Hay juegos que entiendes en minutos, otros tardan horas en hacer clic contigo y luego está Tomodachi Life: Living the Dream, una experiencia que desde el inicio te hace dudar de lo que estás jugando… pero también de por qué no puedes dejarlo.
Después de jugar varias horas el regreso de la querida saga que vio la luz por primera vez en las portátiles de doble pantalla de Nintendo, queda claro que esta nueva entrega en Switch busca ser algo más que un juego tradicional.

Una experiencia que engancha sin avisar
Comencé a jugar esta entrega con varias dudas y con la idea de que sería tan rara, que me saturaría después de un rato, aunque todo fluyó muy bien desde el inicio.
El juego presenta su concepto de forma clara: llegas a una isla, le das un nombre y comienzas a poblarla con diferentes personajes usando el creador de Miis.
Esa parte es la que realmente engancha, porque el único límite es tu imaginación. Puedes pasar muchísimo tiempo creando personajes para que “vivan su sueño”. De hecho, mi primera sesión fue mucho más larga de lo que esperaba y disfruté cada momento.
En pocas palabras, quiero comenzar la reseña diciendo que Tomodachi Life: Living the Dream es un simulador único que ofrece experiencias extrañas, pero divertidas, y siempre encuentra la forma de sorprenderte.

Crear Miis: donde empieza realmente la diversión
Primero, decidí crear Miis originales para probar las opciones del editor. Después de agarrarle la onda al sistema y experimentar con diferentes combinaciones, hice personajes conocidos que le dieran un toque coqueto a mi isla.
Al final, hice versiones de caras conocidas de los videojuegos como Mario, Luigi, Peach y Ganondorf. También hice personajes de anime como Satoru Gojo y Yuji Itadori. Incluso fui más lejos y agregué a otras personalidades como Walter White y Slenderman. Ya sabes, esas ideas que surgen cuando estás jugando a las 3 de la mañana.
El editor tiene muchísima profundidad. Puedes elegir rasgos físicos muy específicos, definir personalidades y hasta dibujar detalles precisos usando un modo extra en el editor, ya sea con el control o aprovechando la pantalla táctil del Switch. Recomiendo mucho esto último porque permite resultados más precisos.
Además, el juego te da varias formas de crear Miis: desde cero, con ayuda respondiendo preguntas para ahorrar algo de tiempo o reutilizando diseños que creaste. Por ejemplo, usé el Mii de Mario para crear a Wario, sin necesidad de empezar desde cero.
Aquí se nota una evolución importante respecto al concepto original de la saga: hay más herramientas, libertad y formas de experimentar.

Humor absurdo que sigue siendo el alma del juego
Si algo define a Tomodachi Life es su humor y esta entrega lo mantiene muy bien. Hay muchas situaciones que te hacen reír o, al menos, te sorprenden. Entre las mejores están los sueños de los Miis porque cualquier cosa puede pasar en ellos. Son escenas completamente impredecibles que rompen la rutina y te recompensan con objetos.
Otro aspecto interesante es cómo evoluciona el comportamiento de los Miis. Cuando los creas, eliges algunos aspectos de su personalidad, pero todo se nutre con sus experiencias: relaciones, objetos que les das y actividades que realizas con ellos. Esto hace que cada Mii se sienta único, algo que intentaba el juego de 3DS y que aquí se siente más trabajado.
También hay que destacar un cambio importante: ahora puedes crear Miis no binarios y permitir relaciones amorosas entre personajes del mismo sexo. Esta situación parece que responde a críticas hechas a Nintendo y que ahora representan un paso muy importante en cuestiones de inclusión.

Una isla llena de cosas por hacer (y que no te deja descansar)
El día a día en mi isla fue bastante activo. Hay muchas cosas que hacer en cada sesión y un punto interesante es que hay minijuegos en los que los Miis te invitan a participar cuando están aburridos. Hay varias opciones, como decir platillos de comida sin repetir, adivinar siluetas o jugar bolos, que fue uno de mis favoritos.

Por otro lado, algo que me sorprendió es que la experiencia es menos pasiva de lo que esperaba. Pensé que sería más de observar y ayudar ocasionalmente, tal vez hasta jugar con una sola mano como nos recomendó Shigeru Miyamoto alguna vez con Super Mario Run, pero en realidad todo es bastante activo.
Mientras más Miis tienes, más solicitudes aparecen y más cosas debes atender. El ritmo puede volverse caótico, pero siempre se mantiene muy entretenido.
Aún así, tuve el control sobre casi todo lo que pasaba en la isla, excepto con una cosa: las relaciones. Sí, puedes ayudar presentando personajes y dando empujones para que todo se encamine a la pareja que deseas, pero la decisión final es de los Miis. Y como decían nuestros papás y/o abuelos: a la fuerza ni los zapatos entran. Ese detalle se me hizo interesante y agrega una sensación de sorpresa a cada sesión.

