mi señor, escuché como peleaba contra su tío, así que apresuré el paso e intervine en la contienda derribando a Motohide, una vez que estuvo en el suelo me dispuse a terminar con su vida, pero mi señor, que tiene un corazón demasiado bondadoso, se interpuso entre el filo de mi espada y la carne de su tío y recibió una herida; de esta manera permitió que escapara mientras yo atendía a un hombre con un corazón digno de cuidar.

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Conseguí llevar al emperador fuera del castillo y lejos del peligro, pero esto fue sólo para recibir terribles noticias; al parecer, un reino vecino gobernado por el gran señor Toda, estaba atacando desde la frontera, seguramente para aprovechar el estado de conflicto en la región. Una guerra contra tantos enemigos provocaría la muerte de demasiadas personas inocentes, era urgente terminar con la situación rápidamente, así que pensé cortarle la cabeza a la serpiente, asesinando a Toda en su propio campamento.

Al llegar, confronté a un ninja de Toda llamado Suzaku, pero aunque nuestro encuentro fue breve, al entrar en el santuario observé su cadáver junto al de Motohide; generalmente cuando encuentras dos monstruos muertos significa que un héroe los ha derrotado o un ser más grande habita en las cercanías. Desafortunadamente, este mundo cuenta con pocos héroes.

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El aire se llenó con los sonidos de batallas distantes, así que me apresuré en esa dirección; durante mi avance me encontré con Ayame que llevaba a la princesa Kiku a un lugar seguro. Mientras me acercaba a la batalla pude distinguir la figura de Tatsumaru que peleaba contra una mujer, pero antes de que lograra aproximarme lo suficiente, ambos cayeron al mar, parecía que ningún hombre podría sobrevivir a esa caída, pero Tatsumaru no era cualquier persona.

Después, la tierra se encontró en momentos difíciles, una rebelión se llevaba a cabo y muchas personas intentaban sacar provecho de la situación, incluso llegó el informe de que algunos piratas estaban secuestrando a los habitantes de una villa para obligarlos a trabajar como esclavos. Esta atrocidad no podía quedar impune, así que me infiltré en el lugar e hice correr la sangre de los bandidos por una cueva que albergaba un oscuro secreto.

Un guerrero enmascarado me atacó, peleaba como un demonio y su estilo era sumamente familiar. Eventualmente reconocí la espada que portaba, era Izayoi, la espada que sólo el líder del clan Azuma debía portar. Cuando mi oponente retiró la máscara de su rostro, confirmé que era Tatsumaru; aquel al que alguna vez consideré mi hermano ahora peleaba al lado de unos bandidos y se hacía llamar Seiryu, el Dragón Azul y señor de la rebelión conocida como The Burning Dawn. Tal vez si hubiera podido intercambiar algunas palabras con él, le habría hecho recuperar la conciencia, pero se desvaneció en el aire como un verdadero ninja del clan Azuma.

Salí con el cuerpo tan herido como el espíritu, pero aún así había mucho trabajo por realizar, más aun cuando el enemigo tenía a Tatsumaru de su lado, así que emprendí una búsqueda en un templo cercano, que según recientes informes había sido atacado por The Burning Dawn. Mientras me encontraba en esta misión, llegó una de nuestras aves mensajeras con una noticia: la villa del clan estaba bajo un intenso ataque.

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Corrí tan rápido como pude, pero al llegar no había un solo ruido que dejara evidencia de alguna vida en el lugar, lo único que escuché fue algo que provenía de la habitación de mi maestro. Entré y no podía creer lo que veía, Tatsumaru había herido a nuestro maestro con la espada que él mismo le había entregado, la furia se apoderó de mi ser al punto de casi matarlo, pero cuando estaba por asestar el último golpe, no pude contener mis emociones; Tatsumaru era mi hermano, la persona con quien había pasado toda mi vida entrenando, no podía terminar con él, sin embargo, una vez que notó la duda en mis ojos, aprovechó el momento para atacarme y cortar mi ojo derecho.

La sangre escurría por mi rostro y empezó a mezclarse con las lágrimas. Veía la vida de Azuma escapar de su cuerpo; lo último que dijo era que debía recuperar la espada, pero que para enfrentar a Tatsumaru, era necesario pelear sin que los sentimientos nublaran mi conciencia.

Con la ayuda de Semimaru, logramos rastrear a Tatsumaru hasta un gigantesco barco de The Burning Dawn, y encontramos a Ayame cerca de ese lugar, su mirada era extraña, mostraba determinación y una mente tan clara que sólo podía envidiarla. Le comenté mis planes para enfrentar a Tatsumaru, pero ella me dijo que en mi estado emocional sólo lograría que me matara, Ayame era muy joven, pero mucho más madura que yo, no tenía otra opción más que aceptar que fuera ella quien enfrentara a nuestro antiguo aliado.

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Avancé por el barco mientras eliminaba uno a uno a docenas de ninjas enemigos, nunca supieron qué fue lo que sucedió. Eventualmente, logré encontrar una vez más a Ayame, tenía a Izayoi en una mano y el cadáver de Tatsumaru a su lado, arrojó la espada en mi dirección, y tomándola me encaminé para terminar con la líder de The Burning Dawn, Lady Kagami, quien había peleado con Tatsumaru y lo había engañado cuando éste perdió la memoria, haciéndole creer que era sólo una rata como ella, en vez de un orgulloso shinobi del clan Azuma.

Peleamos para poner un fin a esta rebelión, Kagami demostró ser un buen oponente pero eventualmente sucumbió ante el poder de Izayoi, fue en ese momento cuando comprendí que ahora yo era el líder del clan Azuma, era mi responsabilidad y honor continuar con el legado que mi maestro había construido.