Shovel Knight fue uno de los primeros y más grandes casos de éxito de un indie en la industria, y tras varios spinoffs y cameos en otros juegos, Yacht Club Games por fin nos trajo una entrega que se separa de ese universo: Mina the Hollower. Aunque conocemos muy bien el talento del estudio, seremos honestos al decir que llegamos a pensar “¿y si tuvieron suerte de principiante?” Afortunadamente, despejaron cualquier duda al respecto, en el mejor sentido.

Si Shovel Knight es su Super Mario Bros., Mina the Hollower es su Legend of Zelda, y no sólo porque les sirvió para inspirarse, sino por su calidad, carisma e ideas innovadoras. El juego destila nostalgia como la aventura del caballero de la pala, pero es mucho más; es una combinación de varios clásicos, presenta mecánicas y escenarios fascinantes constantemente, tiene un combate mucho más completo y, en general, es una masterclass de diseño de mundos.

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Ilumina al mundo

La historia de la ratoncita Mina comienza cuando recibe una carta de Lionel, rey de Ossex, donde le pide que arregle los 6 generadores de energía que colocó hace varios años, pues Thorne los dañó y son muy importantes porque brindaron prosperidad al reino. Tras un incidente con un kraken, llegamos a la isla y de inmediato nos lanzan a la acción y exploración, pues debemos descubrir la mayor parte de la historia por nuestra cuenta.

Por lo mismo, casi nunca recibimos indicaciones precisas para saber a dónde ir o con quién hablar. La mejor ayuda se presenta en forma de los periódicos locales, donde se mencionan brevemente las zonas que nos falta visitar, sin explicar cómo llegar a ellas. Aunque esto podría parecer un problema, no lo es porque el mundo de Mina the Hollower está perfectamente conectado para que siempre encontremos algo nuevo.

Ossex sirve como el centro de la isla misteriosa y a su alrededor están los 6 ecosistemas que contienen los generadores, así que partiendo de este núcleo es casi un hecho que llegaremos a un nuevo lugar fácilmente. Lo mejor de todo es que no hay un orden en el que debamos progresar, así que hay un sentido de libertad y exploración que evoca el de los juegos de antaño y que dejamos de ver mucho tiempo.

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En Ossex hay muchas tiendas y cosas por hacer

Una ratoncita muy escurridiza

A pesar de la clara inspiración en los Legend of Zelda clásicos, la primera diferencia se nota cuando comienza nuestro viaje, pues Mina puede avanzar bajo la tierra para moverse más rápido unos segundos. Esto sirve para ganar velocidad e impulso y así llegar a plataformas o superficies inalcanzables con nuestro salto básico. También es útil para cruzar cercas, objetos o cualquier obstáculo que se entrometa en nuestra vía.

Es una mecánica muy simple pero con muchísimos usos y fácil de dominar. Después de usarla pocas veces nos sentimos como peces en el agua, y es una de las implementaciones que hacen de Mina un juego que parece retro, pero se siente como uno moderno, principalmente porque la protagonista sólo mira en 4 direcciones (arriba, abajo, derecha e izquierda) cuando está sobre la tierra.

Desplazarse en diagonal se siente un poco tosco, pero eso cambia por completo bajo tierra. Ahí, podemos dar vueltas y tener mucho mejor control de Mina. Otro uso importante de esta mecánica es en el combate, pues resulta vital para esquivar ataques o encantamientos de los enemigos.

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¿A dónde fue Mina?

Elden Zelda: Dracula’s Curse

Es claro que la exploración, la progresión y el movimiento usan las bases de los Zelda en 2D, pero con un pequeño ajuste de tuercas. En el combate van más allá: se hicieron varias adiciones para que se parezca a otras entregas y hasta roza en lo soulslikero. En primer lugar, al inicio nos da la opción de elegir entre 3 armas: unas dagas gemelas, un mazo pesado pero muy poderoso y un látigo como el de los Belmont, lo que demuestra que hay más amplitud y profundidad en el acercamiento a las peleas.

Cada una tiene ventajas y desventajas: las espadas son menos fuertes pero extremadamente veloces; el martillo causa mucho daño pero es lento; y el látigo tiene más alcance, pero es difícil atinar a los enemigos. Sin importar la que se elija, la buena noticia es que pueden conseguirse las demás posteriormente y cambiarlas cuando se quiera, además de que se añade un par de opciones más adelante.

