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Podemos notar cada vez con mayor claridad de qué manera los videojuegos se parecen a la vida real; los poderosos motores gráficos permiten que las texturas, sonidos y movimientos, la apariencia de los lugares y la física de los mundos virtuales se asemejen más y más al comportamiento real del mundo. Pero es menos notorio que, del mismo modo, la vida real guarda perturbadoras semejanzas con los videojuegos.
Un ejemplo de esto es el impactante parecido entre el comportamiento de algunas personas y el de los zombis. Los videojuegos nos enseñan que la fuerza del zombi está en la masa, y que en cada uno late el germen mortal, la posibilidad de una nueva y sangrienta horda. Pienso que en la vida real podemos ver cierta semejanza con el zombi en el comportamiento de algunos individuos. Hordas de adolescentes visten y hablan como ídolos de la música o el deporte; hordas de consumidores de moda en una carrera imposible por estar al día; o más sencillamente, personas que descalifican todo aquello que no conocen o comprenden.

El apocalipsis zombi (o Z-Day) es real y lleva ya tiempo entre nosotros: la gente que teme desarrollar un gusto y un criterio propio, que teme asumir o inventar su propia identidad (su propia diferencia), que realiza actividades que se mecanizan para parecerse más y más a las de la masa, son una amenaza que podemos encontrar fácilmente en nuestra vida diaria, en nuestros lugares de trabajo, escuelas, familia o amigos cercanos. Es un apocalipsis lento pero constante.
Como en los videojuegos o películas, lo primero es identificar que estamos efectivamente frente a un mal incurable. Nuestros amigos, esas personas con las que antes podíamos relacionarnos se han vuelto irreconocibles: actúan queriendo emular comportamientos de celebridades o estrellas de televisión de maneras torpes o francamente ridículas, sin ser capaces de dar razón de sus actos, es decir, sin capacidad para cuestionar su entorno.
Alejarte de personas y comportamientos nocivos requiere gran cantidad de valor y sangre fría: tal vez los quisiste, fueron gente cercana a ti por diferentes razones, pero ahora -tal vez por un periodo de tiempo no definitivo- se han vuelto monstruos carniceros de los que es preciso alejarse para sobrevivir. ¿Esto implica volvernos intolerantes? En absoluto. En la vida real incluso nosotros podemos tener etapas "zombi", cuando actuamos en automático y después nos damos cuenta de que nos es difícil reconocernos en nuestros actos.
La amiga zombi: una historia real
Hace unos días una amiga me contó cómo hizo un headshot social con una persona querida de mucho tiempo: trató de hablar con ella, de discutir sus diferencias, pero nada funcionó. Cuando se decidió, le escribió un e-mail donde le hacía saber las razones por las que iba a alejarse definitivamente de ella: la zombi en cuestión la difamaba con su grupo de amigos, comenzaba a comportarse fanáticamente intolerante con sus opiniones y cada vez más invasiva con sus relaciones, al grado de volverse su stalker particular.

Un headshot social en los días 2.0, como el que hizo mi amiga, implica barrer con los nexos cibersociales (Facebook, Twitter, y cualquier otro de esta naturaleza) seguido de una estrategia de evasión continua. No hay por qué ser crueles (también los zombis fueron humanos, con suerte volverán a serlo), simplemente pragmáticos: la nostalgia nos hace vulnerables. Debemos recordar que para revertir la zombificación social, el único antídoto es que el afectado quiera curarse, pero no podemos obligarlo. Y, de quedarnos, nos volveremos víctimas como ellos.
Cómo reconocer al "zombi social"
Los humanos somos seres sociales. Personas con actividades muy diferentes pueden tener puntos en común, y sobre esas diferencias establecer convivencias saludables. El problema es cuando en lugar de buscar lo que nos gusta buscamos que las cosas nos gusten para ser aceptados.

Creo que ese es el caso del "zombi social". Este tipo de zombi busca refugio en la multitud y una vez que forma parte de ella, se siente poderoso. Un zombi aislado se elimina fácilmente. En masa, pueden destruir a la humanidad entera. ¿Eres o conoces a un zombi social?
- El zombi busca en el cerebro de su víctima lo que él mismo perdió en el contagio de la masa: voluntad y determinación. Al devorar nuestro cerebro (a través de distintas formas de violencia psicológica) los zombis de la vida real devoran nuestro juicio y nuestra capacidad de actuar racionalmente.
- Podemos también ver al zombi como un ser humano que ha regresado a una forma primaria de evolución. Pero no pensemos en un animal salvaje: el zombi funciona como un virus. Incapaz de reproducirse sin destruir a su huésped, se dedica a nutrirse de él y a hacer tantas copias de sí mismo como pueda.
- Si existiera un valor importante para los zombis, este sería la homogeneidad: cualquier diferencia o, por qué no, cualquier mutación dentro de la estructura zombi haría peligrar la supervivencia de la masa entera. Hay que eliminar todo lo que sea diferente.
- Paradójicamente, zombi no come zombi. Sabemos que los zombis de videojuegos y películas prefieren carne viva o por lo menos fresca; con los zombis de la vida real pasa lo mismo. Antes de arriesgarse a perder su sentido de identidad colectiva, la masa de zombis sociales destruirá lo que no comprenda.
Como en los videojuegos, el headshot se vuelve una habilidad imprescindible de sobrevivencia social. Mientras que el headshot de videojuegos es un tiro preciso que requiere toda nuestra sangre fría, un headshot social implicaría alejarnos de la gente cuya convivencia nos es perjudicial. Y por supuesto, es la última opción.
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