Bravely Default: Flying Fairy es un revival de notable factura y solvencia de la línea clásica de Final Fantasy, lamentablemente, un tanto olvidada en el panorama del JRPG contemporáneo. Es un título de una profunda perfección técnica, una presentación visual impecable y una gran complejidad estratégica que, sin embargo, sufre un poco por el carácter formulaico de su trama, la falta de interés de sus caracteres y por no arriesgarse a salir de la zona de confort del género, lo que da como resultado una obra competente, sólida y muy recomendable pero capaz de exasperar a quienes busquen algo de vida en su elegante y decorativo mundo rococó.

El universo de Bravely Default, como el de tantos otros títulos de Square, gira en torno a cristales de poder que mantienen el equilibrio de los 4 elementos y son vigilados por un devoto culto de vestales encargadas de la armonía de la tierra de Luxendarc (luz y sombras). Lentamente los cristales han sido corrompidos por una energía oscura, mientras un poderoso movimiento de "anticristalismo" busca eliminar a las vestales e instrumentalizar a los cristales para dominar a la humanidad y acabar con el miedo a los antiguos dioses.

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Una vez más los cristales...

La joven vestal del viento, Agnès Oblige, emprende la búsqueda para purificar los cristales al tiempo que la persigue el brazo armado del anticristalismo, los caballeros celestes del reino de Eternia. Eventualmente unirá sus fuerzas con Tiz, un joven cuyo pueblo natal, Norende, ha sido tragado por la tierra por el desequilibrio cósmico causado por la corrupción de los cristales. Los otros 2 miembros de la party son Ringabel, un joven seductor amnésico guiado sólo por un diario en el que misteriosamente están escritos muchos acontecimientos del juego de manera profética, y Edea, hija de la cabeza del consejo gobernante de Eternia, la cual renegará de las atrocidades de sus compañeros para unirse a ti.

El elemento más fuerte de Bravely Default es su intrincado sistema de batalla, lleno de propuestas interesantes y elevada complejidad estratégica. El juego recibe su nombre de sus 2 mecánicas emblemáticas: Brave, que sirve para ejecutar más acciones en un turno a cambio de descansar en los turnos siguientes, y Default, para acumular acciones mediante los llamados Brave Points mientras tu personaje defiende. Básicamente, necesitas administrar de manera adecuada el flujo de ataque y defensa mediante dichas mecánicas, lo que en la dificultad más elevada constituye un reto formidable. Por supuesto, los enemigos también pueden usar dichas jugadas.

En general, existen 2 estrategias básicas: acabar con los enemigos genéricos o mobs lo antes posible mediante Brave, mientras que los jefes requieren acumular constantemente Default y desatar tus ataques Brave en los momentos en que sean más vulnerables. Sin embargo, las fortalezas y debilidades particulares de cada adversario, así como el flujo del combate dan a dicho sistema variedad y profundidad. Difícilmente encontrarás 2 jefes parecidos y algunos, como la terrible Rusalka o los infernales enemigos de la parte posterior del juego, son un reto formidable.

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El aspecto estratégico y el sistema de batalla son lo más destacado de Bravely Default

Otro aspecto que aporta variedad y fortaleza es el sistema de 24 jobs o profesiones, es decir, especialidades que puede tener nuestro personaje, desde las básicas como Mago Blanco, Paladín o Monje hasta clases como Valquiria, Pirata, Vampiro y Maestro de los Arcanos. El sistema es uno de los más variados que se pueden encontrar en todo el panorama actual del JRPG, y la utilidad e interés de casi todas las profesiones es muy acertada, en especial porque la gama de fortalezas y debilidades de los contrincantes te obliga a no encasillarte en un sólo tipo de party ideal que funcione todo el tiempo. Lo único malo del sistema quizá sea el grinding excesivo que conlleva: debido a que muchos jobs no están disponibles sino hasta etapas muy posteriores, es necesario hacer mucho leveling cada vez que obtienes una nueva profesión, lo cual puede terminar por fastidiar a quien no sea completista.