También hay subarmas de varios tipos (para atacar, defenderse, moverse más rápido y hasta para invocar monstruos), que son como los ítems que conseguimos en las mazmorras de Zelda, pero son innecesarias en situaciones o zonas específicas. De hecho, es mucho más fácil encontrarlas, porque están repartidas por todos lados.

Aunque algunas tienen el mismo efecto (por ejemplo, atacar) su uso varía. Hay un hacha igualita a la de los Castlevania, un cuchillo que sirve como boomerang y hasta burbujas. Para defendernos, hay un dash que ayuda a esquivar ataques sin necesidad de meternos bajo la tierra y un portal para teletransportarnos y escapar. Aunque parte del encanto es usarlos todos, una vez que encontramos nuestro favorito fue difícil hacerle ojitos a otros.

También están los abalorios, que son como los charms de Hollow Knight; o sea, brindan distintas habilidades. En el inicio, sólo podemos equiparnos 2, pero después es posible comprar más espacios, aunque siguen siendo limitados. Creemos que es mejor así, porque nos obliga a crear una estrategia para partes específicas del juego, como usar el que reduce el daño de fuego en segmentos de lava.

Finalmente, tenemos a los viales de plasma, que son tubitos que ayudan a recuperar salud. Mina tiene una barra de vida de color rojo que se reduce cuando nos lastiman, pero si golpeamos enemigos u objetos, a su lado aparece una parte anaranjada que puede regenerar al activar los viales. Por lo mismo, a veces estar a la defensiva resulta inútil, pues es necesario atacar si queremos volver a tener mucha salud; ésta nos pareció una implementación perfecta.

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A veces es más difícil atinarle a los enemigos que los enemigos mismos

Tierno por fuera, brutal por dentro

Hay otras 2 razones por las que Mina the Hollower nos recordó mucho a los soulslike. La primera, es que los combates contra jefes y contra enemigos normales puede llegar a ser extremadamente difícil. En varias ocasiones, casi aventamos el control a la pared por la frustración, pero siempre seguimos adelante porque el juego no llega a ser injusto o imposible.

La otra razón es que, al morir, dejamos un orbe con los huesitos que habíamos recolectado y, como dirían en Neza: ya se la saben, tenemos que volver hasta el punto donde nos derrotaron para rescatarlo. Lo curioso es que, si un enemigo nos mató, absorbe esta esfera mágica, y la única forma de recuperarlos es aniquilándolo. Cuando se trata de monstruos simples puede ser sencillo, pero si es un jefe, hay una posibilidad muy alta de perder nuestros huesitos.

En total, hay casi 30 jefes, que van desde monstruos gigantes con 8 ojos hasta caballeros y hechiceras de tamaño similar al nuestro. A diferencia con los Zeldas, no se derrotan con el objeto que conseguimos en la mazmorra, sino con cualquier arma o subarma. El chiste, como en los souls, es aprender su patrón de ataque, saber cuándo acercarse y esquivar y echarse 2 rosarios.

Nos encantaron estos enfrentamientos porque son mucho más intensos y bien elaborados que los de los Zeldas; ahí, normalmente es spammear el objeto que conseguimos y listo. Aquí tenemos que escanear de manera veloz la forma en que el enemigo se mueve y ataca, tomar en cuenta si hay otros factores como que el suelo genere hoyos o se reduzca el espacio en el que estamos y saber cuándo hacer nuestra movida.

Nuestro único problema con el combate es que Mina sólo puede mirar hacia 4 lados cuando está sobre tierra y lo mismo aplica en sus ataques. El detalle es que los enemigos y jefes pueden llegar desde cualquier lado, así que cuando vienen de forma diagonal es extremadamente molesto descifrar cómo colocarnos para golpearlos, sobre todo porque tenemos pocos segundos para hacerlo.

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Hay jefes sacados de nuestras peores pesadillas

Un dolor que se siente hasta los huesos

Hemos mencionado los huesitos, pero ¿qué son? Básicamente, son la moneda del título, y se consiguen al escarbar ciertos espacios, romper candelabros y, por supuesto, derrotar a los monstruos. Curiosamente, hay otra remuneración: los huesolitos, que son diamantes escondidos en cofres o que podemos crear al usar los huesos. ¿Para qué haríamos esto? Para conservar lo que recolectamos porque éstos no se pierden cuando morimos.

