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La lección de hoy es: no hagas enojar a tus empleados. Hace unas semanas, en la prefectura de Nagano, el centro de emergencias recibió por la noche una llamada de una izakaya local (izakaya, pronúnciese 'izacaia', son los bares adonde los japoneses suelen ir terminando de trabajar, para combeber); los clientes empezaron a sentirse muy mal y temían lo peor. ¿Qué pasó? Los servicios de emergencia llegaron y atendieron al grupo de jefes y gerentes que se estaban echando su sake tranquilamente cuando empezaron a sentir mareos, náuseas y de un momento a otro estaban respirando con dificultad al grado de la agonía. Los habían envenenado. Después de interrogar a los empleados del lugar, uno de ellos confesó que había cometido un error, llenando el tokkuri (la jarrita de cerámica donde tradicionalmente se sirve el sake) con cloro para limpiar el piso en lugar de licor de arroz. De los 9 jefes afectados que no pudieron diferenciar los líquidos debido a que ambos son transparentes, 5 tuvieron que ser hospitalizados y 2 recibieron un tratamiento menor por envenenamiento, aunque al final nadie resultó herido de gravedad. Las víctimas comentaron que notaron un aroma extraño en la última tanda de sake, pero estaban tan borrachos que no pudieron evitar seguir bebiendo. ¿Fue un accidente? Tal vez. Pero, de acuerdo con investigaciones posteriores, tal vez se trató de una venganza por encargo de alguno de sus subordinados o quizá los mismos empleados del lugar tuvieron la iniciativa por sentirse maltratados por sus clientes.

Sucede que existe un precedente; hace algunos meses, en otra izakaya de la prefectura de Niigata, 2 hombres, de sesenta y tantos años más o menos, estaban terminando su día brindando con sake cuando una de las rondas les provocó un intenso dolor en la garganta. En aquella ocasión nada grave sucedió, pero la policía indagó un poco más y descubrió que uno de los contenedores de sake había sido rellenado con cloro en lugar de la bebida alcohólica. También se manejó como un accidente, pero la policía castigó al establecimiento, clausurándolo por 3 días. Con el segundo incidente y otros que, se dice, no se han reportado, parece que cobrar venganza contra los jefes, emborrachándolos y luego hacerles la mala pasada, podría convertirse en una moda en las izakayas.

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La segunda lección de hoy: no bajes software sospechoso. Hace unos días, la policía liberó a Masaki Kitamura, uno de los directores de anime que trabaja para el estudio Sunrise y que ha dirigido obras como Gundam 00, Tiger & Bunny y Planetes. ¿Por qué lo arrestaron, para empezar? Resulta que cierto día, en la página oficial del gobierno de la ciudad de Osaka, apareció un mensaje entre los comentarios; era una amenaza, aparentemente hecha por un asesino demente, que prometía matar a mucha gente en el Otaroad (el Otaroad, fusión de las palabras 'otaku' y la inglesa 'road', es donde suelen reunirse los fans del anime en Osaka). Cuando el mensaje fue detectado, se informó a la policía y los especialistas en crímenes cibernéticos rastrearon el origen de la amenaza; la dirección IP los remitió a la computadora personal de Kitamura, de 42 años. Las autoridades tenían una prueba aún más contundente: la amenaza estaba firmada por Masaki Kitamura. De inmediato, el director fue arrestado. Aunque se le presionó para que confesara, Kitamura no sabía lo que estaba pasando y en repetidas ocasiones aseguró que ni siquiera sabía que existía un lugar llamado Otaroad. "¡Pero tú lo enviaste, el mensaje salió de tu IP y además lo firmaste con tu nombre!", le insistía la policía. Y con justa razón, porque una amenaza firmada con un nombre real es prueba irrefutable del crimen... ¿no? Pues no. Durante varios días el director estuvo detenido mientras se trataba de aclarar el asunto, hasta que por fin salió el peine. Kitamura compró la computadora de segunda mano y, al configurarla, encontró un software conveniente en los foros 2ch (que, en el mundo virtual, es como ir a meterse al Bronx a buscar estupefacientes), y lo descargó; lo que no supo es que también descargó un virus, que le permitió a algún malicioso controlar a distancia su computadora y dejar ese mensaje en la página de la ciudad de Osaka. La historia tuvo un final feliz y Kitamura fue liberado. Toing.

