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Una perturbadora experiencia no apta para todos los públicos, pero divertida y adictiva como pocas. Nos pone en el papel de un frío asesino, mientras realizamos distintos crímenes sin el menor de los remordimientos. Su particular jugabilidad está basada en el ensayo y error, y apoyada en un estilo gráfico a medio camino entre los 8 y los 16 bits, con una música electrónica que nos complicará la tarea de diferenciar la paranoia de la realidad.