El checkpoint de Mina es un lugar subterráneo llamado Laborabajo, donde además de regenerar nuestra salud, guardar el juego, cambiar nuestras armas, subarmas y abalorios y recuperar nuestros viamas de plasma, podemos convertir nuestros huesitos en huesolitos. Ambos sirven para comprar accesorios en las diferentes tiendas de la isla, así que es importante tener ambas monedas a la mano.

Los huesitos tienen otra utilidad fundamental: subir de nivel nuestro ataque, defensa y poder de las subarmas. Al inicio sólo necesitamos 1000, pero conforme nos hacemos más fuertes, este número incrementa. Es un sistema similar al de Super Mario RPG, sólo que cada vez se hace más complejo, porque necesitamos más huesos para llegar a la meta, pero esto lo hace más satisfactorio, así que funciona.

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Bienvenidos al mundo de las altas finanzas

Un mundo con altas y bajas

Como dijimos, Ossex sirve como el centro de una isla enorme que jamás nos cansamos de recorrer. Desde la capital se puede llegar a cualquier zona, simplemente hay que avanzar; además, al no ser un juego lineal, casi nada limita nuestro camino. De vez en cuando hay puntos muertos, con buscar rutas alternas a nuestro alrededor podremos continuar.

El diseño del mapa y de los niveles nos parece impecable porque es muy abierto y porque cada región ofrece algo único. Tenemos la Cripta de Enterreina, al Pantano de Nox, al Septiemburgo (un bosque otoñal lleno de cuervos y espantapájaros), la Playa Hueso, el Pico Trenieve y el Planetario, cada uno con subzonas que albergan secretos, monstruos, tesoros y pasadizos.

Nuestro único problema es que algunos lugares son similares a los de otros videojuegos, y creemos que pudieron ser un poco más creativos en su apariencia, pero también hay que reconocer que la mayoría arroja elementos que logran diferenciarlos de otras entregas. Por ejemplo, en Septiemburgo aparece de vez en cuando un espantapájaros gigante al que es imposible lastimar al inicio y debemos huir, pero al final resulta ser el jefe de la zona y entonces podemos pelear contra él.

Definitivamente, éste fue nuestro favorito, y nos pareció un detalle espectacular porque a un juego que se parece a los Zelda 2D, Castlevania y Dark Souls le añadieron una pizca de survival horror. El Planetario también es una locura, pero al ser una de las partes finales del juego, omitiremos spoilers.

Aunque los lugares tienen temáticas un poco genéricas, se compensa con lo maravilloso del arte de Mina the Hollower. Cada fondo se ve lleno de vida y personalidad y es muy memorable, pues hasta el diseño de los NPC es impresionante, porque cada uno tiene, al menos, una cosita que los hace destacar.

Por último, queremos hablar sobre el soundtrack. Mamita. Jake Kaufman y Yuzo Koshiro hicieron un trabajo sobresaliente; sin su música, el título perdería muchísimo encanto y carisma. Cada pieza brilla gracias a que va perfecto con la zona que recorremos, la pelea en la que estamos y hasta el tono de la historia en diferentes momentos. Varias veces nos sorprendimos tarareando mientras estábamos al borde de un colapso nervioso por estar atorados en alguna parte.

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¡Corran por sus vidas!

Veredicto

Recordamos muy bien que muchas personas dijeron que Shovel Knight es el mejor juego de NES que se lanzó fuera del NES, y queremos robarnos la idea para decir que Mina the Hollower es el mejor título de Game Boy que salió fuera del Game Boy. La entrega toma las bases de lo que hizo tan exitosas a entregas como los Oracles y Link’s Awakening, les añade pizcas de otras más modernas y las combina a la perfección.

Los juegos de las primeras consolas portátiles eran pequeños y hasta simples porque eran experiencias que se vivían en camino a la escuela, al trabajo o en carretera, pero Yacht Club Games se voló la barda. Mina the Hollower es un paquete que ofrece decenas de horas de diversión, exploración, descubrimientos, fascinación y hasta corajes, todo hecho con un amor enorme de parte de un estudio independiente hacia esta hermosa forma de entretenimiento.

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Un juego sumamente épico