Hay videojuegos que cambiaron la historia por revolucionar géneros. Otros que lo hicieron por representar avances técnicos y visuales que llevaron el medio un paso hacia adelante. Pero los que se pueden contar con los dedos de una mano son aquellos juegos que impactaron el mundo por la forma en la que nos hicieron sentir.

Hablar de The Legend of Zelda: Ocarina of Time es complejo. Es considerado el mejor videojuego de toda la historia de forma casi universal; sin embargo, me parece que pocos –incluyéndome– logran articular exactamente el por qué.

¿Es por revolucionar las aventuras en 3D? Bueno, no es el único que hizo algo así. ¿Será por su excelente diseño de niveles? Puede ser, pero tampoco es el único juego con esta calidad. ¿Su presentación? Tiene gráficos buenos para la era y la banda sonora es gloriosa, pero debe haber algo más.

Ahora, con el lanzamiento de Ocarina of Time surge otra duda: ¿es en verdad el mejor juego de la historia? No, más bien: ¿lo que lo hizo especial sigue siendo palpable en la actualidad o al final sólo era un producto de su época?

Un Hyrule hermoso que respeta sus orígenes

Bien dicen que el amor entra por la pupila y aquí no es la excepción. Ocarina of Time se ve magnífico en Nintendo Switch 2. Los avances iniciales fallaron en hacerme sentir alguna clase de emoción y temí que fuera de esos remakes que modernizan, pero terminan acabando con toda el alma de unos gráficos bien logrados pese a los límites técnicos de la era.

Qué equivocado estaba. Este remake es hermoso, pero no sólo por traer Hyrule a una era moderna, sino por rascar en el arte conceptual y los documentos de diseño para entregar un producto que respeta la intención original. El combate de Ocarina of Time estuvo inspirado en una obra de marionetas que los desarrolladores vieron en Kioto, por lo que tiene sentido que ahora los personajes se vean como muñecos de Ningyōgeki gracias a facciones puntiagudas y acabados que por momentos los hacen lucir como si estuvieran hechos de madera. A eso hay que sumarle que el diseño de enemigos se basa directamente en el arte conceptual para permitir que se vean como los ilustradores los diseñaron originalmente.

Zelda: Ocarina of Time (Remake)

Claro que los gráficos también impactan en la forma en la que percibes el mundo. Cada rincón de Hyrule luce hecho con una meticulosa atención al detalle que no sólo se enfocó en hacer que se vea bonito y moderno, sino que resulta ser una experiencia más inmersiva. Gracias a esto, los Templos terminan siendo lugares mucho más imponentes con una arquitectura más detallada y una ambientación que te hace sentir que te encuentras en lugares sagrados repletos de historia y magia.

Esto también impacta en los paisajes de Hyrule, en especial aquellos donde puedes percibir el horizonte. Ir cabalgando sobre Epona para a lo lejos ver Death Mountain me dejó sin aliento, pero nada se compara a mi momento favorito: terminar el Templo del Fuego, salir del volcán y ver toda la hermosura de Hyrule desde las alturas. Me quedé sin palabras; era un sueño hecho realidad.

Zelda: Ocarina of Time (Remake)

Arreglando lo que no estaba roto

Por supuesto que el juego no sólo se ve mejor, también se juega mejor. Esto gracias a varias mejoras de vida (algunas heredadas de su versión para 3DS), que lo convierten en la experiencia definitiva de Ocarina of Time. La forma más clara de ejemplificarlo está en el molesto Templo del Agua. El original era un verdadero dolor de cabeza no sólo por ser increíblemente confuso, sino porque a cada rato tenías que presionar START, esperar y seleccionar las botas de hierro que son cruciales para avanzar. Ahora, las cosas son diferentes: el templo tuvo ajustes en algunos cuartos y, lo más importante, es que sólo necesitas presionar el D-Pad hacia abajo para cambiar de calzado. Sí, así de sencillo.

El que puede ser el cambio más grande es que el sistema de juego deja de depender de los controles contextuales. Mucho en el Ocarina of Time de Nintendo 64 dependía de posicionarse correctamente para que la acción que quieres realizar fuera asignada al botón A, y era así como empujabas objetos o los trepabas.

Era un sistema que funcionaba en 1998, pero con el paso del tiempo se ha sentido anticuado. En este remake el botón de acción aún cumple diferentes funciones como hablar, tomar o empujar, pero ahora el salto es libre y depende completamente de otro botón. Esto quiere decir que puedes brincar en cualquier momento para explorar el mundo con mayor fluidez y libertad. También significa que ya no suceden esos momentos incómodos donde querías empujar un bloque, pero Link se terminaba subiendo encima de él.

También tenemos otras mejoras de calidad de vida que hacen una enorme diferencia. En este grupo tenemos el nuevo sistema de inventario el cual, al más puro estilo Breath of the Wild, te despliega un menú horizontal en el cual puedes elegir un objeto de forma rápida y sencilla. Por la ausencia de los botones C ya sólo puedes tener un objeto asignado a la vez, pero este sistema termina siendo mucho más cómodo. En especial cuando consideramos que objetos como la Ocarina, los Lentes de la Verdad o el cambio de botas quedaron asignados al D-Pad. El resultado es un sistema de juego más cómodo y con menos pausa, lo cual también te invita a experimentar con todo tu equipo en diferentes contextos.