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Y ya que estamos con el tema del anime, los fans de la legendaria serie de animación de Tatsunoko, Fuerza G (o, como se le conoce en Japón, Gatchaman), tendrán su dosis de expansión de entretenimiento en la pantalla grande. Con producción y distribución de Nikkatsu y Toho, la película con actores de carne y hueso de Fuerza G llegará a las salas de cine japonesas en verano de 2013. La película tendrá como director a Toya Sato y el guión es de Yusuke Watanabe, el mismo que se aventó el libreto de la siguiente película animada de Dragon Ball Z que también llegará a principios de 2013. El diseño de personajes corre a cargo del afamado y especialista en robots gigantes, Shinji Aramaki (lo que nos hace pensar que la acción será en grande). La filmación apenas comenzó este mes.

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Pícale al 2 para que veas más de Dragon Ball, más de Naruto y más de Pokémon.

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Ahora que el Xbox cumplió 10 años en México, recordé varias anécdotas y una de ellas, de mis favoritas, fue que en 2003 fui a hacer una entrevista a las oficinas de SNK, y los muchachos del equipo desarrollador de The King of Fighters me trataban de explicar que, a pesar de que el Xbox (el primero, no el 360) estaba fracasando un poco en Japón, para ellos era una gran oportunidad para publicar sus juegos, ya que lo veían como la reencarnación del Dreamcast, consola donde se recibieron muy bien sus títulos. Resulta que el Dreamcast entre los críticos de Japón era visto como una consola para videojugadores de la calaña más baja: obesos, sin novia y obsesionados con la pornografía, el anime y el anime pornográfico. Curiosamente, los juegos de SNK eran muy bien aceptados allá en Japón por este sector, y cuando el Xbox llegó al archipiélago oriental, muchas series y títulos subidos de tono, se mudaron del Dreamcast a la consola de Microsoft.

Justo estaba leyendo sobre Naruto Shippuden: Ultimate Ninja Storm 3, que llegará a América en marzo de 2013, y fue inevitable para mí hacer la analogía entre Dragon Ball y Naruto y el Dreamcast y el Xbox. De alguna manera, los fans de Gokú y sus camaradas, una vez que terminó la historieta, tuvieron que mudarse a otra serie y, por supuesto, Naruto era una gran opción para continuar (la otra, creo, es One Piece, pero esa es otra historia). Así que supongo que muchos de estos fans que gustan de prolongar sus fantasías, mojaron sus pantalones cuando vieron por primera vez, aquí en Level Up, que Naruto tendrá un traje de Gokú en su próximo juego (acentúo Gokú, por cierto, porque me gusta esa regionalización, aunque en japonés en realidad se pronuncia con el acento grave y no agudo). Este traje se podrá descargar gratuitamente con un código que se incluirá en las primeras ediciones del juego, que llegará a PlayStation 3 y Xbox 360.

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Y durante la espera de ver la fusión de 2 de los héroes más grandes de las historietas japonesas (de Jump), es recomendable que le echen un vistazo a la película animada Naruto Shippuden: The Will of Fire, que se puso a la venta apenas ayer en Estados Unidos, en DVD y Blu-ray, y quizá se te antoje importarla.

