Por meses se ha hablado del estancamiento creativo que padece la industria y Spec Ops: The Line se presenta como un ejemplo perfecto. Se trata de un exponente más del género de disparos en tercera persona, que reúne características provenientes de muchos otros títulos en un licuado que, si bien entretenido, con altos valores de producción y uno que otro chispazo de ingenio, hace un aporte prácticamente nulo en términos de diseño y jugabilidad. ¿Significa que Spec Ops: The Line es un título malo? No, sencillamente ofrece algo que hemos visto numerosas veces durante la presente generación.

Conozcan al capitán Walker, el prototipo de líder militar que por años nos ha vendido la cinematografía norteamericana, y quien es enviado junto con dos camaradas Delta (Lugo y Adams) a investigar el paradero del Coronel Joseph Konrad y la 33ª división del ejército estadounidense, desaparecidos durante la evacuación de Dubái ?capital de los Emiratos Árabes Unidos? que para efectos de esta ficción, yace en ruinas tras una sucesión de tormentas de arena de proporciones bíblicas y ha dejado a su población viviendo una crisis humanitaria.

Sin entrar demasiado en detalles, nos limitaremos a recordarles que el hilo conductor está inspirado en la novela Heart of Darkness, cuya adaptación más famosa es la cinta Apocalypse Now, así que más o menos ya saben frente a qué estamos.

Más temprano que tarde, Walker termina por darse cuenta de que la que fuera una lujosa ciudad se ha convertido en una auténtica selva de arena donde varias facciones luchan por imponer su autoridad y sobrevivir? o por lo menos eso nos hacen creer. En la fórmula hay elementos de corte psicológico que revuelven el entendimiento de los hechos hasta el punto en el que se torna complicado saber a ciencia cierta qué está pasando; ¿quiénes son los buenos? ¿Quiénes son los malos? y, más importante aún, ¿cuál es el rol que nuestro protagonista realmente juega dentro de este auténtico caos? Debemos confesar que tras haber terminado el juego en más de una ocasión, todavía seguimos rascándonos la cabeza tratando de sacar conclusiones.

El problema de todo esto es que sólo constituye el pretexto para lo que en esencia es una aventura saturada de pólvora y casquillos percutidos con personajes estereotípicos por los cuales es difícil sentir empatía. En otras palabras, el tono es inconsistente. Empieza siendo ligero y lleno de clichés, para después intenta forzar el drama y se hace evidente una densa profundidad literaria que realmente se antoja innecesaria y hasta agotadora.

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El juego cuenta con un alto nivel de destructibilidad, lo que afecta profundamente la mecánica de cobertura

Al margen de lo anterior, la campaña se divide en 15 capítulos que, dependiendo del nivel de dificultad (existen cuatro) se traduce en una experiencia con una duración de entre siete u ocho horas, además del factor multiplayer.

Para ilustrar lo que explicamos al inicio, basta con decir que la primera impresión que se tiene al ponerle las manos encima a The Line es que se está jugando un Gears of War en el desierto, no sólo por el hecho de que luce espectacular y está diseñado con el mismo motor gráfico, sino también porque maneja los mismos principios de jugabilidad.

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Pese a estar situado en el desierto, Spec Ops no escatima en variedad de escenarios y condiciones

El punto más fuerte de Spec Ops: The Line yace precisamente en la presentación visual. El juego luce majestuoso y con un nivel de detalle sobresaliente, así que es una lástima que la cuota de exploración que demanda sea tan pobre. La queja es que, como suele pasar con la mayoría de los títulos bajo el sello Unreal Engine, las texturas pueden demorar en desplegarse algunos instantes. Y ya que hablamos de defectos técnicos, les advertimos que cada vez que mueran habrán de esperar en un purgatorio de recarga de alrededor de 30 segundos, lo que a la larga se vuelve muy molesto.

En el renglón del audio hay dos facetas. Por un lado está la radio rebelde de Dubái donde se escuchan canciones de rock clásico licenciado que realmente nos fascinaron y le vinieron perfecto a varias balaceras; por otro lado, está el repetitivo e intrascendente rasgueo de guitarra que acompaña al resto de la experiencia. Desgraciadamente, la estación de radio no está bajo nuestro control, sino que hace acto de presencia en momentos predeterminados de la campaña.