Zelda Ocarina of time Remake

Otro punto importante es que el juego se siente mucho más veloz más allá de la acción. Las escenas de conversación dejaron de ser tan lentas, eso sin contar que algunas de ellas ahora apuntan por un corte más cinematográfico e incluso cuentan con actuaciones de voz. Las voces en español latino están muy bien logradas, siguiendo una línea parecida a la de Breath of the Wild o Tears of the Kingdom. Además, la localización me pareció una genialidad, adoptando una terminología que conecta con la forma en la que los latinos hablamos de Zelda y Ocarina of Time.

Si eres algo perspicaz, es probable que hayas notado algo importante: no he mencionado a Navi. Y es que ni siquiera tienes que haber probado el original para saber que es uno de los puntos más desesperantes del juego. La razón por la que he permanecido en silencio sobre esta insistente hada es que ahora sabe callar la boca.

Tenía sentido que en 1998 necesitáramos una guía que nos explicara todo sobre cómo ir por un mundo en 3D, pero las cosas han cambiado mucho. Así pues, ahora Navi únicamente te ayudará si se lo pides presionando el botón derecho del D-Pad. De lo contrario se quedará callada, nada de insistir con sus “Hey Listen!”, ni mucho menos detener la acción para hacer una aburrida explicación. Navi dejó de ser una molesta hada a convertirse en una compañera algo torpe, pero sumamente bondadosa y comprometida.

Cambios que no le sientan perfecto a toda la experiencia

Aunque a estas alturas ya debió quedar claro que es una experiencia simplemente gloriosa, hay algo que vale la pena mencionar: la nueva fluidez de la experiencia impacta la forma en la que se siente el combate. Sí, se sigue tratando de la misma danza en la que tienes que esperar a que tu enemigo te ataque para poder empezar a soltarle un montón de espadazos; sin embargo, al final se siente mucho más fácil.

Vaya, tampoco es como que alguien busque jugar Ocarina of Time por el reto del combate, ¿verdad? De hecho, la mayoría de los combates contra jefes son más sobre descubrir qué tienes que hacer para dañarlos. Dicho lo anterior, la realidad es que hay algunos duelos de espada contra espada que son muy emocionantes en el original, como contra Dark Link en el Templo del Agua. Este tipo de enfrentamientos se sienten mucho menos emocionantes en el remake y, si bien se agrega un toque cinematográfico para compensar, la realidad es que no me hizo sentir las mismas emociones que el original.

Otro elemento que sufre por los cambios son las secuencias de escabullirse. La ausencia de un control de salto y poco control de la cámara hacían que colarse al Castillo de Hyrule o salvar a los carpinteros de las Gerudo fueran secuencias que añadían variedad y te hacían sudar las manos de la emoción. Ahora, el movimiento se siente tan libre en el remake que estos momentos pierden su sabor y terminan pasando sin pena ni gloria.

Un punto clave sobre esta versión para Nintendo Switch 2 es que no es un remake uno a uno del original. Esto lo podemos ver en cambios pequeños y esperados, como el ajuste al símbolo de las Gerudo; así como en ajustes mucho más importantes en el diseño de algunos templos y lugares.

En términos generales se trata de ajustes que sirven para modernizar la experiencia. Dicho esto, hay otros que simplemente no terminamos de entender y son los ajustes a algunos acertijos.

Me cuesta determinar si esta versión es considerablemente más fácil que la original. Por supuesto que me costó mucho menos terminarla, pero tengo la ventaja de que ya tengo experiencia con la lógica de diseño de la franquicia y terminé el original decenas de veces. Lo que quiero decir es que son ajustes que creo que, al final, realmente impactan poco más allá de los ajustes al Templo del Agua. Entonces, ¿por qué hacerlos? Ojalá en el futuro tengamos material que nos explique las perspectivas de los desarrolladores.

Zelda: Ocarina of Time (Remake)

Un remake digno de uno de los mejores videojuegos de la historia

Al final, es imposible decir que Ocarina of Time sea el mejor juego de la historia. No por falta de méritos, sino que si queremos apreciar los videojuegos por lo que verdaderamente son es importante dejar de hacer ese tipo de dictámenes objetivistas que sirven de poco.

Lo que considero que es mucho más relevante es entender por qué Ocarina of Time es, para muchos, el mejor y más relevante videojuego en toda la historia. La respuesta es mucho más sencilla de lo que originalmente pensaba: es así por todo lo que nos hizo sentir.

Ocarina of Time es un ejemplo perfecto de lo que tienes que hacer para crear una aventura emocionante y memorable. Su diseño está repleto de pequeños detalles que ladrillo a ladrillo van construyendo una sensación épica e inmersiva que apaga la incredulidad y enciende la capacidad de asombro. Objetos como las túnicas Goron y Zora trascienden su utilidad para convertirse en elementos de la cultura popular. Todo aquel que lo haya tocado recuerda los templos, la ocarina, al rey Zora moviéndose, y nunca olvidarán la forma en la que esta aventura los hizo sentir.

Nintendo hizo un trabajo fantástico. El hecho de que haya sido desarrollado por un equipo conformado por veteranos y jóvenes ajenos al original es una de las cosas que les permite brillar. Es un remake con un profundo cariño y respeto por el original de Nintendo 64, pero tampoco lo ve como una pieza intocable e inmejorable. Es gracias a esto que tenemos una nueva versión que eleva la obra en varios sentidos.

Esta nueva versión le hace justicia a Ocarina of Time de 1998. Es una experiencia fantástica que cualquier persona que ame los videojuegos tiene que darse la oportunidad de probar tarde o temprano. Hay pocas cosas tan bellas en el medio como poder volver a sentir la magia de atender al llamado del Gran Árbol Deku y salvar Hyrule por primera vez.