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Y ahora, 2 de Pokémon. Una buena y una mala. ¿Cuál quieres primero? ¿La mala, dices? Está bien. ¿Recuerdan cuando la PETA (gente en favor del trato ético a los animales, por sus siglas en inglés) decidió irse con todo en contra de Nintendo acusándolos de que Mario promovía el maltrato a los animales vistiendo piel de mapache en sus juegos? Pues qué creen... parece que PETA tiene un rencor más profundo de lo que parece en contra de la compañía de videojuegos japonesa, porque ahora sacaron el tema de Pokémon. Por supuesto, el argumento es que en el videojuego Pokémon se abusa físicamente de los animales... animales fantásticos, de a mentiritas, pues. Como en la ocasión anterior, PETA desarrolló un videojuego en flash, llamado PETA's Pokémon Black & Blue y, bajo el lema 'tienes que liberarlos a todos', el objetivo es liberar a Pikachu y a sus amigos de una vida de abuso y esclavitud que lleva décadas, según ellos. "Así como los animales del mundo real", dice el comunicado de PETA, "los Pokémon son tratados como objetos sin sentimientos y usados para el entretenimiento humano, y como objetos experimentales. La forma en la que los Pokémon son almacenados en pokebolas es parecida a la forma en la que los circos encadenan a los elefantes dentro de los vagones y los dejan salir sólo para que realicen sus trucos confusos y normalmente dolorosos que han aprendido a hacer debido a que son picoteados con lanzas de acero y sometidos a choques eléctricos. Si PETA existiera en Unova [la ciudad de los recientes juegos de Pokémon], nuestro lema sería: los pokémon no nos pertenecen para usarlos o abusar de ellos. Existen por sus propias razones. Creemos que este es el mensaje que debería llegarle a los niños". ¿Mi veredicto? El juego de PETA es horripilante.

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Y la buena sobre Pokémon. Es sabido, y sin pena confirmo, que me gusta mucho Pokémon. Por supuesto, además del encanto y adicción que provocan los juegos principales de la serie, es difícil dejarlo una vez que ya tienes a tus pokémon al tope de sus habilidades. Sí, es un juego dirigido principalmente a los niños y, por tal razón, creo que yo ya rebasé la edad del público meta y, lo confieso, a la última versión que le pegué duro fue a la Diamond & Pearl. Y como fan de la serie, tengo que decir que la banda sonora del Red & Blue y de Ruby & Sapphire están en mi top ten de soundtracks de videojuegos. Por eso, me emociona informar de la existencia de Kanto Symphony, que se trata de un compendio de temas arreglados de manera orquestal por Braxton Burks, mejor conocido como Skotein, inspirados en las composiciones originales del maestro Junichi Masuda de Pokémon Red & Blue. En asociación con Joypad Records, Burks obtuvo la licencia de la música y Kanto Symphony ya se puede conseguir en iTunes, a un precio de $10 USD o directamente en la página de Joypad. ¿Mi veredicto? Es magnífico.

Pícale al 3 para despedirnos con armaduras y castillos samurái en situaciones poco peculiares.

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Hace unos meses, en el J-Level #86, escribí sobre los problemas de impartir judo en las escuelas de Japón en la actualidad debido a algunas reformas. Mientras leía del tema, descubrí que existía algo llamado 'suiei jutsu', que literalmente significa 'el arte de nadar', pero que en el contexto de artes marciales, se refiere a un viejo método que usaban los samurái para poder desplazarse en el agua con aguilidad a pesar de llevar puesta su armadura. Me dio un poco de risa, ya que no esperaba que algo que parece tan inútil en el contexto actual, se hubiera tomado en serio en algún momento. Por supuesto, tal prejuicio espontáneo desapareció cuando pensé que antes debía ser importante poder defender un castillo o invadir al enemigo sorteando obstáculos como una laguna y, en esos momentos, así como en los momentos en los que a uno le dan ganas de hacer pipí, quitarse la armadura es algo tardado y difícil, así que, supongo, debían encontrar la forma de saltarse ese paso sin perder la vida en el intento. Y, curiosamente, en la semana me encontré un video documental donde se entrevista a uno de los herederos de este extraño arte, quien demuestra sus técnicas. Y no sólo eso, también se da un vistazo a los métodos antiguos de nado originados en Japón. Si tienen tiempo, échenle un ojo.

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Y siguiendo con los temas samurái que parecen fuera de lugar, una organización sin fines de lucro construyó un castillo con 35,679 latas vacías de cerveza, estableciendo un récord Guinness, por ser la escultura de aluminio más grande del mundo. La edificación de lata es una réplica de la torre central del Castillo Takatori, que se ubica en Nara. Las latas usadas para la construcción fueron donadas por 380 familias del vecindario y por algunas compañías. Los organizadores comenzaron a recolectar los envases desde enero de 2012; la construcción comenzó en mayo de este año y terminó el 28 de agosto de 2012. La mayoría de las latas de la parte exterior fueron de la marca de cerveza Kirin que, la verdad, es muy rica.

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(Owari, o séase, fin)