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Los últimos días han sido muy japoneses y muy calurosos. Al lado de mis compañeros de LEVEL UP he recorrido las calles de los principales barrios de Tokio, visitando los lugares donde todo videojugador tiene que estar cuando tiene la oportunidad de venir a Japón. Uno de ellos es el Biohazard Cafe & Grill S.T.A.R.S., un restaurante temático de la serie Resident Evil (conocida en Japón como Biohazard); éste se encuentra en Shibuya (pronúnciese 'shibuia', no 'shibulla'), conocido por ser el centro de la moda y la vida nocturna de los jóvenes. Cuando fuimos a conocerlo, Gárgamel, canófilo empedernido, tuvo el acierto de rogarnos porque lo lleváramos a conocer la estatua de Hachiko, el famoso perro japonés Akita, que acompañaba diario a su amo, el profesor Hidesabur? Ueno, a la estación de tren en Shibuya y ahí lo esperaba hasta que regresaba de trabajar y se iban juntos a su casa. En 1925, el profesor no volvió a la estación debido a su muerte repentina, y Hachiko lo esperó en la estación del tren durante 9 años, hasta que murió también. La lealtad de Hachiko se hizo famosa, primero entre los lugareños y después se extendió debido a que un periódico publicó un reportaje. En 1934 se le hizo un homenaje en vida a Hachiko, erigiendo una estatua de bronce en la estación donde esperaba, sin embargo, debido a la carestía causada por la Segunda Guerra Mundial, el gobierno tuvo que desmantelar y fundir la estatua para usar el bronce. En 1948, el hijo del escultor de la primera estatua, hizo una segunda y se colocó en el lugar original, y es la que existe en la actualidad. Además de eso, una de las 5 salidas de la estación del tren de Shibuya se llama 'Hachiko', en honor al honorable perrito.

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Después de recibir nuestra dosis de buena suerte (ya que, según se dice, sólo se esperan cosas buenas después de tomarse una foto en la estatua de Hachiko), fuimos al Biohazard Cafe & Grill S.T.A.R.S., que está como a 5 minutos caminando desde la estación, en el séptimo piso de la tienda departamental PARCO. Este lugar abrió apenas en julio de 2012 y, la verdad, nos dio muy buena espina. La recepción estaba del todo temática, con primeras planas del periódico de Raccoon City enmarcadas, vitrinas con memorabilia de Resident Evil (playeras, litografías, llaveros...), la guapa recepcionista disfrazada de Jill Valentine... de hecho, la emoción era mayor porque el restaurante, es decir, las mesas, la cocina y todo lo demás, no está a la vista, sino detrás de una puerta con el símbolo del biorriesgo (que, por cierto, fue creado en 1966 por la corporación Dow Chemical Company). El precio para entrar es de ¥3,700 JPY ($48 USD) para hombres y ¥3,300 JPY ($42 USD) para mujeres, si es que quieres un bufé con platillos como la 'Ensalada mixta de hierbas rojas y verdes', los 'Fideos originales S.T.A.R.S.' (la versión de Jill, 'sólo para chicas, con un sabor suave y tierno que hace que recuerdes tu infancia', o la versión de Barry, sólo para chicos, con 'su sabor picante, muy adictivo'), el 'Postre estilo Rebecca', el 'Helado exclusivo de Wesker' y, por supuesto, toda la barbacoa estilo Raccoon City que te quepa en la panza. Pero si no tienes hambre y nada más quieres ir a relajarte con tus compañeros después de una ardua sesión de limpieza de zombis por las calles, puedes tomar el servicio de bar, donde pagas un cover de ¥500 JPY ($6 USD) y puedes pedir bebidas sin alcohol, como la Aruka's 98 (soda de cereza), Wind Crest (jugo de piña con naranja) o Leche con chocolate de la granja Raccoon; también hay cocteles (sin nombres temáticos) y cervezas, servidas en vasos con el logotipo de S.T.A.R.S. y RPD.