Volviendo al tema de la jugabilidad, la mayor parte de la experiencia se va en cubrirse, disparar, recargar y repetir el proceso, aunque existe la posibilidad de darle tres indicaciones a nuestros compañeros: suprimir a un enemigo, arrojar una granada de aturdimiento o reanimar a un camarada caído. De las tres, la única que tiene un impacto en la dinámica es la primera, pues nos permite poner en práctica la clásica estrategia de flanqueo.

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Esta es una propuesta de acción muy directa y funciona bien

El sistema de mandos es casi idéntico al del mencionado título de Epic. Mantener oprimido el botón A (o tache en PS3) nos permite acelerar con la cámara al hombro; hacerlo una sola vez nos adhiere a una superficie para apertrecharnos; hacerlo al borde de una cornisa, cerca de un cable o una torreta, nos permite saltar, usar el alambre para atravesar un precipicio o interactuar con el arma montada, respectivamente. Con B o círculo saltamos sobre algunos objetos o rematamos a algún enemigo moribundo con lujo de violencia. Mientras que el hombro izquierdo sirve para calcular la parábola de una granada y arrojarla. ¿Luce familiar? Lo es, y funciona perfectamente.

Durante el trámite del juego, se intercala por lo menos un par de secuencias que pretenden cambiar el ritmo. Una de ellas nos pone en control de un mortero de cargas de fósforo con el cual arrasamos con un campamento enemigo, y una más detrás de una torreta montada al borde de un Black Hawk, para disparar a una parvada de helicópteros Black Bird que pretenden derribarnos. Sobra decir que durante esta secuencia se destruye gran parte de la ciudad de una forma impresionante.

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Por momentos Spec Ops es banal y superficial y por otros se las da de muy dramático e impactante

Además, existen contados momentos durante la campaña en los cuales el usuario debe optar entre un par de alternativas de acción. Dependiendo de esa decisión hay ciertos cambios en el desenvolvimiento narrativo, sobre todo en el último capítulo, pues cabe mencionar que hay más de un desenlace. Quizás esto es lo único que distingue a Black Ops: The Line de otros títulos de acción en tercera persona. No es el hilo negro, pero aun es una característica que vale la pena resaltar.

En lo que respecta al multiplayer, Yager tomó la estructura de Call of Duty y literalmente la trasplantó a su juego ?en defensa del estudio, eso es algo que todos los exponentes de acción recientes han hecho en mayor o menor medida?. Así las cosas, la columna vertebral es la acumulación de experiencia de la cual se desprende la progresión, el desbloqueo de clases, armas, accesorios, perks y hasta títulos y placas de identificación.

Existen tres modalidades fundamentales, Chaos (Deathmatch), Mutiny (Team Deathmatch), y Buried (por objetivos), después de eso vienen las mezclas de elementos de los anteriores en modos que recorren múltiples mapas, sin dejar de mencionar la ya tradicional implementación de la categoría Hardcore, con menos vida, menos indicadores visuales y fuego amigo activado.

Si a esto sumamos un equilibrado diseño de escenarios, muchos de ellos con énfasis en la verticalidad, así como la eventual tormenta de arena como variable, terminamos con una fórmula ágil, divertida y profunda que se siente como una parte integral del paquete y no sólo una imposta obligada. Francamente no esperábamos mucho en este renglón, pero terminó sorprendiéndonos.

En resumen, con Spec Ops: The Line, el estudio Yager no quiso meterse en problemas tratando de hacer aportes propios que comprometieran su probabilidad de éxito. En vez de eso tomó fórmulas de acción ya probadas, las metió en la licuadora con una base literaria y sacó un videojuego de acción llamativo y sólido en cuanto a estructura pero cuya inconsistencia narrativa y jugabilidad superficial lo tornan denso y repetitivo luego de la mitad de la campaña. La presentación visual es impecable, la toma de decisiones es un buen toque y el multiplayer es adictivo, pero la falta de elementos distintivos harán que lo olvides luego de un fin de semana.