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Los jobs son variados y divertidos

El otro pilar de las mécanicas de Bravely es el enorme grado de personalización que ofrece su menú de opciones: la dificultad, la velocidad de animación de las batallas y la tasa de encuentro de los enemigos son ajustables, lo que en teoría da un grado de libertad inusitado, aunque, como veremos, sea un arma de doble filo. En cuanto a dificultad, presenta un reto muy notable en la modalidad difícil, lo cual siempre es bueno: cada jefe y subjefe exigen adoptar estrategias y clases específicas, y casi ninguno se siente como relleno. Incluso contrincantes comunes son capaces de eliminar a una party desprevenida. Sin embargo, el segundo aspecto, la tasa de encuentro regulable, produce ciertos dilemas. El problema es que la manera más óptima de proceder es hacer grinding de los adversarios más fuertes en áreas específicas y bajar a cero o a muy bajo la tasa de encuentros en las zonas con enemigos de baja experiencia, pero esto puede quitar toda la vida a los calabozos y entornos. Por otro lado, una tasa de encuentros constante también es una pérdida de tiempo.

En títulos viejos lo anterior se solucionaba con ítems como el agua bendita para alejar a monstruos débiles, pero era necesario utilizar la dichosa poción muy seguido. En realidad es un problema sin solución clara y Bravely Default hace lo posible para dar una alternativa, pero habría sido mejor contemplar en todo momento una progresión ajustada y orgánica, en particular por la enorme cantidad de grinding que implica el juego. Lo anterior sería positivo si el diseño de calabozos no fuera extremadamente cansado y cliché, con ambientes poco emocionantes casi diseñados por compromiso, que poco incentiva la exploración.

Además de las mecánicas convencionales hay ciertas microtransacciones mediante el sistema Bravely Second, básicamente un comando para congelar el tiempo y ejecutar acciones sin pérdida de turnos. Dicho comando tiene también su sistema de puntos, los cuales se pueden incrementar dejando el sistema en modo sleep o comprando pociones para subir los puntos con dinero real. En general, está implementado con discreción y no hay detrimento del juego por ello.

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Muchos no resistirán a la tentación de las pociones

Por último, para dar variedad al inventario de Bravely se implementó la dinámica que gira en torno a la reconstrucción de Norende, la aldea natal de Tiz. El StreetPass o las actualizaciones de subida de datos con el personaje encargado de los saves, nos sirve para obtener aldeanos que se encarguen de limpiar obstáculos y reconstruir tiendas en las que se ofrecen armas especiales. También existe un sistema para proteger tu aldea de diversas amenazas (Nemesis) para obtener recompensas.

En cuanto a estructura, contamos con 8 capítulos de distinta extensión, con una quest central (generalmente purificar el cristal de uno de los templos) y varias subquest que casi siempre tienen como fin obtener un nuevo job al derrotar a un subjefe. Existe una buena variedad de pueblos y ciudades, algunos con diseños sorprendentes, como la ciudad-barco de Grand Ship o el maravilloso entramado de molinos de viento de la ciudad desértica de Ancheim. En los capítulos avanzados hay algo de backtracking (un tanto decepcionante por el fuerte reciclaje de contenido que implica), y aunque el título es largo, se echa de menos la presencia de más vida en sus locaciones, especialmente porque hay relativamente pocos interiores aparte de los lugares en los que ocurren las quest centrales.

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Fanservice por todas partes

El apartado visual es deslumbrante y aprovecha al máximo la tridimensionalidad estereoscópica de la plataforma: las ciudades son exquisitos dioramas tridimensionales que podríamos contemplar durante horas mientras nuestro personaje deambula por su diseño como si de un teatrino o linterna mágica se tratara. Lamentablemente, dicho recurso visual se limita a ciertas áreas (calabozos, grutas y mapas son pixeleados), pero el efecto es capaz de fascinar y absorber al jugador durante largo tiempo.

La música es uno de los apartados más destacados del juego, en especial por su línea melódica muy a tono con la vieja escuela, cortesía del compositor Yasuo Kamanaka. En lugar de ser orquestral, grandiosa y pesada, la música es sencilla y eficaz, pero no menos satisfactoria. Especialmente agradable es el tema del overworld, una obra maestra de sencillez y emotividad.