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Y es que, para que la experiencia de venir a este restaurante sea aún más complaciente con los visitantes y fans de la serie, se supone que el bar está en Raccoon City y únicamente los agentes vienen a echar el brindis después de trabajar. Al menos así es la descripción en el menú, que reza así:

"Raccoon City es un pueblito suburbano en las montañas Arkley, en algún lugar del centro de Estados Unidos. La ciudad ha sido fuente de muchos incidentes extraños. Para combatir estos incidentes, la policía de Raccoon City reclutó una unidad de fuerzas especiales llamada S.T.A.R.S. (servicio especial de tácticas y rescate, [por sus siglas en inglés]). Los miembros de S.T.A.R.S. trabajan duro todos los días para evitar que las amenazas lleguen a Raccoon City. CAFE & GRILL S.T.A.R.S. fue creado específicamente como un punto de descanso para el personal de S.T.A.R.S. Nadie más tiene permitido el acceso."

Todo suena demasiado bien para ser verdad, ¿no? El problema es que no está bueno. Cuando la recepcionista nos llamó, con su despampanante caracterización de Jill Valentine, nos dirigió a la puerta que nos llevaría al paraíso gamer, y en su papel, con un nivel de capacidad histriónica de 0.0% con el que casi nos advirtió que lo que diría a continuación no se le había ocurrido a ella y que sólo estaba haciendo su trabajo, nos abrió la puerta, respiró profundo y, con cara de 'esto me pasa por no acabar la preparatoria', nos dijo: "bienvenidos, agentes, al bar de S.T.A.R.S., esperamos que disfruten su estancia"; pero nunca dejó de sonreír, la pobre. ¿Qué había del otro lado de la puerta? Un restaurante de 4 por 4, con 10 mesas y diseñado con el mismo estilo, gusto e ingenio que un Denny's; eso sí, decorado con toda la intención de hacerlo parecer bien temático; muchas armas enmarcadas, réplicas de las que se usan en el juego; una chamarra de S.T.A.R.S. en una pared y en la otra un mapa bien austero de Raccoon City; al fondo, unas vitrinas con estatuillas (2) de los acertijos del juego, la máquina de escribir donde se salva el juego y una granada. Y cintas amarillas por doquier con las iniciales del departamento de policía de Raccon City. La atracción principal: Tyrant de tamaño real dentro de una vitrina, al fondo del lugar. Con música de Spice Girls y Hanson, nos sirvieron las bebidas y veíamos las piernas de las meseras disfrazadas, no por pervertidos, sino porque no había más qué hacer.

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De pronto, dieron la tercera llamada. Iba a haber show. "A lo mejor se pone bueno", pensé. Y no pudo ponerse mejor (en el sentido negativo). Las meseras salieron por la puerta y empezaron a bailar con una coreografía chafísima Spice Up Your Life de Spice Girls, al mismo tiempo que mi mandíbula encontraba nuevos límites para abrirse. Esto era tan ridículo, que empecé a esbozar la sonrisa que precedía una carcajada explosiva, pero la tuve que contener porque un agente de S.T.A.R.S. como yo jamás heriría así los sentimientos de sus compañeras. De pronto se apagaron las luces y sonó una alarma; las chicas reaccionaron mientras la voz informaba que Tyrant estaba por escapar de su celda. Las agentes tomaron las armas de la pared y empezaron a disparar hacia el cristal de la vitrina, que resulto ser una pantalla que mostraba efectos especiales, como humo, lasers y agujeros de bala. Las chicas, echándole ganas a su chamba, involucraron al público e invitaron a 2 clientes a dispararle al Tyrant junto con ellas (los clientes que habían pagado el bufé, por supuesto). La contingencia terminó favorablemente para todos, se encendieron las luces, siguió la canción de las Spice Girls, las meseras bailaron un minuto más, nos dieron las gracias, nos llevaron la cuenta, se nos cayeron los calzones, les dijimos "que se los pague su abuela", no nos entendieron, pagamos y, decepcionados, nos fuimos. Pero ahora que tuve que recordar la nochecita, me volví a reír. La verdad es que fue una experiencia muy extraña y estoy seguro de que no hay ningún lugar como este fuera de Japón. Creo que los fans de Resident Evil saldrán satisfechos de ahí (no felices, no embelesados, sólo satisfechos) y como videojugador, la verdad, para bien o para mal, es algo que no se puede dejar de ver.

