Durante años, Call of Duty fue una referencia para hablar de grandes campañas de acción. Sus mejores momentos quedaron grabados en la memoria de quienes estuvieron ahí, con secuencias que todavía se recuerdan por su intensidad, colmillo y novedad. Sin embargo, el tiempo cobra factura y la fatiga de entregas anuales dejaron la impresión de que la experiencia había perdido su lugar. La campaña de Modern Warfare 4 pretende recuperar ese terreno y, después de terminar su campaña, podemos decir que estamos mayormente satisfechos con el trabajo de Infinity Ward... aunque no todo son buenas noticias.

Antes de avanzar, queremos aclarar algo: esta reseña corresponde a la campaña de un jugador. Más adelante actualizaremos estos contenidos con nuestras impresiones del componente multijugador, junto con la calificación de ser necesario.

Una guerra desde distintos frentes

Para comenzar, encontramos una historia que se cuenta desde diferentes perspectivas, las cuales nos permiten conocer las dimensiones del conflicto en curso: desde las operaciones clandestinas hasta los soldados que terminan pagando las consecuencias. Por un lado, seguimos los pasos del capitán John Price, quien se encuentra AWOL mientras persigue a Makarov y sigue el rastro de The Archer. Por otro, encarnamos a Park, un joven surcoreano que cumple con su servicio militar obligatorio en el preciso momento que Corea del Norte lanza una invasión contra su vecino. Se acabaron los días de esperar tranquilamente a que termine el servicio.

Lo interesante de esta combinación es que nos permite experimentar la guerra desde posiciones muy diferentes. Price es un veterano que conoce los pormenores del oficio y está dispuesto a ensuciarse las manos para cumplir su misión; Park, en cambio, es parte de un grupo de soldados que de pronto tiene que sobrevivir a una situación que quizá sólo imaginó.

Park, soldado surcoreano

Price regresa en una versión desquiciada que deja ver las consecuencias de los acontecimientos de títulos anteriores. Sus primeras secciones están repletas de brutales enfrentamientos cuerpo a cuerpo y persecuciones sobre los techos que mantienen la adrenalina al tope. La intención es clara: estamos frente a un personaje que hará lo que sea necesario para terminar el trabajo. Sin embargo, su desarrollo se siente apresurado, pues en ocasiones parece que el guion necesita llevarlo al extremo antes de construir el camino para llegar ahí. Entendemos la dirección que toma el personaje, pero no estamos completamente convencidos con su ejecución.

A pesar de lo anterior, los cambios de perspectiva son uno de los grandes aciertos de la entrega. No se limitan a Park y Price, y se emplean constantemente para mantener elevadas las apuestas. Por ejemplo, una de las secuencias más memorables involucra a los miembros de la Task Force 141 mientras siguen el rastro del capitán, momento en que los relevos alimentan la tensión de la cacería. No ahondaremos en detalles para evitar spoilers; basta decir que es una muestra de lo bien que puede funcionar este recurso narrativo cuando existe una intención clara detrás de cada salto.

Escena de Corea del norte

Espectáculo y variedad al máximo

Y precisamente esta intención se encuentra en gran parte de las misiones. Modern Warfare 4 es una experiencia de alto octanaje que se respalda con valores de producción del nivel más alto. En esencia, recorrerás pasillos lineales con pocas oportunidades para explorar, sin embargo, la variedad de situaciones mantiene la experiencia en movimiento. Aquí te esperan persecuciones de autos, infiltraciones con diferentes acercamientos al sigilo, desembarcos anfibios, guerra de trinchera, y la limpieza metódica de habitaciones al estilo de una unidad SWAT. La campaña tiene de todo y sabe cuándo cambiar de actividad antes de que se vuelva monótona.

Uno de los mejores ejemplos es una secuencia de asalto anfibio que nos lleva a abrirnos paso entre las defensas enemigas y limpiar trincheras hasta culminar en una situación de emergencia dentro de una instalación nuclear. El sentimiento es apabullante, pues cada etapa alimenta a la siguiente sin permitir que baje la intensidad. Tan pronto crees que pasó lo peor, aparece una nueva amenaza que te obliga a seguir avanzando. Es una montaña rusa perfectamente labrada para mantenerte al borde del asiento, con el dedo en el gatillo y muy poco tiempo para contemplar el paisaje.

París

Por supuesto, lo anterior funciona gracias a la calidad visual que acompaña a la entrega. Los escenarios son impresionantes y los personajes están elaborados con un nivel de detalle que se aprecia especialmente en sus gestos y movimientos. Las secuencias de combate cuerpo a cuerpo aprovechan dichas cualidades para imprimir fuerza a cada golpe, mientras que las explosiones y los efectos especiales alimentan la escala de los enfrentamientos. Se nota el trabajo detrás de cada momento y el resultado es una experiencia de acción cinematográfica de primer nivel.

Respecto al apartado mecánico, hay poco que detallar porque los fundamentos son los mismos que conocemos desde hace años. Apuntar, disparar y avanzar conservan el sentimiento familiar de la franquicia, con una experiencia de combate satisfactoria que sostiene el espectáculo. Si eres asiduo de Call of Duty, pronto te sentirás como en casa. El mérito de Modern Warfare 4 está en la manera en que combina dichas herramientas para ofrecer situaciones variadas, aunque al final,. continúes siguiendo la ruta que alguien más diseñó para ti.

Espectaculo audiovisual

Una misión abierta con buenas ideas

Por otro lado, tenemos que hablar de la misión abierta que ocurre en Corea del Norte. Después de un contraataque fallido, nuestro escuadrón queda varado en territorio enemigo y debe encontrar la manera de continuar. Aquí tienes 3 objetivos principales que puedes cumplir mientras exploras el escenario en búsqueda de armamento y recursos. Lo que encuentras sirve para ampliar tu arsenal, reparar y mejorar el equipamiento de tu grupo, y prepararte para un gran asalto final donde pondrás a trabajar las herramientas que conseguiste.

