Quédate en casa: The Legend of Zelda: The Wind Waker, una bella aventura en altamar

La entrega de GameCube superó la adversidad y terminó como leyenda, haciendo honor a su nombre


Todavía no es posible cantar victoria ante la pandemia por COVID-19, por lo que todavía quedan días, quizá semanas, con tiempo suficiente para disfrutar más videojuegos que de costumbre. En marco de esta situación, nuestra serie Quédate en Casa se sigue nutriendo y esta semana Pedro Cesari nos presentó el horror cósmico de WORLD OF HORROR, mientras que Mardokeo Galván nos recordó aquella relación entre PlatinumGames y Konami que resultó en Metal Gear Rising: Revengeance y Daniel Laguna dedicó sus palabras al histórico origen de Big Boss en Metal Gear Solid 3: Snake Eater. En esta ocasión, me he sentido atraído de nueva cuenta por el pasado y uno de los juegos que más me gustan.

Hay juegos que se quedan en nuestra mente y que volvemos a jugar una y otra vez y se vuelven parte importante de nuestras vidas al grado de que podemos relacionarlos con todo tipo de hechos o sucesos fuera de esta forma de entretenimiento. En mi caso, uno de ellos es The Legend of Zelda: The Wind Waker, juego que siempre relaciono con el clima de estos meses pues éste me recuerda la primera vez que viví la gran aventura de Link en altamar en el ahora lejano 2003, precedido por una gran expectativa y siendo uno de los primeros juegos que compré ahorrando mi dinero y, si no mal recuerdo, el primero que adquirí día 1.

Más allá de lo que sucedió en el mercado en aquella época, el Nintendo GameCube tenía su encanto y sus poseedores lo considerábamos como un producto que había sintetizado de forma adecuada la idea de la compañía japonesa de ver las consolas como juguetes electrónicos y su llegada a una nueva generación dejando atrás el cartucho en pro de los discos. Esa consola con apariencia de lonchera y sus peculiares miniDVD contaban con el poder suficiente para albergar títulos legendarios y 2003 vio la llegada de The Legend of Zelda: The Wind Waker, título que supo batallar con la adversidad de un entorno desfavorable previo a su debut y que terminó por convertirse en una entrega legendaria, haciendo honor al nombre mismo de la franquicia.

La previa de The Legend of Zelda: The Wind Waker fue todo menos sencilla, el proyecto cargaba con el pasado inmediato de la franquicia que constaba de un juego considerado entre los mejores de la historia, The Legend of Zelda: Ocarina of Time; de la visión oscura de The Legend of Zelda: Majora's Mask que representó el pase de la estafeta de Shigeru Miyamoto a Eiji Aonuma, y de un teaser del nuevo juego de la franquicia presentado en el Spaceworld 2000 que apuntaba hacia esa idea de realismo por el que pugnaba un sector de fans. Sin embargo, The Legend of Zelda: The Wind Waker ya estaba en desarrollo desde el 2000 y el equipo liderado por Aonuma no se inclinaba por los gráficos realistas y en su lugar decidieron que el juego se haría en cel shading y su arte parecería una caricatura.

Link y el King of Red Lions con mira hacia la aventura
Link y el King of Red Lions con mira hacia la aventura

Tras la presentación oficial de The Legend of Zelda: The Wind Waker, un sector se tomó muy en serio el cambio, acusó a NIntendo y a sus creativos de traición y condenó la decisión tomada pues este Link y su mundo de caricatura parecían no tener nada qué hacer ante lo que presentaban las consolas de la competencia. Fue hasta que el juego debutó que la molestia y las dudas se disiparon al conocer una de las aventuras más memorables de The Legend of Zelda.

Y es que, desde el inicio, The Legend of Zelda: The Wind Waker dio muestra de su calidad y ambición al presentar un mundo abierto en el que el caballo había quedado atrás y era momento de viajar por el mar y descubrir sus secretos. Si bien el arte seguía rodeado por el escepticismo, no pasó mucho tiempo para que este mundo, surgido de una tragedia marcada por la ausencia del héroe en un momento importante, llamara la atención y nos llevara a descubrir que en cada cuadrante había algo por ver, algo por explorar, algo por revelar.

Un modesto comienzo en Outset Island con una tradición que rendía homenaje a aquel héroe del tiempo y una irrupción pirata, terminó por convertirse en una aventura de proporciones épicas gracias a la libertad de exploración, aunque no carente de ciertas barreras por motivos de narrativa,; a una historia cautivadora; a un diseño más elaborado de calabozos, aunque no por eso más difíciles; pero en especial gracias a la decisión de llevar todo hacia el mar y plasmar su inmensidad y la escala de sus islas de forma adecuada y atractiva para mantener siempre el interés por el viaje a bordo del King of Red Lions.

Al final, The Legend of Zelda: The Wind Waker superó el entorno adverso y logró plasmar de gran manera, con un mundo en que el mar era lo más importante, esa idea con la que Miyamoto había creado la franquicia: un jardín en miniatura donde los jugadores pudieran hacer lo que quisieran.

Actualmente, es posible jugar The Legend of Zelda: The Wind Waker en su versión original de GameCube, tengo entendido que no es tan difícil conseguir una copia de segunda mano, o en su lanzamiento HD en Wii U. Personalmente, espero que este no hay sido un cartucho quemado pues The Legend of Zelda: The Wind Waker es un juego que, según mi apreciación, todo jugador debe conocer y por obvias razones no pierdo la esperanza de verlo otra vez en Switch, consola que sería ideal para llevar esta aventura y este mundo a todas partes.

Sin más, te dejo con algunas recomendaciones del equipo de LEVEL UP:

Fernando Salinas ― Granblue Fantasy: Versus, un bello juego de peleas, sencillo pero sólido en su ejecución
Mardokeo Galván ― Darksiders, en busca de la redención en el fin del mundo
Pedro Cesari ― Snake Pass, un plataformero sin piernas, pero mucho movimiento
Luis Sánchez ― Tibia y el primer dragón que nunca olvidarás
Daniel Laguna ― Sleeping Dogs, una operación encubierta en Hong Kong
Víctor Rosas ― The Last of Us, un regreso necesario para comprender lo que viene

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