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Pícale al 2 para que veas cómo vive el Japón videojugador un veterano como yo.

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Fue en el verano de 1996 cuando vine a Tokio por primera vez. Tenía 17 años y me apasionaban los videojuegos. Me gustaba también ver anime (el que se podía encontrar en televisión abierta en ese entonces) y también le echaba el ojo a los mangas cada vez que podía ya que, en aquella época, había que ir un poco más allá del esfuerzo normal para encontrar historietas o animaciones japonesas o estar al día con las novedades. Pero los videojuegos eran mi prioridad a la hora del ocio. Viví el lanzamiento del Nintendo 64 en Japón (a América llegó en septiembre); el sistema llegó a las tiendas con sólo 3 juegos: Super Mario 64, Pilotwings 64 y uno de damas chinas o algo así. Fui a comprarme el sistema a Akihabara, conocido como 'el pueblo eléctrico'. Antes solía ser el lugar ideal para comprar eletrodomésticos y refacciones a muy buen precio, y a mediados de la década de 1990, uno podía ver mares de gente, entre el escándalo de las ofertas y las luces de los negocios; salas de arcade llenas, con los juegos de peleas de moda que para probarlos había que hacer filas de decenas de minutos. Tiendas de videojuegos nuevos y viejos y memorabilia de ellos por doquier. Compré, en esa ocasión, el N64 con los 2 juegos y un par de CD de música de videojuegos, Dragon Quest; en esos días, dentro de tiendas como Tower Records o HMV, había estantes dedicados exclusivamente a música de videojuegos (y no eran pequeños).

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A lo largo de la década de 2000, vi la transformación gradual de Akihabara. No visitaba Japón desde 2007 y mi visita en esta ocasión al pueblo eléctrico me dejó en shock, y no de buena manera. Las calles parecen muertas si las comparo con las que vi hace 16 años. Toda la algarabía desapareció, o al menos parece que se reubicó dentro de los grandes almacenes; a penas quedan rastros de lo que fue este barrio alborotado. En lugar de ver pantallas con los videojuegos del momento a las puertas de los negocios, ahora a duras penas hay 2 o 3 por cuadra, con videos del grupo pop de moda, AKB48, o algún anime. En algunas esquinas se pueden ver empleadas disfrazadas de trabajadoras domésticas (las famosas 'maids') ofreciendo panfletos que invitan al turista a visitar los Maids Café, restaurantes temáticos y medio voyeuristas para el otaku contemporáneo. Nunca vi la avenida central de Akihabara tan apagada para los videojugadores. Y dentro de los establecimientos la cosa es mucho peor; las salas de arcade casi históricas, como la de SEGA o Taito, son el cementerio de los peleadores callejeros.

Los primeros pisos, escandalosos, con máquinas de premios para pescar con las pinzas (los famosos UFO Catcher), máquinas de huevitos (gashapon), con uno que otro cliente, pero los pisos donde se supone que ocurre la acción, parecen pueblos fantasma. Juegos de baile y ritmo, como los de tambores (Taiko) o el recién estrenado Maimai, sin mucha demanda, mientras que el piso donde están los juegos de pelea, como Super Street Fighter IV, Tekken Tag Tournament 2 o Blazblue, completamente vacíos. Hasta arriba, donde se hacen torneos con juegos especiales, como los de Gundam o Dragon Ball Heroes, son los más vivos, aunque quizá destaca su actividad debido al contraste con el resto de los niveles. El peor momento para mí llegó cuando fuimos a una tienda que suelo visitar cada vez que vengo a Akihabara; la infalible Liberty, donde siempre encuentro extraordinarios videojuegos de segunda mano a buen precio. Además de que fui por un control de Neo Geo, quería que el equipo de LEVEL UP conociera la tienda, paraíso gamer. Entramos en el lugar y se me heló la sangre: lo que antes eran estantes con joyas relucientes se había convertido en una sala de espera como de dentista, con sillones, recepción y un nuevo sistema, donde sólo había fotocopias con listas de los juegos disponibles y, tras elegir, había que pedírselos al encargado. En las listas sólo se encontraban títulos de PS2, PS3, Wii y Nintendo DS o 3DS. Muchas películas, anime, CD en los catálogos, pero nada más. Mi corazón estaba hecho añicos.

