Mucho se ha hablado del estancamiento de los FPS a lo largo de los últimos años, y aunque Far Cry 3: Blood Dragon no es precisamente el juego más innovador, refresca el panorama del género con una parodia de ciencia ficción ochentera que además de graciosa, es muy sólida en términos de mecánica de juego, simple y sencillamente porque su estructura es la misma que la del Far Cry 3 original.

Para empezar, vamos a dejar una cosa muy clara: Far Cry 3: Blood Dragon no es un juego que se tome a sí mismo en serio y, por ello quien lo pruebe debe estar dispuesto a pasar un buen rato antes que esperar una aventura profunda o con grandes giros argumentales.

Blood Dragon es una divertida sátira de las cintas de acción de los años 80, estelarizada nada más y nada menos que por Michael Biehn (The Terminator), en el rol del cibersoldado, Rex Power Colt, un comando mitad robot, mitad hombre, modelo Mark IV, quien es enviado a una isla para detener al malvado coronel Sloan, que se ha vuelto loco y pretende destruir al mundo entero con sus misiles y su ejército de guerreros Omega Force.

Todo esto ocurre en el contexto de una fantasía distópica de lo que para la gente de esa década pudo haber sido el año 2007. Hubo una segunda Guerra de Vietnam, los rusos entraron en conflicto nuclear con Estados Unidos, y por lo que podemos apreciar, buena parte del mundo ahora es un páramo distorsionado con abundante neón y rayos láser.

El juego, deliberadamente, viene cargado con clichés y elementos trillados y pretende arrancarle carcajadas al usuario, lo que logra con éxito en múltiples ocasiones tanto por la historia como por los diálogos. Las descripciones de los items, la fauna, el tutorial que trata al jugador como si no tuviera idea de lo que hace e innumerables detalles sarcásticos, serán una joya para todo aquel que los distinga.

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Al igual que en Far Cry 3, en Blood Dragon hay diferentes tipos de enemigos que van desde el francotirador hasta el kamikaze y el que trae un lanzallamas

Estamos frente a Far Cry 3 en esencia, pero con un twist fosforescente. Tenemos un mundo abierto dominado por una facción antagonista, que es la Omega Force, y un grupo subversivo: el de los científicos. Nuestra tarea, como en el título original, es liberar la isla de bases enemigas y, en paralelo, cumplir con las misiones de la campaña principal, la cual gira en torno al mencionado coronel Sloan. Además, cuando se conquista un asentamiento de los Omega Force, se desbloquean misiones de cacería o rescate de rehenes.

Todo en Far Cry 3: Blood Dragon otorga créditos con los cuales subimos de nivel hasta llegar a 30. Cuando subimos de nivel, adquirimos una barra más de vida o nuevas habilidades, aunque de antemano somos capaces de correr más rápido, aguantar la respiración de forma indefinida, resistir caídas casi desde cualquier distancia y encadenar ejecuciones sigilosas. ¿Por qué? Porque somos un cibersoldado y porque, como ya dijimos, la finalidad del juego es el desenfreno, lo que definitivamente vemos con buenos ojos.

Por si fuera poco y para seguir la fórmula empleada en Far Cry 3, hay items coleccionables repartidos por toda la isla, que van desde dinero para comprar nuevas armas, accesorios y consumibles hasta cintas VHS con información, archivos e incluso televisores que, por alguna razón, hay que apagar. De hecho, el propio sargento Colt se pregunta en varias ocasiones por qué los apaga.

La progresión es rápida y cuando nos damos cuenta estamos en nivel 15 o 20, con una buena cantidad de dinero acumulado y acceso a poderosos juguetes como la metralleta Terror 4000 o el arco, aunque claro, este es un arco del ciberfuturo, así que es fosforescente también (guiño, guiño). Esto resulta positivo para efectos de diversión, pero es contraproducente en términos de desafío, lo que algunos pueden encontrar ligeramente decepcionante.

La isla es un lugar extraño, con un cielo rojizo y una fauna extravagante y cibernética. En ella encontramos varias especies como el tigre blanco y negro, en cuya descripción se explica que es resultado de dar a una cebra el cuerpo de un tigre, por absurdo que parezca. También tenemos a la ciberpantera, la anguila fosforescente, el robococodrilo, el roboperro, la serpiente de neón y, por supuesto, el dragón de sangre, que no es otra cosa que un lagarto con el tamaño de un dinosaurio que dispara rayos por los ojos y también brilla en la oscuridad. Sobra decir que eliminar a estas lagartijas súper desarrolladas resulta complicado, pues entre otras cosas, se ubican al tope de la cadena alimenticia dentro de este excéntrico ecosistema. Cabe mencionar que los corazones de los adversarios sirven como carnada para los dragones de sangre, así que arrojar uno dentro de un campamento enemigo, realmente puede poner la balanza a nuestro favor. Hacerlo en una base Omega, facilita mucho las cosas. Nos queda claro que Ubisoft Montreal la pasó muy bien al diseñar a estos animales de ciencia ficción y nosotros también, especialmente al leer sus descripciones.

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La presentación de la historia como caricatura no tiene precio y enfatiza el humor de todo el juego

La música está claramente inspirada en las cintas de acción de la década de los 80, así que fácilmente distinguimos un compás industrial parecido al de Terminator. El uso de los sintetizadores es abundante, así como el de los riffs de guitarra eléctrica, todo para que en algún punto pensemos: ?vaya, eso lo he escuchado antes en alguna parte?.

En términos gráficos, no existe una falla genuina, como superficies de baja resolución o falta de detalle, pero sí podemos decir que luego de un rato, el tono oscuro de la isla se vuelve visualmente monótono.

Por lo que respecta a la presentación, es un deleite. El menú semeja al de una computadora de antaño y la historia en sí está presentada a manera de caricatura, sin escatimar en diálogos y secuencias típicas en un filme de acción ochentero, como el montaje musicalizado donde el protagonista se prepara para enfrentar su última batalla o la escena romántica con ridículo sexo incluido. Además, la cámara fotográfica del juego original está sustituida por nuestro ojo cibernético, con el cual podemos marcar enemigos y animales.

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También hay robotiburones bajo el agua, así que tengan cuidado

¿Qué nos disgustó de Blood Dragon? De entrada, la experiencia es corta y puede terminarse en menos de 4 horas si evitamos todos los distractores, así que nos quedamos con ganas de más. La última misión es poco creativa y no impide hacer algo elemental que no podemos detallar porque echaríamos a perder la sorpresa. La progresión es rápida y eso se agradece, aunque significa que el desafío se diluye rápido. También hay detalles como los vehículos, que salvo por una puntual excepción, son todos iguales a los del Far Cry 3 original, pero recubiertos con una pintura diferente. Sobra decir que quienes sean demasiado jóvenes o no hayan visto películas de acción de los 80 no van a entender el humor, algo fundamental para disfrutar el título.

Si dejamos eso de lado, Far Cry 3: Blood Dragon es sumamente divertido, que vale los 1200 MS Points o los $15 USD sólo por su ingenioso tono y abundante humor, pero además tiene la estructura base de Far Cry 3, así que el buen rato está garantizado.