La buena noticia es que esta misión es un grito lejano a lo que ofreció Modern Warfare 3. Lejos quedaron los objetivos que podías resolver corriendo hasta una caja para interactuar con ella y dar por terminada la misión. En esta ocasión, cada objetivo funciona como una pequeña misión que mantiene el cuidado y los valores de producción del resto de la campaña. Además, el escenario ofrece oportunidades de combate, parkour y exploración, con pistas que te llevan a escondites especiales donde encontrarás más armas y suministros. Existe un esfuerzo notable por dar propósito a este espacio.

Misión de combate abierta

También nos gustó que los recursos tengan utilidad dentro del contexto de la misión. Después de todo, tiene sentido buscar equipo cuando estás aislado detrás de las líneas enemigas y tu escuadrón necesita prepararse para lo que sigue. De esta forma, explorar tiene una recompensa que puedes aprovechar en combate y, por lo menos en el papel, todos los elementos están relacionados de manera satisfactoria.

Desgraciadamente, el problema es el momento donde aparece dicha misión. Justo cuando la historia comienza a tomar vuelo, la campaña pone un freno para enviarte a reunir recursos y recorrer grandes extensiones de terreno. La sensación es que se colocó un lastre para extender la experiencia; de lo contrario la campaña se termina en menos de 5 horas. En nuestro caso, llegó un punto donde lo único que queríamos era terminar con los objetivos para continuar con la historia. Por fortuna existe el viaje rápido, una función que agradecimos más de lo que nos hubiera gustado. La misión está mejor hecha; su lugar dentro de la campaña es lo que no termina por cuadrar.

Misión abierta

La polémica pierde fuerza

Y hablando de elementos que no terminan de convencernos, Modern Warfare 4 también tiene su escena polémica. En esta ocasión ocurre en Corea del Norte y te coloca en una posición donde puedes decidir si cumples las órdenes de tus superiores. Es un momento crudo que pone sobre la mesa los abusos que pueden ocurrir en dicho país, con el agravante de que ahora tienes el control para participar o negarte. Como secuencia aislada tiene fuerza y seguramente dará de qué hablar.

El problema es que la franquicia lleva demasiado tiempo persiguiendo la sombra de aquella secuencia del aeropuerto. A estas alturas, parece que cada nueva escena incómoda tiene la tarea de fabricar una controversia que mantenga a Call of Duty en la conversación durante una semana o 2. ¿Puede una secuencia así revertir el cansancio de las entregas religiosamente anuales? Honestamente, no lo creemos. La sorpresa se desgasta y repetir la intención de escandalizar definitivamente pierde impacto.

Lo anterior también deja expuestos los límites de lo que Call of Duty está dispuesto a cuestionar. Mostrar una atrocidad es una cosa; examinar la fantasía militar que sostiene al resto del juego es otra empresa mucho más complicada. La campaña permite momentos de duda, pero pronto regresa a las operaciones espectaculares y a la idea de que todo se justifica cuando la misión es suficientemente importante. En este sentido, nos cuesta imaginar que la serie llegue a incomodarnos como lo hizo Spec Ops: The Line. Call of Duty perdió parte del colmillo porque parece que está demasiado cómodo con su lugar dentro del complejo militar y del entretenimiento. Una escena brutal no cambia eso.

Escena polémica

Un cierre demasiado apresurado

Por otro lado, el desenlace nos dejó un tanto insatisfechos. Una vez más, evitaremos los detalles para no arruinar las sorpresas, pero sentimos que el desarrollo de algunos personajes se resuelve con demasiada prisa. La premisa de hacer lo que sea necesario termina funcionando como un atajo para justificar decisiones que necesitaban más espacio. Es como si los escritores quisieran terminar esta historia, atar los cabos suficientes y pasar a lo que sigue antes de que alguien pregunte por el resto.

Esto es especialmente notorio porque la campaña construye una amenaza de escala global y después concentra su resolución en enfrentamientos personales, mientras el resto del conflicto queda relegado al fondo del escenario. No tenemos problema con una conclusión íntima, siempre que exista el desarrollo para sostenerla; aquí, la transición es demasiado abrupta. Después de tanto esfuerzo por hacernos sentir que el mundo entero está en peligro, la historia parece conformarse con resolverlo todo a través de un duelo a muerte con cuchillo entre 2 hombres. Lo que nos faltó es sentir el peso de todo lo que estaba en juego.

Acción

Call of Duty recupera el espectáculo de la franquicia

Modern Warfare 4 es una campaña muy breve que, de manera sorpresiva, nos dejó mayormente satisfechos gracias a una variedad de situaciones de alto impacto dramático perfectamente elaboradas, secuencias de combate apabullantes y valores de producción que se encuentran entre lo mejor de la industria. Infinity Ward demuestra que todavía tiene la capacidad de ofrecer una gran experiencia de acción para un jugador y, después de los tropiezos recientes, es un regreso que se agradece. Sus mejores momentos son una muestra de por qué las campañas de Call of Duty llegaron a ser tan importantes.

No todas sus partes brillan con la misma intensidad. La misión abierta mejora considerablemente lo que vimos en Modern Warfare 3, pero interrumpe el ritmo; el desarrollo de Price toma una dirección interesante que no recibe suficiente espacio, y el desenlace se apresura a terminar un conflicto que necesitaba más cuidado. Al final, estamos ante una gran película de acción que se disfruta por su espectáculo, aunque queda a deber cuando llega el momento de darle sentido a todo.