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Al final encontré una tienda, de las pocas que quedan, con videojuegos viejos. Ahora están vendiendo una consola donde se pueden jugar títulos de Super Famicom (Super Nintendo) y Famicom (Nintendo), con pantalla integrada y con forma de control de SNES. Ahí vendían algo de memorabilia y muchos juegos retro; tenían también el control de Neo Geo que buscaba, pero estaba tan deprimido que no lo compré. Lo que alguna vez fue un campo verde, fértil y florido, ahora es un desierto para mí. Y creo que esta situación de Akihabara, donde ahora sólo parece haber interés en AKB48 y Hatsune Miku, es un reflejo de lo que ocurre en el mercado de videojuegos en general aquí en Japón. La consola más popular ahora es el Nintendo 3DS, pero el mercado de los videojuegos casuales para smartphone está creciendo a una velocidad increíble. En mi primer día en el piso de exhibiciones del Tokyo Game Show 2012, vi que compañías grandes, como Sony y SEGA, tenían espacios amplios para este tipo de juegos (en el caso del primero, PlayStation Mobile es una gran apuesta), mientras que la compañía GREE, especializada en títulos para plataformas móviles, tiene uno de los espacios más grandes del show. Y cuando le pregunté al productor de Tekken, Katsuhiro Harada, cuál es el siguiente paso para sus juegos, dijo que aunque va a buscar mejoras en los gráficos y la física, está interesado en hacer algo para los smartphones, buscando que los juegos para estas plataformas tengan la mísma calidad técnica que los juegos para consolas. "Pienso que en 3 años no habrá diferencia", me dijo.

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Estos días he estado reflexionando sobre el tema. Me pregunto si es en realidad una crisis de la industria en Japón la que causa que los juegos de plataforma ya no sean innovadores, o la escasez de lugares para el videojugador, o la aparente falta de interés por este pasatiempo; quizá sea sólo mi perspectiva, la de un videojugador de vieja escuela que está ante el inevitable cambio generacional. "¿Qué tanto están haciendo los jóvenes japoneses dentro del tren, que nada más están como bobos viendo quién sabe qué en sus smartphones? Deberían tener una portátil, un 3DS o un Vita, o bajarse en la estación que sigue y meterse a las salas de arcade y revivirlas. ¡Están matando al mercado de los videojuegos!" Cuando me sorprendo pensando eso, me doy cuenta del cambio. Tal vez es en sus smartphones donde está la diversión. La verdadera diversión. La diversión actual. Como cuando mi abuelita me veía jugando videojuegos mientras me decía "¿qué no te ataranta esa musiquita? ¿No te aburres? ¡Deberías salir a jugar!". Quizás los videojuegos no se han ido, sólo se cambiaron de lugar. Y, por fortuna, sonrío al ver que no soy un anciano terco. Lo que más he jugado en los últimos meses ha sido The King of Fighters i en iOS. Añoro el pasado, pero ni modo. Vamos al futuro, pues.

El tiempo es corto, así que les dejo mis 3 fotos favoritas del viaje de LEVEL UP por Tokio. La siguiente entrega de J-Level también será desde Japón. Sigan aquí la cobertura especial del TGS 2012.

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Éste es un mingitorio de una sala de arcade en Akihabara, donde si le atinas al circulito mientras miccionas, puedes dejar un récord. Carita feliz
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Un luchador japonés vendiendo cervezas en Odaiba
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Búscale...

???

(Owari, o séase, fin)