Relaciones que pueden sorprenderte (y hasta afectarte)
Precisamente quiero hablar más de las relaciones entre los Miis, ya que son uno de los aspectos más interesantes de la entrega. Formar amistades es sencillo: sólo necesitas juntar a 2 personajes y dejar que interactúen. Poco a poco se vuelven “compis”, como dicen en el juego.
Lo complicado es formar parejas, ya que requiere tiempo, varios intentos y paciencia. Como te dije antes, no siempre funciona, aunque tal vez soy simplemente un mal cupido y eso explicaría muchas cosas de mi vida amorosa real… pero el punto es que es un buen reto dentro del juego.
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Uno de los momentos más impactantes que viví fue con 2 personajes: mis queridos Obaachan y Ojiichan, que creé como los abuelos simbólicos de todos los habitantes de la isla.
Precisamente por ello, logré unirlos como una gran pareja después de varios intentos. La mala noticia es que a los 3 días comenzaron los problemas. Intenté ayudarlos, pero no funcionó y terminaron separándose. En ese momento ambos quedaron muy deprimidos. No querían hablar con nadie ni hacer nada. Debo confesar que la situación me sacó de onda y hasta lo lamenté. Fue muy curioso que el juego me provocara algo así.
Esta situación habla de lo bien que funciona el sistema: logra que te involucres emocionalmente, incluso en una propuesta con toques absurdos.

Progresión y personalización que sí marcan la diferencia
Subir de nivel a los Miis es importante, ya que cada nivel desbloquea objetos y opciones para personalizar aún más su forma de ser. Estos regalos son algo más que decoraciones y pueden influir en el comportamiento de cada Mii. Por ejemplo, puedes hacer que 2 personajes compartan hobbies similares, como salir a correr, para acercarlos.
Además, el juego también crece conforme avanzas. Más Miis creados en tu isla desbloquean tiendas nuevas, herramientas y otras opciones de personalización.
En cuanto a la isla, puedes modificar prácticamente todo: mover edificios, crear caminos, agregar vegetación, poner o quitar playas, incluir decoraciones y mucho más. Y lo mejor es que cada uno de esos detalles va más allá de lo visual, ya que todo influye en la interacción entre los Miis.
Si eso te parece poco, también puedes crear objetos dibujándolos para utilizarlos de alguna forma en tu isla, ya sea como adornos o hasta como alimentos. Esto añade un nivel extra de libertad que se convierte en uno de los puntos fuertes del juego. Por cierto, el pastel todo chueco que hice era uno de los favoritos de mis personajes.

Noticias, personalidad y algunas escenas repetidas
Un detalle que me gustó mucho y me pareció muy divertido es la estación de noticias, la cual presenta novedades para tu isla con humor y a veces comparten entrevistas con los Miis. Ésto permite que cada uno muestre su personalidad con respuestas algo raras, pero divertidas.
Uno de los momentos que más recuerdo es cuando se anunció la llegada de algo importante a mi isla, y preguntaron a Kafei, uno de mis favoritos, su opinión al respecto. Su respuesta fue épica y demostró el tipo de situaciones que le dan mucha personalidad al juego. Puedes ver lo que dijo en la imagen de abajo.

Por otro lado, y tal como en el juego anterior de la saga, la experiencia se siente repetitiva en ciertas escenas, especialmente en interacciones sociales, como cuando un Mii quiere hablar con otro para hacerse mejores compis. Lo bueno es que no llega a ser molesto gracias a la posibilidad de saltarlas y a la variedad del juego.
Esta situación ayuda a que Tomodachi Life: Living the Dream esté lejos de ser un juego de sesiones cortas y más bien puedas disfrutarlo durante mucho tiempo sin cansarte. Muchas veces entré al título pensando jugar unos minutos que se convertían en horas.
¿Tomodachi Life: Living the Dream vale tu tiempo?
Tomodachi Life: Living the Dream toma la base del juego de Nintendo 3DS y la expande con más opciones, personalización y cambios importantes que permiten una mejor experiencia para todo tipo de jugador.
Se mantiene como un juego alejado de lo tradicional y su punto más fuerte es la libertad de creación y personalidad de los Miis y de la isla, todo en un ambiente alejado de retos complejos y mecánicas exigentes.
Es una experiencia creativa, adictiva y caótica que corre muy bien en Nintendo Switch. Es fluido, con tiempos de carga cortos, sin bugs y con un estilo visual que cumple, incluso en modo portátil.
Si quieres una experiencia divertida y llena de personalidad, aquí encontrarás una que te tomará por sorpresa.

¿Te animarías a crear tu propia isla llena de personajes fuera de lo común? ¿Qué tipo de Miis pondrías a convivir en este caos virtual? Cuéntanos en los comentarios.
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