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El arte del juego cobra vida gracias al 3DS

Aparte de las mecánicas de juego, el otro aspecto esencial de un JRPG es el diseño narrativo y la escritura de escenarios. Aquí es donde Bravely Default tiene defectos, a pesar de que nunca descienda por debajo de un nivel de suficiencia elevado y definitivamente, disfrutable. A pesar de algunos giros inesperados, la trama es completamente formulaica y genérica, al grado de la exasperación. En este sentido, se trata esencialmente de una recreación fríamente calculada de la magia del JRPG clásico: digamos que los JRPG clásicos son el mito griego y Bravely Default es una especie de empolvado teatro neoclásico, lleno de tópicos e insinceridad

Lo aburrida de su party, en especial si se la compara con las de los JRPG de vieja escuela a los que busca emular, es uno de los mayores problemas de Bravely Default. No hay un Yangus, un Frog, un Torneko, un Cid, un Bowser. Tiz es una nulidad, anémico y soso; Agnès, la encopetada ministra de un culto organizado cuya palabra favorita es "inaceptable", linda lo insufrible a pesar de ser, prácticamente, la protagonista. Ringabel es el más querible al inicio, en especial por su amnesia y su libro maravilloso, pero sus comentarios ecchi terminan por cansar. Edea es la más interesante por su trasfondo y su cambio de bandos, que siempre causan la suspicacia de Agnès, pero sin el apoyo y contraste de otros caracteres bien escritos es poco lo que puede interesarnos. Esto podría resolverse con más miembros en la party, pero el juego es inflexible en ese aspecto: se trata de un viaje de 4, punto. Es increíble, pero hasta los aventureros generados al azar de títulos como Dragon Quest III tienen más carisma que estos personajes. En ese sentido, habría ayudado aumentar la variedad de personajes, un elemento clave del JRPG clásico inexplicablemente ausente en esta entrega.

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Los protagonistas de Bravely son algo distantes y monótonos

Otro problema narrativo es la escritura. Los diálogos son excesivamente prolijos: los personajes emplean 5 enunciados para decir cosas que podrían decir en uno. En los JRPG clásicos como Dragon Quest V el party chat (el cual ocupaba un humilde lugar en el menú de acciones) era una delicia que deseábamos exprimir constantemente para conocer cada comentario ingenioso de los miembros de la party sobre los NPC, sucesos y escenarios. Era tan bueno, que queríamos jugar varias veces sólo para saber la perspectiva de los miembros de la party que no habíamos podido elegir. Aquí, el party chat está señalado por una molesta notificación en estorbosas letras doradas, que muestran diálogos reiterativos y desangelados.

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La historia de Bravely es disfrutable, aunque hace falta un poco para ser un verdadero clásico

Los antagonistas ocasionales sufren porque la necesidad constante de matar a los villanos para alimentar los jobs impide que tengan un desarrollo de carácter consistente. Hay giros sugerentes en el desarrollo posterior de la trama, pero el juego sufre por que las fuerzas antagónicas no destacan en cuanto a caracteres, aunque hay algunos vuelcos y sorpresas que quizás ocurren demasiado tarde como para levantar nuestro interés. La estructura de los subquests para obtener los jobs también es algorítmica: generalmente se trata de matar algún personaje que causa problemas y que tiene el job que deseas obtener. En general, todo en el diseño de escenarios es estilo "by the book", como siguiendo las indicaciones de un manual, sin contratiempos ni caídas serias pero sin puntos de intensidad con algún evento o línea memorable. Por fortuna, esto pasará desapercibido para los nuevos jugadores, pero el veterano del género se quedará con la impresión de que Bravely Default es tan rutinario y engorroso como pagar impuestos.

Bravely Default podría definirse como un JRPG neoclásico: una reapropiación consciente, deliberada y muy eficaz de la gran época del género a la que le faltan emoción y vida. Es un trabajo académico sin defectos mayores, sin duda uno de los mejores representantes del género en las portátiles contemporáneas, un ejercicio premeditado de perfección técnica que dejará satisfecho al formalista fascinado con sistemas de combate y al neófito poco familiarizado con un género con más de 20 años de historia. Sin embargo, decepcionará un poco a quien quiera encontrar el alma de esta fría vitrina de porcelanas rococó: es un émulo de los clásicos, pero no un clásico de todo derecho.

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Fría perfección, pero perfección al fin